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En 2024, les preguntaron a unos estadounidenses, en una encuesta nacional, con cuánto dinero vivirían tranquilos, no en términos de premios de lotería, sino de ingresos.
Quienes ganaban menos de US$50.000 anuales dijeron que con unos US$157.000 estarían cómodos; quienes ganaban más de US$100.000 ubicaron la tranquilidad alrededor de los US$250.000 y los que estaban por encima de los US$300.000 en ingresos por año respondieron que con US$500.000 dejarían de sudar frío.
¿Qué nos dicen estos datos? Algo muy humano, al parecer, pero que no deja de ser llamativo: parece que más nunca es suficiente. O, en otras palabras: ¿por qué parece que la plata nunca alcanza?
La respuesta a esta pregunta no es una sola. Y, de hecho, se pueden hacer aproximaciones desde algunas esquinas sin llegar a un momento eureka, sin aproximarse a un Santo Grial de las finanzas personales. Vamos por partes.
Factores macro
Primero, hay algunos elementos estructurales que pueden llevar a una cierta escasez crónica, como la inflación. Un punto básico, pero no menos importante: si sus ingresos crecen por debajo del ritmo al que están creciendo los precios, su nivel adquisitivo es, efectivamente, menor. Puede que no lo sienta de inmediato o con tanta fuerza debido a sus patrones de consumo y gasto, pero la esencia de esta relación es deficitaria para usted.
“Es naturaleza humana. La gente siempre va a estar insatisfecha, siempre va a querer más”, comenta Camilo Herrera, fundador de la firma Raddar (experta en consumo) ante la pregunta esencial de por qué el saldo de la cuenta no parece ser suficiente.
Puede sonar obvio, pero el punto acá es que la relación con el dinero se construye sobre unos algunos pilares fundamentales que, por muy evidentes, no dejan de ser claves en esta discusión.
El consumo es, por diseño, un cierto hueco que nunca se llena. Y se entiende, al menos desde el nivel básico: siempre vamos a volver a tener hambre, sed, necesitaremos ropa, en algún punto precisaremos un antibiótico, tenemos que procurarnos energía para cocinar (bien sea en forma de gas natural o en un microondas). Se entiende.
Pero, a la vez, hay todo un espectro de bienes que no solo no tienen que ver con supervivencia básica, sino que no existían antes. “La cantidad de categorías de gasto o bienes y servicios hoy es más grande de la que teníamos hace cinco años y, obvio, más que hace 20 años”, explica Herrera.
Y por acá va al meollo del asunto: mientras una generación de papás tuvo que ahorrar para coronar una lavadora, trabajadores actuales (de un cierto nivel de ingresos, claro) pueden ver este electrodoméstico como un gasto menos extraordinario, a la vez que invierten una parte de su dinero en suscripciones de servicios de streaming, membresías de gimnasios y otra serie de ítems que no aparecían en las canastas de gastos bajo los cuales se ha ido edificando el índice de precios al consumidor.
La multitud de nuevas opciones que compiten por nuestra atención y dinero ayudan a entender, en parte, por qué aun con más ingresos se necesitan siempre unos ceros más en el desprendible de nómina.
El valor emocional del dinero
Aquí entran otros factores, quizá más intangibles, pero que tienen un peso definitivo en esta ecuación, como el entramado emocional alrededor del dinero.
Algunos estudios de psicología han empezado a sugerir una relación entre gastar y la sensación de alegría, felicidad o bienestar. Y, si bien, estas palabras también están vinculadas con la entrada de dinero a la cuenta bancaria, su expresión máxima se ve cuando pasa la tarjeta por el datáfono, no tanto cuando llega el extracto del banco.
Lo que resulta aparente es que la percepción de riqueza se experimenta de forma más íntima y poderosa con el acto de gastar, no tanto con el de ganar.
Por la grieta entre ambas palabras se comienzan a ver tensiones en el balance entre el gasto y el ahorro, una relación que se resuelve mayoritariamente a favor del primero.
“Siempre es más fácil patear la pelota para mi yo del futuro”, comenta Juan Camilo Rivero, director de la carrera de Finanzas en la U. Javeriana. El académico alude a la forma en la que pensamos en asuntos como el gasto y el ahorro.
El primero es un asunto que, cerebralmente, pareciera estar más vinculado a nuestra percepción del ahora, nuestro yo del momento, explica Rivero, pero el ahorro sucede en un tiempo futuro que puede ser algo más neblinoso y, sin duda, más postergable: mañana empezaré la dieta, en enero iré al gimnasio, la próxima semana pediré cita con el odontólogo…
Hay otro factor que menciona Rivero, que también puede llevar a una cierta trampa de gastar por encima de lo que se tiene. “Si uno compara con el mundo de los papás o los abuelos, nuestra relación con el dinero es mucho más intangible: a uno le causa menos dolor pagar con una tarjeta o una billetera digital que con un billete. Esto está estudiado en los casinos, en donde lo que la gente gasta son fichitas, no dinero”.
Más allá de las motivaciones (emocionales, los empujones del capitalismo y muchos otro factores), como explica Omar Suárez, gerente de Renta Variable de Aval Casa de Bolsa y experto en finanzas, los estudios y la experiencia demuestran que las personas tienden a gastar más a medida que aumenta el ingreso: “Cambian de carro a uno más costoso, cambian de casa a una más grande, empiezan a ir al restaurantes más caros, a viajar más. Se relajan en términos de gastos. Conozco casos de personas que ganan $50 millones y viven endeudadas”.
Algunas ideas para manejar mejor el dinero
Para tener unas finanzas saludables, hay que establecer un presupuesto realista, que incluya todos sus gastos fijos, gastos variables e incluso imprevistos. Dígase la verdad desde el principio, así podrá tomar mejores decisiones. Y priorice sus necesidades sobre sus deseos: antes de comprar algo, pregúntese si de verdad le alcanza y si realmente lo necesita. Puede que antes de pasar la tarjeta de crédito en su mente se reproduzca la famosa frase: “Me lo merezco” o “para eso trabajo”, pero recuerde que también merece estar tranquilo, llegar a fin de mes, tener margen de maniobra si pasa algo inesperado y estar preparado para la vejez.
Suárez plantea que alcanzar la soñada libertad financiera no depende tanto de los ingresos, sino de la capacidad de las personas para ahorrar. De ahí que uno de los principales consejos es que usted viva por debajo de sus posibilidades. No se trata de gastarse todo lo que gana, así no esté endeudado. Lo más responsable es, en lo posible, ahorrar mínimo el 10 % de sus ingresos (separe esa plata desde que llega a sus manos, para evitar gastarla).
En esa línea, Wilson Triana, experto y consultor en banca y seguros, dice que además de tener disciplina con el ahorro, hay que tenerla con el gasto, sobre todo en los momentos en los que el comercio motiva a las familias a gastar, como Navidad. “Al financiar nuestros impulsos, aparecen las tarjetas de crédito, que son las aliadas del gasto. Las billeteras de los hogares pueden tener en promedio tres tarjetas de crédito. Es de cuidado, pues el endeudamiento puede subir como espuma”, asegura Triana.
El 35,5 % de los mayores de edad en Colombia tienen al menos un producto de crédito con las entidades financieras tradicionales, según el Reporte de Inclusión Financiera 2024. La tarjeta de crédito (con el 23,3 % de los adultos) es el producto más popular.
La mayoría de los usuarios siguen excluidos del acceso al crédito formal, una mala noticia porque la financiación (bien usada, claro) fomenta el progreso económico. Y aquí llegamos a un tema espinoso: algunos estudios muestran que, lamentablemente, los colombianos siguen acudiendo al crédito informal, como los peligrosos “gota a gota”. Según la encuesta de endeudamiento realizada por ANIF y Colombia Fintech, el 37,3 % de los hogares recurren a este tipo de financiamiento, sobre todo las personas de menores ingresos.
¿Qué puede hacer si ya está endeudado?
Virginia Olivella, directora de investigaciones de TransUnion, explica que la carga financiera —el porcentaje de los ingresos mensuales que los usuarios destinan a pagar sus obligaciones de crédito— se ubica en 36 % en Colombia, en promedio. La cifra ha venido bajando de niveles superiores a 38 % alcanzados a finales de 2023, pero sigue por encima de los que se observaban antes de que empezaran a subir las tasas de interés, a finales de 2021 (31 %).
Aunque, como hemos dicho, es común que la gente sienta que la plata no le alcanza y persisten las preocupaciones macroeconómicas, principalmente la inflación, los análisis de TransUnion muestran que la percepción de los consumidores ha mejorado frente a informes anteriores. Olivella destaca que, en el segundo trimestre del año, el 28 % de los consumidores indicó que esperaba tener problemas para pagar al menos una de sus deudas. La cifra sigue siendo alta, pero es menor en cinco puntos porcentuales a la reportada en el mismo período del año anterior.
Quienes tienen problemas para pagar al menos una de sus obligaciones plantearon conseguir un trabajo temporal y utilizar dinero de los ahorros. Entre las respuestas más citadas también estuvo pedir dinero prestado a amigos y familiares, refinanciar o renegociar los pagos o tasas de interés y pagar montos parciales.
El crédito es una herramienta útil, pero se debe gestionar de manera responsable. “El sobreendeudamiento afecta no solo el bolsillo, sino también la tranquilidad y el bienestar de quienes lo enfrentan”, dice el equipo de BBVA Research. Entre las principales recomendaciones está calcular su capacidad de endeudamiento; es decir, antes de asumir una nueva obligación, evalúe sus ingresos y gastos. Se recomienda no destinar más del 35 % de sus ingresos netos a pagar deudas.
“Contar con soluciones como tarjetas de crédito o créditos de libre inversión puede brindarle flexibilidad y respaldo cuando se usan de manera adecuada. Procure revisar las condiciones de uso, elegir plazos que se ajusten a su capacidad de pago y, si es posible, realizar abonos anticipados a capital. Un manejo responsable de estos productos fortalece su salud financiera y su perfil crediticio”, recomienda BBVA Research.
Si ya está endeudado, Suárez recomienda el método avalancha: además de pagar la cuota mínima (porque si no lo hace entrará en mora y pagará intereses más altos), si le queda plata haga un abono extra a las deudas que tengan mayores tasas de interés. También se aconseja que revise su crédito y, si es costoso frente a las tasas de interés actuales, trate de renegociar o evaluar la compra de cartera. El tiempo que destine a ese tipo de análisis será una inversión.
TransUnion recomienda enumerar todas las deudas: desde la más pequeña hasta la más grande. Aunque para algunos es mejor pagar las obligaciones que tienen mayores tasas (como Suárez), otra opción es salir de las más pequeñas primero, porque esas pequeñas victorias lo pueden motivar a seguir pagando.
Estas son algunas de las muchas recomendaciones que le pueden servir para manejar mejor su dinero: no hay recetas mágicas, no a todo el mundo le sirve lo mismo, pero es clave que empiece a buscar qué le sirve a usted. Querer más dinero y sentir que no le alcanza es muy humano. Por ahora, al administrar su plata, intente pensar en su “yo del futuro”.
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