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Hace unas semanas escribí en defensa de la preposición «contra». Hoy quisiera hacer lo mismo con la preposición «de», pues en ocasiones pensamos que para hablar bien o ser más exactos debemos evitarla, lo que no siempre es la opción correcta. Pensemos, por ejemplo, en el queísmo, es decir, la omisión inadecuada de dicha preposición antes de «que». Es el caso de «Me di cuenta que…» en vez de «Me di cuenta de que…» (forma correcta). Recordemos que, para saber si la preposición es necesaria, podemos convertir la frase en interrogante: preguntamos «¿De qué te diste cuenta?», no «¿Qué te diste cuenta?».
Por otro lado, me consultaron qué es más adecuado entre «erupción en un volcán» y «erupción de un volcán». Si bien la primera forma no podría tacharse de equivocada, con la segunda se hace explícito que el origen de la erupción es el volcán, no simplemente el lugar donde sucede. Es un caso similar a la supuesta controversia entre «vaso de agua» o «vaso con agua», de la que ya he escrito en esta columna. Hay que recordar que, si bien ambas son válidas, la más normal y recomendable es la primera, pues «de» no siempre hace referencia a ‘la materia de que está hecho algo’ (que es apenas una de muchas acepciones). En el caso en cuestión, denota el volumen del contenido: «un vaso con agua» podría contener apenas unas pocas gotas y, en efecto, sería «un vaso con agua», mientras que «un vaso de agua» se refiere de forma más exacta a la cantidad, esto es, prácticamente equivalente al tamaño del vaso.