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Resumir cuatro años de proceso en menos de mil palabras no es fácil. Sin embargo, para entender cómo llegó Colombia al Mundial de 2026 hay que empezar por una herida. Tras quedar por fuera de Catar 2022, la tusa futbolera fue grande para quienes encontramos en este deporte un refugio frente a la cotidianidad. Fuimos testigos de Lionel Messi levantando por fin la copa después de una final memorable contra Francia. Fue emocionante pero para nosotros faltaba algo, sufrirla por los nuestros.
La tricolor dirigida por Reinaldo Rueda se quedó por fuera del repechaje por un solo punto. Tan cerca y tan lejos. Después de dos clasificaciones consecutivas, Brasil 2014 y Rusia 2018, tuvimos que ver la máxima cita por televisión. La Federación Colombiana de Fútbol apostó por Néstor Lorenzo, un conocido de la casa porque había sido el asistente de José Pékerman durante aquellos años felices. Recibió la misión de reconstruir la confianza de un equipo golpeado y su ciclo arrancó en septiembre de 2022 con una victoria sobre Guatemala.
Tenía por delante año y medio de amistosos para preparar su primer examen, la Copa América de Estados Unidos 2024. Utilizó ese tiempo para enamorar nuevamente a la gente. En el camino aparecieron rivales accesibles como Irak, México o Bolivia, pero también llegaron triunfos que llamaron la atención, como las victorias sobre Alemania y España. Poco a poco, Colombia recuperó la fe.
Los números de Néstor Lorenzo
rendimiento lorenzoCamilo Vargas evitaba que se sintiera la ausencia de un lesionado David Ospina; Daniel Muñoz, Richard Ríos y Jhon Arias se consolidaban como pilares del proyecto. Jorge Carrascal, Juanfer Quintero y Kevin Castaño ofrecían alternativas. Rafael Santos Borré y Luis Sinisterra aparecían con goles y aunque James Rodríguez no brillaba en sus clubes, con Lorenzo rendía. Luis Díaz, además, asumía con naturalidad la responsabilidad de ser el mejor colombiano del momento.
El cable a tierra era que todo esto ocurría en amistosos. Sin embargo, era imposible ignorar que Colombia jugaba bien, gustaba y cuando muchos empezaron a decir que el equipo podía ganar la Copa América era porque había argumentos para creer. Lorenzo llegaba invicto, varias figuras atravesaban buenos momentos y la selección, tercera en la eliminatoria, ya había conseguido hitos concretos, como derrotar por primera vez a Brasil en una ruta mundialista.
Colombia ganó su grupo, luego superó con autoridad a Panamá en cuartos y, en semifinales, resistió con un hombre menos para derrotar a Uruguay. 23 años después, la selección volvía a una final continental. Era la oportunidad de experimentar lo que significaba volver a la cima y nada más y nada menos que contra la Argentina campeona del mundo.

Pero el fútbol también tiene la costumbre de recordarnos que la felicidad no está garantizada. Colombia perdió aquella final y después de 26 partidos al frente de la selección, Lorenzo conoció la derrota. Aunque nadie lo sabía en ese momento, algo cambió dentro del equipo. El regreso a las eliminatorias fue irregular y la tricolor cerró 2024 y arrancó 2025 con tres derrotas consecutivas ante Uruguay, Ecuador y Brasil.
La selección comenzó a llenarse de dudas, pues la defensa dejó de responder con solidez y las correcciones tácticas, que tantas veces habían permitido a Lorenzo cerrar mejor los partidos, no se veían. Borré entró en sequía goleadora, Déiver Machado sufrió con las lesiones, aunque no tanto como Sinisterra, quien desapareció de las convocatorias. Jhon Córdoba, titular durante la Copa América, perdió confianza y abrió la puerta a alternativas como Jhon Durán y Cucho Hernández, aunque ninguno convenció. Yáser Asprilla bajó considerablemente su nivel. También recibieron críticas Richard Ríos, Camilo Vargas —llegó a perder el puesto con Kevin Mier— y hasta el propio James, el mejor jugador de la Copa América 2024.
Los empates posteriores con Paraguay y Perú confirmaron que algo no funcionaba y hubo quienes pidieron la salida de Lorenzo. Pero cuando más preguntas existían, Colombia encontró una respuesta parcial en Argentina, donde Luis Díaz se inventó un golazo en el Monumental que dio señales de recuperación. La clasificación quedó al alcance de la mano. Bastaba con derrotar a Bolivia y la tricolor lo hizo con contundencia. Después llegó un espectacular 6-3 sobre Venezuela en el cierre, con cuatro goles de Luis Suárez. Las sensaciones mejoraron y el equipo que había llegado a caer hasta el sexto puesto logró recomponerse sobre el final para ser tercero.

Entre la clasificación y la publicación de la lista definitiva, Colombia disputó seis amistosos. Venció a México, Australia y Nueva Zelanda, e igualó con Canadá. Todo parecía normal hasta que llegaron las derrotas frente a Croacia y Francia. La sensación era que existía una selección competitiva, pero no en capacidad de jugar de tú a tú con las potencias.
Antes de emprender el viaje a Norteamérica, la tricolor venció 3-1 a Costa Rica en Bogotá. Fue el penúltimo ensayo antes de la verdad. Cuatro años después de aquella ausencia dolorosa en Catar, la tricolor había completado el recorrido de regreso. No llega envuelta en el aura que tuvo antes de la Copa América, pero sí con la fe de que puede lograr grandes cosas.

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