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En los últimos tiempos, los subcampeonatos del deporte colombiano han llenado de pesimismo a sus seguidores. Lo vimos en los pasados Juegos Olímpicos, cuando el público, muchas veces inconsciente del proceso que debe atravesar un deportista colombiano a lo largo de su vida, criticó a los medallistas que no lograron traer una presea dorada de París 2024, algo que también había ocurrido en Tokio 2020. El pesimismo, por supuesto, se ha trasladado al fútbol, donde, además de varios segundos lugares en categorías juveniles, las selecciones nacionales acumularon subcampeonatos en las más recientes Copas América, masculina y femenina.
En medio de esa disyuntiva, Bogotá recibió a varios pesos pesados del fútbol colombiano y suramericano en el foro Football Axis Summit para hablar no solo del destino del balompié nacional, en términos de competitividad y promoción de talento, sino también del futuro del deporte rey en América Latina. El evento contó con la presencia de cuatro altos mandos de la Conmebol: Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol; Claudio Chiqui Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino; Ignacio Alonso, presidente de la Federación Uruguaya de Fútbol, y Francisco Egas, presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol.
El primer gran tema fue la competitividad de nuestro fútbol. Colombia nunca ha sido potencia sostenida, pero hoy se le exige rendir como las selecciones más grandes. Jesurún fue claro: “Cuando se habla de ese ‘toquecito final’ para lograr títulos, diría que hace unos años decidimos cambiar el chip: de mentalidad ganadora a mentalidad campeona. Se lo inculcamos a jugadoras y jugadores para poder alcanzar títulos. Hemos estado muy cerca. Creo que lo que falta puede pasar por lo mental, lo físico y lo competitivo. La semana pasada nos visitó la directora de competiciones de la FIFA, exseleccionadora de EE. UU., y nos contó que antes de ser campeona olímpica y mundial perdió siete finales. Eso me anima: estamos en el camino. No me gusta abusar de la palabra ‘histórico’ —histórico es ser campeón—, pero hoy hemos clasificado a cuatro mundiales FIFA este año”.

Colombia, ante el mundo
En los últimos años, en las ramas femenina y masculina, Colombia ha disputado títulos gracias a la competitividad de sus jugadores. Pasó, por ejemplo, con la selección masculina en el proceso de José Néstor Pékerman, cuando el equipo comenzó a proyectar figuras a la élite europea. Néstor Lorenzo, asistente técnico en esa época y hoy seleccionador, reflexionó: “Los jugadores se valorizan con las buenas actuaciones en torneos suramericanos. En la Copa América muchos equipos no quisieron vender a jugadores que se destacaron, como Richard Ríos o Jhon Arias. Pero, ahora con el Mundial de Clubes, dieron el paso a Europa. Nosotros siempre intentamos potenciar jugadores. Cuando estuvimos con José Pékerman, la mayoría no estaban en la élite pero muchos pasaron a los más grandes. Desde que llegamos al banquillo, muchos han dado ese salto a la élite”.
Jesurún complementó: “En los últimos cuatro o cinco años, el desarrollo de nuestras selecciones ha sido muy bueno. Tenemos 13 o 14 selecciones, incluyendo fútbol sala y playa, desde sub-15 hasta mayores, y también selecciones preolímpicas. En el Comité Ejecutivo prometimos que esas preparaciones fueran de primer nivel: top, exigentes. Hoy Colombia ya no juega partidos de preparación internos, sino contra selecciones internacionales. La Federación invierte mucho —y digo invierte, no gasta— para que nuestros equipos lleguen con competitividad internacional”.
Carlos Mario Zuluaga, presidente de la Dimayor, añadió: “Creo que lo que falta es mentalidad de campeones. El partido no dura 90 minutos: dura 100, 110, 120 si es necesario. Nos ha pasado contra Argentina en ambas Copas América. Hay que dejar atrás el ‘si se puede’ y entender que, claro, sí se puede, sin necesidad de condicionarlo. Se está haciendo lo que se debe; ahora necesitamos resultados”.

Ese proceso también se ha dado en el fútbol femenino. Álvaro González Álzate, presidente de la Difútbol y uno de los dirigentes más cercanos a los procesos de selecciones femeninas, destacó que el crecimiento ha sido más rápido que en el masculino y que los títulos internacionales en distintas categorías son múltiples. “La diferencia técnica con las potencias se ha reducido mucho. Hoy, con orgullo, vamos a nuestra cuarta participación en unos Juegos Olímpicos con el fútbol femenino. Sin embargo, el apoyo comercial y gubernamental sigue siendo muy bajo; necesitamos más respaldo de todos los sectores para alcanzar el título que nos falta”, afirmó.
El problema, como en la reciente final de la Copa América Femenina, es que cuando llega la derrota arrecian las críticas. En Colombia se esperan victorias, pero el apoyo al fútbol femenino es limitado. Zuluaga lo describió así: “El reconocimiento es escaso y las críticas, muchas. He visto estadios llenos en un clásico masculino que se vacían cuando empieza el partido femenino. Así es difícil que las marcas quieran patrocinar. La liga femenina actual cuesta $40.000 millones, y la inversión de la Federación en los últimos años supera los $100.000 millones. La preparación de las jugadoras es igual que la de los hombres”.
Apoyar el futuro
La clave para sostener el presente competitivo es seguir promocionando talentos, un reto compartido por todos los países de la Conmebol. Ignacio Alonso, presidente de la Federación Uruguaya, fue directo: “En Uruguay prefiero que un joven talento se vaya pronto a Europa: nuestras ligas no pueden ofrecer el mismo desarrollo que allá. Hasta que no elevemos nuestro nivel estructural, es mejor que se formen en las mejores ligas”.
Jesurún, responsable del desarrollo de esa estructura en Colombia, curiosamente respaldó la postura: “Es inevitable que los jugadores salgan jóvenes, pero preocupa la alta ‘mortandad’ de talentos que fracasan afuera. Hemos creado planes de scouting internacional para seguir a colombianos en el exterior, incluso en países vecinos”.
Francisco Egas, presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, coincidió: “Hoy muchas veces es mejor que se formen afuera, pero debemos trabajar para retrasar esa salida lo más posible. El objetivo es darles en casa las condiciones para crecer sin necesidad de emigrar tan temprano”.
En Colombia, una de las llaves para fortalecer la competitividad y la promoción de talentos sería recuperar la categoría C. González Álzate explicó: “Hoy es necesario volver a tener mínimo cuatro categorías con ascenso y descenso directos: el último baja y el primero sube. La materia prima está. En la última asamblea se aprobó una comisión para analizar la creación de la categoría C profesional. Mi propuesta es que, a partir de la Primera C que organiza Difútbol, se escojan los 16 mejores clubes y se analice su viabilidad económica, logística y administrativa para competir a nivel profesional. El profesionalismo no se decreta, lo da el terreno de juego”.
El dirigente agregó: “No creo que haya ligas chicas o grandes, ni equipos chicos o grandes. Hay dirigentes capaces o incapaces. Ya tenemos muy avanzado este proyecto. Si todo sale bien, en 2026 podríamos tener lista la primera C profesional. Y luego, con el tiempo, pensar incluso en una cuarta categoría. Colombia se lo merece”.

Fortalecer el negocio
Todo depende de la fortaleza del negocio. Zuluaga dijo: “Estoy de acuerdo con la categoría C, pero siempre y cuando esté solucionado el tema económico. No podemos repetir lo que pasa con la B, donde algunos clubes no tienen suficiente financiación y el espectáculo a veces no es el mejor. Necesitamos estabilizar económicamente la B y mejorar su competencia antes de ampliar el sistema. Ningún equipo debería quebrar o incumplir obligaciones; es clave que toda la industria sea sostenible”.
Claudio Tapia, el mandamás argentino, expuso la experiencia de su país, útil para pensar las posibilidades de un ecosistema completo: “Cada federación vive una realidad particular. Nosotros, además de tener al mejor jugador del mundo, hemos obtenido títulos recientes, lo que nos permite atraer más sponsors. Hoy contamos con 63 patrocinadores globales, muchos con contratos vigentes hasta 2030. Los recursos no son solo para la selección mayor: tenemos liga profesional y categorías inferiores, todas incluidas en un sistema solidario de distribución, incluso el fútbol femenino, que hemos profesionalizado”.
Jesurún añadió: “La gente piensa que los dirigentes vivimos con las selecciones y los jugadores, pero la realidad es que manejamos una estructura administrativa y financiera como cualquier empresa. Nuestro ‘producto tangible’ son los futbolistas; el intangible, las emociones. Los recursos han aumentado gracias a una gestión fuerte en patrocinio, pero llegar a esos acuerdos no es fácil: es una relación de ida y vuelta con las marcas”.
Nada de esto se sostiene sin resultados. En semanas, Colombia tendrá la oportunidad de acallar críticas y sellar su clasificación al Mundial 2026. Mario Alberto Yepes pidió calma: “No crean todo lo que dicen. La selección está en buenas manos y en la próxima fecha vamos a clasificar al Mundial”.
Néstor Lorenzo coincidió: “En momentos así, hay que tener la paciencia necesaria. Tenemos un equipo que ya demostró que puede competir y debemos dar la puntada final para ir a la Copa del Mundo. No nos afana; sabemos de la responsabilidad y vamos a competir para lograrlo”. Para el público, competir no basta: ganar es la exigencia inmediata para el futuro del fútbol colombiano.
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