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La inflación en Colombia lleva tres meses acelerando sin pausa. En mayo, el IPC registró una variación mensual de 0,47 %, una cifra que puede parecer modesta a primera vista. Pero puesta en contexto, equivale a 1,3 veces lo que suele subir la inflación en un mayo promedio, como lo explica Laura Clavijo, directora de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia.
Frente a mayo de 2025, los precios al consumidor subieron un 5,84 % y llegaron a su registro más alto desde agosto de 2024, como lo indicó Piedad Urdinola, directora del DANE.
Para seguir poniendo en números el paisaje: entre enero y mayo de 2026, los precios acumulan una variación de 4,36 %, frente al 3,63 % del mismo periodo de 2025. Tres meses consecutivos de aceleración; la tendencia alcista es evidente, y todavía falta por conocerse el dato de junio, mes de Mundial de fútbol, vacaciones y prima de servicios.
El grueso de los pronósticos de bancos y centros de pensamiento proyecta que la inflación superaría el 6 % al cierre de año, el doble de la meta del Banco de la República.
Las sorpresas de la inflación en mayo de 2026
Lo que cambió en mayo fueron los protagonistas del costo de vida: el alojamiento desplazó a los alimentos como principal motor de la inflación.
“El mes pasado fueron alimentos y bebidas no alcohólicas los que fueron protagonistas, con un aporte de 0,29 puntos porcentuales; en este mes no tienen ningún aporte”, resaltó la directora del DANE.
Precisamente, el alojamiento, el agua, la electricidad y el gas explicaron el grueso del movimiento mensual del IPC, con una variación de 0,86 % (cerca del 55 % del avance mensual de la inflación). El transporte sumó otros 0,08 puntos, jalado por el precio de los combustibles y, en menor medida, por los tiquetes aéreos. Dos rubros cuyos precios, dicho sea de paso, han subido por cuenta de los efectos globales de la guerra en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz.
Los alimentos, en cambio, registraron una variación negativa de 0,02 % (su primera caída mensual en varios meses) gracias al desplome del tomate (-13,36 %), la caída del plátano (-5,54 %) y el abaratamiento de algunas hortalizas. Fue una buena noticia.
Atrás quedaron los años de pospandemia, cuando los precios de la canasta básica subían de forma sistemática por encima de la inflación general. Que hoy los alimentos cedan dice algo sobre cómo ha evolucionado (y, al mismo tiempo, se ha generalizado) el fenómeno inflacionario en Colombia.
Este es el motor de la inflación en Colombia
Como lo explica Mariana Quinche, economista de BBVA Research para Colombia, la aceleración de la inflación anual estuvo explicada exclusivamente por la canasta sin alimentos, cuya variación anual se situó en 5,79 %, con un incremento de 35 puntos básicos frente al mes anterior. Dentro de esa canasta, los dos motores fueron los bienes regulados y los servicios.
En regulados (como la gasolina, electricidad y agua), la inflación anual llegó a 5,19 %, un salto de 85 puntos básicos frente a abril. Quinche recuerda que la gasolina subió COP 400 en mayo. La electricidad y el agua también aportaron, aunque de forma más moderada.
El otro motor fue la inflación de servicios, que en la subcanasta que monitorea el Banco de la República supera el 7 % anual (su nivel más alto desde noviembre de 2024, según Jackeline Piraján, economista principal de DAVIbank), explicado principalmente por el comportamiento del transporte aéreo, los paquetes turísticos y los arriendos.
Detrás del aumento en los precios de los servicios hay un factor estructural que los analistas coinciden en señalar: los costos laborales. “La evidencia continúa sugiriendo que los mayores costos laborales están teniendo efectos sobre la inflación”, indica Piraján.
Entre otros puntos a resaltar, la división de restaurantes y hoteles acumula una variación anual de 9,62 %, la más alta de todas las categorías del IPC. Según Piedad Urdinola, directora del DANE, el resultado no lo explican los hoteles sino lo que los colombianos pagan cuando comen por fuera: el corrientazo, el almuerzo de oficina, la empanada de la esquina.
El peso de los arriendos
Si bien la variación anual del arriendo efectivo (medición del DANE que recoge los precios que, efectivamente, pagan quienes viven en arriendo) se ubicó en 4,94 %, una cifra por debajo del tope máximo legal del 5,10 % (la inflación a diciembre de 2025) fijado para 2026, este rubro sigue siendo una de las presiones más persistentes sobre el costo de vida.
Los servicios relacionados con la copropiedad crecieron 13,42 % en el último año. Es el dato que más preocupa al sector inmobiliario.
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“Detrás de ese dato está, en buena parte, el incremento del salario mínimo, que obligó a las copropiedades a ajustar las cuotas de administración para cubrir los mayores costos de personal”, explica Mario Ramírez, presidente de la Federación Colombiana de Lonjas de Propiedad Raíz (Fedelonjas). Esta alza se fue trasladando progresivamente a las cuotas durante el primer semestre, con un impacto directo sobre los hogares que viven en propiedad horizontal.
Jackeline Piraján, de DAVIbank, confirma que el alojamiento y los servicios públicos explicaron cerca del 55 % del avance mensual de la inflación, “acompañado por los incrementos persistentes en los costos asociados a la administración de las copropiedades”.
El Banrep, ante una decisión difícil
En abril, el Banco de la República sorprendió a los mercados: pausó las alzas de tasas y las dejó quietas en 11,25 %, en medio de un ambiente electoral cargado y una crisis sin precedentes con el Gobierno Petro. Fue la primera pausa tras dos incrementos consecutivos de 100 puntos básicos en enero y marzo.
El panorama podría cambiar tras una inflación que ya acumula tres subidas consecutivas. En mayo, la inflación básica (medición que excluye los componentes más volátiles y que el Banrep monitorea de cerca para tomar decisiones de política monetaria) no da señales de ceder.
El IPC sin alimentos llegó a 5,79 %, según el DANE, y la inflación sin alimentos ni regulados (la básica) se ubicó en 5,99 %, como lo afirma la economista de Davibank.
y del IPC sin alimentos ni energéticos
La propia directora del DANE destacó que las distintas medidas de inflación (la total, la de alimentos, la sin alimentos y la sin alimentos ni energéticos) convergen hoy en niveles similares, todas rondando el 6 %. Es una señal de que la inflación dejó de ser un problema de unas cuantas categorías del gasto para volverse generalizado en la economía colombiana.
De ahí que los analistas coincidan en que el Banrep tiene razones para seguir endureciendo el costo del crédito en Colombia en su próxima reunión, a finales de junio. Quinche, de BBVA Research, señala que el Banrep “continuará incrementando las tasas”. Piraján, de DAVIbank, proyecta que podrían llegar al 12 % hacia finales de año. Y Clavijo, de Bancolombia, considera “muy factible” una subida de 75 puntos básicos en junio.
La razón por la que la inflación y las tasas van de la mano es esta: cuando el Banco de la República sube su tasa de interés, el crédito se encarece, el consumo y la inversión se moderan y, con ello, la presión sobre los precios tiende a ceder. Es el principal instrumento del Emisor para controlar la inflación, y por eso cada dato del IPC se lee también como una señal sobre lo que hará la Junta Directiva.
La reunión del Banrep, cabe resaltar, llegará en un momento político particular: será posterior a la segunda vuelta presidencial (que tendrá lugar el 21 de junio), por lo que el país ya sabrá quién será su nuevo presidente. El Gobierno Petro ha sido explícito en su rechazo a las alzas (recordemos que el ministro de Hacienda, Germán Ávila, llegó a amenazar con abandonar la reunión de marzo). Pero los datos de mayo le dejan poco margen al Emisor para quedarse quieto otra vez.
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