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Es fácil que pase desapercibida la situación del mercado petrolero en el mundo, más allá de un par de indicadores que se cuelan en las noticias de la noche o en una esquina de algún portal de noticias.
En justicia, esta frase puede ser cierta para todo tipo de commodities y productos: cuando los titulares se centran en ellos es porque, generalmente, algo malo está pasando.
Y, si bien nada catastrófico está sucediendo en el mundo petrolero actualmente, las perspectivas de corto y mediano plazo son del todo menos halagadoras. ¿Malas? Puede que un poco. ¿Muy malas? De pronto no tanto. Lo único claro en este momento es que pareciera que hemos entrado en un momento con una escasez de claridad.
Petróleo a dos manos
Para julio, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) anunció que soltaría más las riendas de la producción de crudo del bloque, que había acordado un recorte en la salida de este energético desde 2023 y cuya finalización estaba programada originalmente para 2026 (centrado especialmente en ocho grandes productores de la alianza).
El aumento decretado para agosto por el bloque fue de 550.000 barriles/diarios, lo que termina de dar reversa a 80 % de las restricciones decretadas en 2023 para estabilizar los precios del petróleo.
Esta no es una medida pequeña, más aún si se tiene en cuenta que la OPEP representa alrededor de 40 % de la producción mundial de crudo. A su vez, sus miembros son dueños de más del 70 % de las reservas globales de este energético.
El delicado equilibrio entre oferta y demanda
Ahora bien, para entender el calibre de las jugadas actuales es necesario entender cómo llegamos acá: o sea, por qué hablamos de recortes en la producción, en primer lugar. Y para esto es necesario hablar de la demanda.
Para este año, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima en su más reciente reporte que la demanda global de crudo crecerá en 700.000 barriles diarios. Si bien sigue siendo una expansión, es la más pequeña registrada desde 2009 (con la notable excepción de 2020, peor año de la pandemia).
Así mismo, el crecimiento anual del apetito de crudo para el segundo trimestre se ubicó en 550.000 barriles diarios, frente a los 1,1 millones que se registraron en los primeros tres meses de 2025.
Las bajas en las proyecciones de demanda están relacionadas con la incertidumbre alrededor de la economía global en medio de las presiones arancelarias y la guerra comercial que ha impulsado el gobierno Trump en Estados Unidos.
De cierta forma, la demanda de petróleo tiene una cierta correlación con el crecimiento económico, no sólo por su peso como energético (y sus repercusiones en la producción y consumo de combustibles), sino también por su utilización como insumo en una multitud de industrias y productos.
Entonces, con más dudas e incertidumbre rondando la economía global, la proyección de consumo de petróleo tiende a ceder. Y si en este escenario introducimos un exceso de producción e inventarios, el resultado más inmediato de esa ecuación se ve en los precios globales.
Las reservas se han acumulado a un ritmo de un millón de barriles al día y los mercados mundiales se enfrentan a un excedente equivalente a 1,5 % del consumo mundial en el cuarto trimestre, según la AIE.
Si bien los precios no se han desplomado de forma consistente, a pesar de las tensiones militares alrededor de Israel e Irán, tampoco se encuentran en un estado de abundancia y de optimismo consistente. De hecho, el año arrancó bordeando los US$80, tocando mínimos en mayo por debajo de los US$65 para ubicarse actualmente alrededor de los US$67.
Acá vale aclarar que el Gobierno estableció su escenario fiscal, con el cual se modelan asuntos como el presupuesto y la inversión, con un precio internacional del Brent (el crudo de referencia para Colombia) en US$67,2, según se lee en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP).
La OPEP y sus aliados (Rusia, notablemente) han presionado a la baja los precios del crudo en los últimos meses con su sorpresiva decisión de abrir los grifos tras años de restricciones al suministro. El retroceso supone un alivio para los consumidores y una victoria para el presidente Donald Trump, que presiona para que el combustible sea más barato.
Con signos de un creciente excedente en medio de la vacilante demanda china y el aumento de la oferta estadounidense, el mercado podría seguir debilitándose incluso si la OPEP+ se abstiene de nuevos aumentos.
Y estas no son noticias del todo alentadoras para los productores, especialmente para los países cuyas finanzas están modeladas, hasta un punto, alrededor de las divisas que entran por cuenta del crudo, como Colombia.
Para este punto, Ecopetrol ha registrado al menos dos años continuos en una cierta paradoja financiera: caen sus utilidades (y con ellas, los aportes a la Nación) en medio de registros históricos de producción. Y, en una porción nada despreciable, este panorama está relacionado con el comportamiento de los precios a nivel mundial (además de otros factores, como el comportamiento del peso frente al dólar).
La petrolera publicará este martes sus resultados financieros y operativos para el segundo trimestre de 2025.
En este tablero se juega, claro, la estabilidad del mercado petrolero, pero también las finanzas de empresas y países, como Colombia, que aún tienen una porción de su crecimiento atado al futuro de este combustible.
Pero también están sobre la balanza asuntos como la seguridad energética y, por paradójico que suene, la expansión, velocidad y profundidad de la transición hacia la energía sin combustibles fósiles.
Este último panorama se ha agravado con la ofensiva de la administración Trump contra las energías renovables. Algunas grandes petroleras están reduciendo sus inversiones en energía eólica, solar e hidrógeno verde. Y vale recordar que el auge de estas fuentes de energía limpia en la última década ha contribuido a contener el crecimiento de la demanda de petróleo.
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