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Siguen sumándose las evidencias de varios plagios académicos de Guillermo Reyes, ministro de Transporte y cuota del Partido Conservador. En respuesta, el alto funcionario ha mostrado los dientes y dijo en W Radio: “El tema lo voy a elevar a denuncia penal”, amenazando a quienes lo están investigando y han publicado las evidencias de su mal proceder. Su permanencia en el cargo, así como en su momento ocurrió con la exrepresentante a la Cámara Jennifer Arias, es un golpe a la legitimidad de las instituciones, envía el mensaje de que copiar ideas es un asunto menor y cuestiona las loables promesas anticorrupción del gobierno Petro.
Rodrigo Uprimny, reconocido jurista y columnista de El Espectador, ha sido la voz más incisiva en contra de Reyes por haber plagiado al académico Juan Jaramillo. En una larga publicación que hizo en La Silla Vacía comparando los textos, muestra cómo páginas y páginas fueron copiadas por el ahora ministro. Y como dice Uprimny: “Un plagio es un acto de deshonestidad y un engaño, que afecta seriamente la fe pública y la dinámica y credibilidad de la labor académica. Por eso, aunque no todo plagio es delito, todo plagio es condenable”. Estamos de acuerdo.
Ahora, también La Silla Vacía hizo una investigación en la que encontró cinco nuevas denuncias de plagio contra Reyes. Es gravísimo lo que dice el medio: “La última sección del libro Régimen electoral y de partidos políticos, que el nuevo ministro de Transporte, Guillermo Reyes, publicó en 2014, contiene extractos de por lo menos siete otros autores que Reyes hace pasar como suyos, sin citarlos apropiadamente”.
Sin embargo, el ministro intentó reducirlo todo a una rencilla personal. De nuevo hablando con W Radio, dijo: “Yo me pregunto, ¿cuál es el interés que tiene él conmigo? Ni siquiera se ha sentado a mostrarme o a comparar conmigo cuáles son las evidencias que tiene. En esta pelea con Rodrigo Uprimny llevo 10 años”. No es necesario que se sienten, las pruebas han sido publicadas y cualquier colombiano las puede consultar.
Es cierto que esto no terminará en un proceso penal, ¿pero ese debe ser el único factor relevante en esta discusión? ¿No importa que un ministro al parecer haya copiado ideas de otros para fortalecer su propia carrera académica? ¿No es acaso el plagio un motivo de sanción social? ¿Qué dice del Gobierno que un sector tan importante como el transporte quede en manos de una persona cuya idoneidad ha sido cuestionada de manera tan clara?
No es, tenemos que insistir, un asunto menor. Arias afectó la legitimidad del Congreso de la República al atrincherarse en su cargo a pesar de que su propia universidad reconoció el plagio. Los funcionarios públicos tienen que cumplir estándares superiores de comportamiento, dar ejemplo, no tener cuestionamientos encima y dar muestras de que son capaces de respetar los derechos de los demás. Con el ministro Reyes hay duda razonable. El presidente debería considerar la importancia de este escándalo.
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