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Solamente un sector de la derecha, o la oposición más moderada, encabezada por el alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, y la conservadora Patricia Bullrich, tomó la decisión de elegir su candidato por un cambio de orientación en la presidencia argentina mediante elecciones primarias, o PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias).
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El peronismo gobernante con Alberto Fernández, buscando una señal de unidad entre tanta diversidad interna, se decantó por darle el aval a Sergio Massa, el flamante ministro de Economía de Alberto Fernández que llegó en agosto de 2022 para calmar las aguas de una economía en crisis que debilitó bastante al gobierno.
Massa, de 51 años, milita en las toldas peronistas desde que ingresó a ocupar cargos gubernamentales de la mano del presidente Eduardo Duhalde en 2001, en plena acomodación nacional poscorralito económico, y continuó haciéndolo, en la dirección del Administrador Nacional de la Seguridad Social (Anses).
Fue sucesor de Alberto Fernández como ministro del Interior bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, y parece que la apuesta es por él para que lo suceda en la Casa Rosada. A pesar de que la inclinación del kirchnerismo era otra, con Wado de Pedro, la elección de Massa parece matizar considerablemente las rupturas en el peronismo durante los últimos cuatro años entre Fernández y Cristina, presidente y vicepresidenta.
Según medios argentinos, el binomio gobernante está enemistado a pesar del acercamiento que los llevó a la presidencia; sin embargo, con resaltar la última declaración de Alberto Fernández, recogida por La Nación, en la que no nombra directamente a la expresidenta, pero sí se refiere a figuras como la que ella representa: “No creo que el peronismo pueda seguir siendo personalista, verticalista y todas las cosas que fue cuando Perón vivía. Habrá gente con más capacidad de liderazgo, habrá gente con mucho carisma, pero no son Perón”.
No obstante, hay que resaltar que ambos caciques peronistas se han visto disminuidos en el último cuatrienio. El kirchnerismo venía de perder la presidencia con Mauricio Macri en 2015 y las mayorías en varias elecciones legislativas, siendo la más reciente en 2021, cuando la coalición de oposición Juntos por el cambio se quedó con más del 40 % de mayorías en el Parlamento, con 14 senadores y 61 diputados.
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También contribuyen a esta debacle las batallas jurídicas que lleva Cristina Fernández, quien podría enfrentar hasta seis años de prisión y una inhabilitación para ocupar cargos públicos cuando termine su fuero como vicepresidenta.
Por el lado de Fernández, la opinión nacional argentina y en el interior del peronismo es que no fue un buen gobierno, pues entre el riesgo de crisis económica y una constante inflación mermaron considerablemente su capacidad de maniobra durante el cuatrienio. No obstante, parece ser el ganador en la elección del binomio peronista, pues la fórmula de Massa será su actual jefe de gabinete, Agustín Rossi.
En las PASO, Massa se medirá ante Juan Grabois, abogado y dirigente social inconforme con la nominación del ministro de Economía y que le disputará ser el candidato de la Unión por la patria.
Una oposición dividida
A diferencia de la aparente mayoría que concentra Massa en el peronismo, la oposición se acerca a las PASO del 13 de agosto en una aparente división. Frente a un posible acercamiento de Larreta con sectores del peronismo en las provincias, Bullrich, de posturas y pensamientos más conservadores, le salió al paso tajante en Twitter: “Sin especular y sin hacer cálculos políticos, fui a Córdoba con una convicción: el cambio es a fondo o no es cambio. Los pactos entre políticos para políticos no van más”.
Sin embargo, Larreta parece compartir una posición más aceptable con sectores contrarios con Massa, con mayor disposición al diálogo. Por el contrario Bullrich se ubica en un limbo entre Larreta y Javier Milei. Es más conservadora que el alcalde porteño, pero menos radical que el economista libertario.
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Milei irrumpió en el panorama político en 2021 después de hacerse a un nombre como analista económico en televisión y llegó a ser diputado en las legislativas de ese año con la inscripción de su movimiento La libertad avanza.
Cumpliendo con el tradicional rol de “outsider” (de poca trayectoria política), Milei podría ganarle terreno a la oposición de centro-derecha y capitalizar un voto de la misma forma que lo hizo Fernández con Macri: atrayendo mayorías antigobierno. El descontento con la gestión de Fernández podría ser el gran fortín de Milei, un candidato abiertamente conservador que se ha mostrado en contra de políticas como el aborto y el matrimonio entre parejas del mismo sexo.
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