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Abrir un paquete del correo postal nunca había suscitado tanto miedo como en 1980. Mientras el rock resonaba en los radios y los programas de televisión eran vistos por millones de estadounidenses, las bombas empezaron a estallar. Ni el FBI ni la CIA sabían por dónde empezar a buscar al remitente: cada pista conseguida borraba los avances de la anterior.
Pasaron 18 años y el panorama seguía igual: el hombre que enviaba paquetes bomba parecía ser un fantasma, pues nadie podía localizarlo. Tras 16 bombas y tres muertos, el FBI anunció en 1996 que la investigación más costosa en la historia de la institución había dado resultado: Theodore J. Kazcynski había sido capturado. La caída del “Unabomber” era oficial.
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Durante 23 años, Ted Kaczynski fue el responsable de instalar el terror en Estados Unidos a través de las bombas que depositaba en el correo, una floreciente industria que transportaba a diario millones de cartas, regalos y entregas en la jurisdicción estadounidense.
Años antes de que terroristas como Osama Bin Laden aparecieran en la escena internacional, el “Unabomber” fue considerado como objetivo prioritario para las agencias de seguridad en EE. UU.
Los inicios del “Unabomber”
Kaczynski era un genio de las matemáticas e ingresó en la Universidad de Harvard con solo 16 años. A la edad de 25 era ya un profesor asistente en la prestigiosa universidad de Berkeley. Desde pequeño, el hombre que se convertiría en el “Unabomber” fue aplaudido por sus profesores debido a la facilidad y rapidez con que hacía procedimientos mentales. Por ejemplo, a sus 16 años, Kaczynski poseía un coeficiente intelectual de 167, un valor muy por encima del promedio estadunidense.
Cuando fue capturado y las autoridades conocieron la identidad del terrorista, uno de sus profesores explicó que “no es suficiente decir que Kaczynski es listo”, pues resolvía operaciones matemáticas que, según él, solo “10 o 12 personas habrían sido capaces de realizar”.
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Pero su ingenio de adolescente desembocó en matoneo y abusos tanto de estudiantes de su misma institución como de otros jóvenes que lo consideraban “raro” o “extraño”.
Sin embargo, Kaczynski dejó la vida académica y, a principios de los años setenta, se alejó de la civilización para vivir en una cabaña en una zona rural de Montana, donde no tenía agua corriente, se iluminaba con velas que hacía él mismo y vivía de cazar conejos. Para 1960 el ingenioso estudiante y profesor empezó a ser echado de menos por su ausencia en eventos y reuniones públicas. Pero en 1978, ni sus familiares ni allegados volvieron a saber nada de él.
Años después de su captura se conoció que Kaczynski se convirtió en un ermitaño tras haberse ido a vivir a una cabaña en el interior de Lincoln, Montana. Desde allí, el “Unabomber” inició lo que sería una carrera dedicada al terrorismo, a pensamientos anarquistas y a la escritura de un manifiesto contra la “sociedad tecnológica deshumanizada”.
Desde esa cabaña, Kaczynski empezó a enviar explosivos como rechazo al papel de la tecnología en la civilización. Según medios estadounidenses, el “Unabomber” vivió una década en esa cabaña que no tenía ni electricidad ni agua potable.
Según recopiló National Geographic, “el primer paquete bomba que envió tenía como destinatario a un profesor de ingeniería de materiales de la Universidad de Northwestern, en Illinois. Al verlo, el hombre desconfió del envío y rápidamente alertó a la policía”.
A partir de ahí, Kaczynski envió 23 paquetes bomba por todo el país; la mayoría dirigidos a aerolíneas y universidades.
En septiembre de 1995, bajo promesa de que dejaría de enviar bombas, consiguió que The New York Times y The Washington Post publicaran un largo manifiesto de 35.000 palabras, titulado “La sociedad industrial y su futuro”, en el que expresaba su odio a la tecnología y al mundo moderno.
Pero al leerlo, un residente de la costa este de Estados Unidos, David Kaczynski, vio en él una similitud con los antiguos escritos de su hermano Theodore, aislado de su familia durante años. Fue así que alertó al FBI y, en abril de 1996, se anunció su arresto.
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Un diagnóstico de esquizofrenia paranoide no impidió que fuera juzgado.
Al comienzo de un juicio en el que la acusación estuvo a cargo del actual fiscal general de los Estados Unidos, Merrick Garland, se declaró culpable para evitar así la pena de muerte y fue sentenciado en 1998 a cadena perpetua.
Muchas de sus víctimas perdieron los dedos de las manos al abrir las cartas con explosivos. El hecho de que la violencia fuera tan aleatoria provocó un gran nerviosismo en la sociedad estadounidense del momento.
Kaczynski acabó siendo arrestado en 1996, se declaró culpable dos años más tarde y fue condenado a cadena perpetua sin la posibilidad de salir en libertad condicional.
Según The New York Times, Kaczynski había mantenido correspondencia postal con “miles de personas, periodistas, estudiantes y simpatizantes acérrimos” desde prisión.
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