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Luis Fernando Suárez es una referencia obligatoria en Colombia para hablar de Ecuador, como lo son también Francisco Maturana o Hernán Darío El Bolillo Gómez. Vienen de la misma escuela y todos influyeron en el proceso para que el vecino país llegara a las copas del mundo.
Hoy, los ecuatorianos tienen uno de los procesos más sólidos del continente y su evolución los ha convertido en un país exportador de futbolistas.
A horas del partido por la fecha 12 de las eliminatorias entre Colombia y Ecuador, compartimos la entrevista completa con el profesor Suárez, que se desprende del artículo Colombia vs. Ecuador: los procesos paralelos de un duelo de eliminatorias, publicado en la edición dominical de El Espectador.

Entrevista completa con Luis Fernando Suárez, en la previa del Colombia vs. Ecuador
¿Cuál fue esa influencia del fútbol colombiano en Ecuador?
Bueno, creo que la evolución que tuvo el fútbol ecuatoriano empieza desde Dušan Draškovic en los 90. Ahí comienza un “nuevo Ecuador”, porque en ese tiempo Yugoslavia trajo unos trabajos diferentes, muy centrados en la técnica. En el Preolímpico del 92 hicieron una muy buena labor. Luego, en el 94 o 95, cuando llegó Maturana, que yo estuve como asistente con él, tomamos todo lo que había dejado como herencia Draškovic. Se empezó a hablar de tácticas, de procesos interesantes en defensa y ataque. Aunque el grupo humano no tenía mucha experiencia, era muy prometedor.
Con Hernán Darío Gómez, se agregó a lo táctico esa parte motivacional que él maneja muy bien, y eso permitió clasificar a Corea y Japón. Fue la primera vez que Ecuador logró ir a un mundial. Cuando me tocó a mí, en el siguiente Mundial, tomé todo lo aprendido con Maturana y Gómez. Formamos un equipo muy sólido que clasificó al Mundial 2006, alcanzando los octavos de final. Después vino Reinaldo Rueda, quien estuvo más en un periodo de transición, pero logró clasificar al 2014. En resumen, los colombianos dejamos una base importante. Cada uno aportó algo: Maturana tomó de Draškovic, Hernán consolidó lo de Maturana, yo seguí fortaleciendo cosas y Rueda también hizo un gran trabajo.

Colombia también tuvo influencia yugoslava. Aunque no llegó al Mundial en los 70, Maturana recogió esas influencias y logró un proceso histórico. ¿Ve usted esas similitudes?
Es algo que no había pensado antes, pero sí. En Colombia estuvieron Todor Veselinovic, Vladimir Popovic y Dragoslav Šekularac. Lo más importante de los yugoslavos fue su énfasis en la técnica. Después, en Colombia también tuvimos la influencia de entrenadores argentinos como Zubeldía y Bilardo, y de uruguayos como De León y Cubilla. Maturana fue muy inteligente al combinar todo eso, pero dándole identidad al fútbol colombiano. Esa identidad quedó reflejada en su frase: “Se juega como se vive”. Él confió en los jugadores y ellos en su método, logrando clasificarse al Mundial del 90. Fue ahí cuando Colombia encontró su verdadera identidad futbolística.
Y en el caso de Ecuador, ¿se desarrolló una identidad de juego específica o sigue siendo distinta a la colombiana?
Ecuador desarrolló su identidad, que no es la misma colombiana. Nosotros no llegamos a imponer nuestro estilo, sino a adaptarnos al pensamiento ecuatoriano. El fútbol ecuatoriano es más físico y se basa en su propia cultura. Maturana tuvo la inteligencia de respetar eso, y nosotros seguimos esa línea. No se trataba de colonizar ni de imponer el fútbol colombiano, sino de asimilar primero la cultura local y trabajar a partir de ahí. Por eso, creo que si hubiéramos intentado que Ecuador jugara como Colombia, habría sido un fracaso total.
Sobre el momento actual de Ecuador, que ha tenido procesos exitosos tanto en selección como en clubes, ¿cómo explica esa transición?
Se ha trabajado mucho en las divisiones menores. Un ejemplo clave es Independiente del Valle, que comenzó desde cero y ahora es la base del fútbol ecuatoriano. Es el club que más ha vendido jugadores y que mejor ha trabajado en ese aspecto. Ecuador tiene ahora una gran cantidad de jugadores en el exterior, lo que lo hace peligrosísimo en cualquier categoría. Ese desarrollo de las bases es el mayor avance del fútbol ecuatoriano.
En ese sentido, pero hablando de Colombia, aunque la liga local no es tan fuerte, sigue produciendo jugadores talentosos. ¿Cómo ve ese momento para el fútbol colombiano?
Es como el café: tenemos uno de los mejores del mundo, pero su calidad depende del proceso. Tenemos un talento inmenso, pero muchas veces los jugadores terminan su formación en otros países. Seguimos teniendo el mejor café y ahí es donde salen los Jhon Jáder Durán o los Yaser Asprilla, pero se forman o se terminan de cocinar afuera. Si mejoráramos nuestras divisiones menores, podríamos vender jugadores al nivel de Argentina o Brasil, pero para eso necesitamos un sistema mejor estructurado.
¿Qué tan importante ha sido el proceso actual con Néstor Lorenzo para consolidar la selección?
Muchísimo. Si hay un culpable del buen momento de Colombia, ese es Néstor Lorenzo. Fue una decisión muy inteligente de la Federación traerlo, ya que conocía el proceso por su trabajo con Pékerman. Aunque había dudas por su poca experiencia, él se ganó la confianza de todos con su trabajo. Ha sabido aprovechar el talento, pero lo más importante es que creó una sinergia en el grupo. No solo se trata de juntar jugadores talentosos, sino de formar un verdadero equipo. Lorenzo ha logrado eso.
Finalmente, Ecuador tiene un proceso muy exitoso, como lo hemos hablado, pero no ha tenido tanta estabilidad en los entrenadores, y la federación también ha sido un poco volátil. Mientras tanto, en Colombia ha habido más tranquilidad. ¿Cree usted que esa diferencia está marcando los procesos a nivel de selecciones hoy en día?
No lo sé con certeza, porque hoy en día la inmediatez afecta mucho a los técnicos. Lo más importante es tener una base sólida de jugadores, y Ecuador ha logrado eso. Aunque les quitaron tres puntos en estas eliminatorias, podrían tener los mismos puntos que Colombia. Eso demuestra que, con un entrenador u otro, Ecuador es un equipo muy fuerte. Espero que el martes recordemos eso y no subestimemos a nadie.

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