
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La movilidad eléctrica es clave en la transición energética y su impacto positivo en millones de vidas es evidente. Según el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), los autobuses con esta tecnología reducen hasta un 81 % las emisiones de gases de efecto invernadero frente a los que funcionan con diésel o gas natural vehicular.
En el marco del Acuerdo de París, el Gobierno colombiano se comprometió a reducir en 51 % estas emisiones para el año 2030. En los esfuerzos hacia esa meta se cuentan herramientas como la Ley 1964 de 2019, que promueve el uso de vehículos eléctricos y de cero emisiones. Algunos de los incentivos que contempla es una obligación de 30 % de electrificación en los buses de transporte público de ciertos municipios.
Según el ICCT, Colombia es hoy uno de los referentes en autobuses eléctricos en América Latina.
“En Latinoamérica, estos se concentran en unas pocas ciudades. Santiago y Bogotá agrupan más del 65 % de la región”, menciona, al añadir que la capital colombiana cerró 2024 con un total de 1.486 autobuses eléctricos (toda la flota de Transmilenio se estima en más de 10.500, para tener una referencia).
Desde el Gobierno se alista una iniciativa que, según algunas voces, podría ser freno o acelerador en esta materia, dependiendo de por dónde se mire.
Se trata de un borrador de decreto del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, mediante el cual se establecería un arancel de 10 % para la importación de buses eléctricos (vehículos automotores para transportar a más de 16 personas).
Según lo explicado por la cartera, la Política Nacional de Reindustrialización apunta a mitigar la dependencia económica del petróleo y demás prácticas extractivistas al crear nuevas fuentes de producción de bienes y servicios. En este caso particular, se busca que la Nación empiece a ganar más protagonismo en este tipo de industrias, produciendo sus propios buses.
“Se pretende el fortalecimiento de los encadenamientos productivos, en los que el sector automotor resulta indispensable debido a que ofrece una alta capacidad para generar encadenamientos entre distintas industrias como la metalmecánica, petroquímica, del plástico, eléctrica, electrónica, tecnologías de la información y comunicaciones, textiles, cuero, pintura, gráfico y vidrio, entre otras”, según se lee en el documento.
La cartera también argumentó que esta propuesta tiene como segundo objetivo impulsar las metas trazadas en política pública en materia medio ambiental, movilidad sostenible y transición energética.
Sin embargo, hay algunas dudas por los efectos negativos que podría tener la medida. Según Javier Jaramillo, quien fue superintendente de Transporte y hoy es el CEO de Rennorgy (compañía colombiana que brinda soluciones de movilidad eléctrica), el país no tiene la capacidad para producir un vehículo eléctrico, y lo que hacen muchas empresas es importar el producto terminado.
Así mismo, la actividad ensambladora en estos vehículos tampoco es fuerte. De hecho, hay que recordar que hace poco más de un año cerró la planta de Colmotores en Colombia (la fábrica de la General Motors, que también cesó operaciones de ensamblaje en Ecuador).
Ante estos faltantes, lo que argumentan los críticos de la medida es que el arancel, lejos de estimular la producción, podría encarecer la adquisición de buses eléctricos, poniéndole así un freno a esa porción de la transición energética.
Sin embargo, empresas como la de Jaramillo le apuestan al diseño y ensamblaje de vehículos eléctricos en Colombia. También grandes compañías como BYD creen que este tipo de procesos sí se pueden realizar en el país.
Recientemente, esta última anunció que puso a prueba en Bogotá su nuevo bus 100 % eléctrico, un automóvil ensamblado enteramente en el país, gracias a la colaboración con el fabricante Hino. “Lo que ocurra en estas pruebas será clave para consolidar el diseño del vehículo”, informó la empresa.
Aun con los esfuerzos que se realizan en Colombia, es evidente que China mantiene una ventaja que le permite producir a menor costo. “El acero es más barato y cuentan con mejor acceso a tecnologías como máquinas dobladoras, cortadoras láser y soldadoras. Ante ese panorama, es positivo que se fomente la industria e inversión local. Desde ese punto de vista, el nuevo arancel sí podría ser útil”, concluyó Jaramillo.
Equilibrar la balanza es clave, pues es evidente el protagonismo que tiene el gigante asiático en esta materia. Cifras del ICCT muestran que de los más de 6.000 autobuses eléctricos que se han desplegado en América Latina desde 2018, 85 % fueron suministrados por compañías chinas. El resto se reparte entre fabricantes de la región (como Electra, Marcopolo y DINA, de Brasil y México), y otros de origen europeo.
Juan Camilo Vélez, presidente director general de Renault Sofasa (compañía dedicada al ensamblaje de vehículos livianos, no de buses), añade que es posible que en el país se adelanten este tipo de ensamblajes, pero ese será un proceso que no estará exento de retos y requerirá un grado de madurez industrial y comercial.
Señala que para que Colombia pueda ser competitiva en este negocio, “un primer paso clave es reactivar cantidades de producción nacional que soporten las inversiones para ensamblar nuevas tecnologías, que resultan más costosas por sus componentes. Estamos convencidos de que el camino para reactivar estos volúmenes es la apuesta exportadora hacia países de la región con grandes mercados, como el mexicano”.
También que hay motivos para creer que Colombia podría alcanzar ese objetivo, pues este año se dio un gran paso con la expedición del CERT (Certificado de Reembolso Tributario), que permitiría avanzar en competitividad. A esto se suman las apuestas que ayudarían a concretar las inversiones para dar el salto a nuevas tecnologías.
Como también concluye Vélez, medidas como esta que anuncia el Gobierno no necesariamente resultan contraproducentes ni desestimulan la demanda; antes bien, podrían convertirse en una señal para que los actores de la industria global tomen la decisión de invertir en Colombia y localicen aquí sus procesos de producción.
En suma, el éxito o fracaso de esta medida dependerá de su armonización con otras piezas del engranaje que mueve a una industria con potencial, pero con retos.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.