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Detrás de un espacio frondoso y que simula al bosque alto andino se encuentra uno de los pocos ejemplares en cautiverio de águila solitaria, buteogallus solitarius, en el país. Esta ave está localizada en el Bioparque La Reserva, un espacio ubicado en Cota, Cundinamarca, que recibe animales que fueron traficados y, posteriormente, rescatados por las Corporaciones Autónomas Regionales. Los rescatistas que la recibieron se sorprendieron porque encontraron 19 perdigones en su cuerpo, que evidencian que intentaron cazarla. “Los rayos X de este individuo parecen mal hechos, porque está llena de bolitas blancas por toda su anatomía, es increíble. Así ha vivido durante muchos años; no puede volar, no se puede liberar, pero ha vivido con todo ese plomo dentro de su cuerpo durante estos años”, comenta Iván Lozano, fundador del Bioparque La Reserva.
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Esta águila hembra llegó al espacio natural en junio, en el año 2011 y fue entregada por la Corporación Autónoma Regional. Antes de ser recibida en el bioparque, el individuo se encontraba en cautiverio, en un centro de recepción de fauna en Villeta, Cundinamarca, que actualmente no existe. “Este animal ya llevaba varios años en cautiverio. No puede ser liberada en el medioambiente porque no podría sobrevivir, llevamos desde 2011 haciendo los protocolos de manejo médico, profesional y comportamental de la especie”, explica Iván Lozano.
El águila solitaria es considerada “una especie fantasma”, porque existen muy pocos estudios e información sobre su conservación y reproducción. “Faltan bastantes estudios para poder saber si se va a extinguir. Todavía no se puede afirmar con certeza el destino de esta ave, hasta que se realice más investigación”, comenta Mauricio Perilla, zootecnista que lleva trabajando con fauna silvestre más de 15 años y que actualmente se encuentra en el Bioparque La Reserva.
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Esta especie reúne varias características que implican que podría desaparecer fácilmente del país. Según el Libro Rojo de Aves en Colombia, Volumen I, se estima que su población se basa en 250 individuos maduros en Colombia, y que continúa disminuyendo por la desaparición de su hábitat y la cacería. “Esta especie ha perdido el 60.5% de su hábitat históricamente y en 10 años perdió el 5.7% de este”, puede leerse en la investigación.
“En los últimos 50 años en Colombia, esta especie ha sido avistada menos de 100 veces, por su baja densidad, la amenaza de sus hábitats y la cacería”, afirma Juan Carlos Rodríguez, ecólogo que trabaja en el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal.
Su nombre deviene, precisamente, de la constante soledad en la que se encuentra, pues la mayoría de avistamientos de la especie han sido de individuos, no de parejas de águilas. De hecho, una de las principales problemáticas para lograr que se reproduzca es su soledad: “Es bastante raro que águilas solitarias lleguen a cautiverio, y tocaría correr con suerte de que sea del sexo opuesto al que ya se tiene o que sean ejemplares que estén óptimos para desarrollar un programa de reproducción en cautiverio, con fines de conservación”, explica Mauricio Perilla.
Si bien es urgente comenzar a reproducir la especie, una de las principales dificultades para lograrlo han sido los escasos datos de la reproducción de esta ave en Colombia. “No se sabe qué fechas intervienen en el cortejo, apareamiento y nidificación, simplemente se han registrado juveniles en algunos lugares, como la Serranía del Perijá. Además, se cree que su población es inferior a 300 o menos individuos maduros, y tampoco se sabe la estimación de cuántas hembras y machos hay en cada lugar”, explica Luis Alberto Peña, biólogo que ha trabajado con la fundación neotropical con el objetivo de preservar al cóndor andino en Colombia.
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A lo anterior se suma que “es difícil tener polluelos, al igual que otras especies de rapaces e incluso como lo es el cóndor andino. Al poder constituirse una pareja reproductiva previa, estas al parecer ponen un solo huevo por nidada, el cual le da un valor desventajoso, por muchas razones, mortalidad de polluelos, huevos infértiles y demás, por ende, es difícil saber el porcentaje de natalidad y si este individuo pueda sobrevivir hasta poder abandonar el nido o que se convierta en adulto”, afirma Luis Alberto Peña.
“Esta águila es, básicamente, desconocida en la mayoría de su biología y ecología, casi no hay datos ni publicaciones sobre ella. Los datos que tenemos son de otros países, porque en Colombia no hay casi nada. Es una especie que se debe estudiar para salvarla de la extinción”, comenta Iván Lozano.
El Bioparque La Reserva hospeda varios animales en peligro de extinción en Colombia, como el águila arpía o el periquito aliamarillo. No obstante, el espacio ya cuenta con ejemplares de macho y hembra de estas especies, por lo que ya han comenzado programas de reproducción: la situación del águila solitaria es bastante distinta, pues con ella no se ha logrado encontrar una pareja. “Tienen una baja densidad poblacional y, por ello, es vulnerable a cualquier tipo de amenaza. Algunos estudios que se han hecho en Centroamérica han visto que solo tienen un huevo al año, un huevo por nidada”, comenta Juan Carlos Rodríguez.
Este espacio ha funcionado como sitio de alojamiento de animales que no pueden ser devueltos a su hábitat, porque dependen del cuidado profesional para poder sobrevivir. Varios de ellos vienen del tráfico de fauna, en donde especies en peligro de extinción, como el primate tití gris, serpientes y jaguares, son encerradas en jaulas diminutas, amarradas a bolsas, camufladas en cajas y maltratadas en medio del recorrido para ser traficados y, en algunos casos, ser exhibidos como sinónimo de poder y estatus en las personas que las compran.
Es un animal que destaca por tener un vuelo particular, una forma de vuelo “pesado”, tiene una cola corta y, básicamente, está diseñado para realizar planeo. “Al parecer, le gusta comer gallinas. Entonces, las familias campesinas las ven como un predador de sus animales y les disparan por eso”, explica Iván Lozano.
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Esta ave tiene una amplia distribución y puede encontrarse desde México hasta Sudamérica. En Colombia, vive en bosques de montaña de las vertientes de la Sierra Nevada de Santa Marta, la Serranía de Perijá, la cordillera occidental en Cauca y la cordillera oriental en Caquetá. No obstante, gran parte de la pérdida y fragmentación de su hábitat, así como la intervención de los bosques en donde habita, ha reducido drásticamente sus poblaciones, y la de bastantes animales que dependen de este ecosistema. “El efecto combinado de la destrucción y fragmentación de los bosques con la presión directa ha reducido la población de la especie probablemente en más de 30% en tres generaciones y esta tendencia se mantendrá en el futuro, aunque no es previsible lo que ocurrirá en treinta años”, puede leerse en el Libro Rojo de Aves en Colombia.
Esta especie es catalogada a nivel mundial como “casi amenazada”, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Esto quiere decir que podría estar cercana a encontrarse en una situación de vulnerabilidad, peligro o peligro crítico. “Pero, para algunos investigadores, esta águila se encuentra en peligro crítico en Colombia”, comenta Mauricio Perilla.
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¿Cuáles son los principales peligros de la desaparición del águila solitaria en Colombia?
En el ecosistema, los rapaces tienen la función de controlar y mantener a otras poblaciones. “Ellos tienen muy pocos predadores naturales, por lo que mantienen a poblaciones de otras especies en control, ya sean roedores, serpientes, otras aves, pequeños y medianos primates, u otros animales”, afirma Juan Carlos Rodríguez.
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“La falta de estos animales, y no solo de águilas solitarias, sino de muchas rapaces en los ecosistemas, genera cambios que pueden llegar a desarrollar sobrepoblaciones de individuos, generando escasez de recursos y finalmente desequilibrios ambientales”, afirma Mauricio Perilla.
Debido a que esta ave es una especie en peligro crítico, según Perilla, y tiene una población discontinua, puede considerarse una especie “sombrilla” o “bandera”. Esto quiere decir que, al proteger los lugares donde habitan estas cazadoras, se puede estar beneficiando a una cantidad de animales distintos que también habitan en estos ecosistemas.
“Si nosotros no dejamos que el equilibrio vuelva a estos ecosistemas, a través de matar predadores, el mismo ecosistema se desbalancea y termina dejando de producir elementos, se daña la calidad del agua, la calidad del suelo, del aire, se pierden polinizadores y dispersores de semillas. Entonces, los seres humanos terminando sufriendo por esto”, explica Iván Lozano.
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En Colombia, existen las áreas importantes para la conservación de las aves y la biodiversidad (AICAS). En estos espacios, se debe proteger al ecosistema para cuidar a las aves y su reproducción. En la Sierra Nevada, en donde residen las águilas solitarias, existen dos sectores denominados como “AICAS”. Además, existe otro de estos espacios de conservación en el Parque Nacional Natural Munchique, en el departamento del Cauca, en donde también se encuentra el ave. “En la Sierra Nevada de Santa Marta se desarrolló un proyecto en 2014 en donde se seguían sus poblaciones. Lamentablemente, estos resultados no se tienen a la mano”, afirma Juan Carlos Rodríguez.
“Las comunidades civiles, las ONG’s y las entidades estatales deben cooperar para ayudar a proteger a estos animales. Si no se da esta relación entre estos tres componentes en la sociedad, es muy difícil que estas especies sobrevivan, porque las comunidades suelen tener la información de primera mano de estas especies, pues conviven con ellas, a veces cazándolas, espantándolas o conociéndolas”, concluye Juan Carlos Rodríguez.
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