
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El ejemplo de su abuela, Nydia Quintero, fue el motor que impulsó a Miguel Uribe Turbay a fundar una organización que enseñara ajedrez a niños de diferentes regiones de Colombia. Desde pequeño, su vida estuvo marcada por la ausencia: perdió a su madre, Diana Turbay, de forma violenta y creció al cuidado de familiares que lo encaminaron en el sentido de trabajo social.
De su abuela heredó la vocación por el servicio. Ella intentó que se dedicara a eso y le dio la advertencia de no adentrarse en la política, a la que había visto desgastar a su esposo, Julio César Turbay, expresidente de Colombia. Sin embargo, su ejemplo, y el ambiente en el que creció, lo empujaron a meterse en ese mundo. El ajedrez se convirtió en esa primera herramienta para abrir puertas y ofrecer alternativas a los más jóvenes.
Miguel se definía como un apasionado del tablero y las piezas. A los 16 años, competía en ajedrez de alto rendimiento y soñaba con coronarse campeón mundial. “Me encanta el ajedrez y me dediqué a competir”, recordó en una entrevista con La Bodeguita TV.
Aquella ilusión, sin embargo, empezó a diluirse cuando comprendió la dificultad de alcanzar la cima en un deporte tan exigente. Fue entonces cuando su pasión se transformó: de la búsqueda de la victoria personal pasó al deseo de enseñar, convencido de que el ajedrez podía ser mucho más que un juego; podía ser una herramienta pedagógica y social para que los niños encontraran caminos diferentes a la violencia y las drogas.

Con un grupo de amigos, creó una fundación, Crece Colombia, dedicada a llevar el ajedrez a lugares apartados del país. Comenzaron en San Antero, Córdoba, y siguieron en varios pueblos de Antioquia para, finalmente, dedicarse a trabajar en algunos colegios de Bogotá.
En cada lugar, la estrategia era la misma: usar el ajedrez para que los niños descubrieran la concentración, la paciencia y la planificación como hábitos de vida. “Poco a poco fui entendiendo que la capacidad de transformación de la vida de los colombianos era aún más poderosa en la política o en el sector público”, confesó. Ese convencimiento sería el inicio de un viraje que lo llevaría a cambiar el tablero por la arena política.
Su entrada a ese mundo, para su familia, no fue sencilla. Así lo contó él, en varias entrevistas. Su abuela, la misma que lo inspiró, le pidió encarecidamente que no lo hiciera, recordándole la vida que llevó su abuelo como máximo dirigente del Estado. No obstante, Miguel Uribe hizo oídos sordos y asumió el reto. Así, fue primero concejal y opositor a la administración de Gustavo Petro. Fue esa postura la que lo diferenció y le permitió ganar un lugar en la opinión pública.
Ya instalado en la vida política, se convirtió en senador del Centro Democrático y en una figura reconocida por su historia personal. La fundación de ajedrez siguió como un impulso para ofrecer oportunidades en las regiones más apartadas. Aunque su carrera política ocupó gran parte de su tiempo, la enseñanza del ajedrez y el trabajo social que la inspiró continuaban siendo parte de su discurso y de sus causas. Aquella experiencia le había demostrado que la transformación social podía empezar con gestos tan simples como colocar un tablero frente a un niño y enseñarle que cada movimiento tiene consecuencias.
La historia de Miguel Uribe Turbay se truncó de forma violenta. En plena campaña presidencial, el senador fue víctima de un ataque sicarial el pasado 7 de junio en el barrio Modelia, en Bogotá. Tras dos meses de luchar por su vida, murió a los 39 años. Su asesinato conmocionó al país y cerró el capítulo de un hombre que, desde la memoria de su abuela y su amor por el ajedrez, intentó abrir caminos para que otros encontraran mejores jugadas en la vida.
🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador