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El señor del saco azul

Hace poco me acordé de una vez que salí a parrandear con unos amigotes y sus mujerzuelas, digo, damiselas. Fuimos a un bar requetefamoso en el barrio Colombia, cuyo nombre no mencionaré por culpa de lo que aquí les cuento. Queda en el segundo piso de un antiguo taller industrial y para entrar hay que hacer una fila de media cuadra, por lo menos.

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