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Ayer la Plaza de Bolívar fue escenario de una protesta inédita: medallistas olímpicos y paralímpicos, dirigentes, entrenadores y decenas de deportistas de diferentes federaciones se reunieron para rechazar el recorte presupuestal que el Gobierno proyecta en su nueva ley de financiamiento. La medida, justificada por la crisis fiscal que atraviesa el país, reduciría el presupuesto del Ministerio del Deporte a poco más de 300.000 millones de pesos en 2026, cifra muy austera frente a los $1,3 billones que tuvo en 2024 y los $464.000 millones asignados este año. El ajuste, que convierte al ministerio en uno de los más golpeados, amenaza tanto el alto rendimiento como las bases de apoyo a los jóvenes, lo que encendió las alarmas en todo el sector.
Javier Suárez, exdirector del IDRD y hoy representante de la Comisión de Atletas Colombianos, explicó la magnitud del impacto: “Respecto al presupuesto del año anterior, es una reducción del 33 %. Y si lo comparamos con el año en que más recursos tuvo el Ministerio del Deporte, la reducción sería del 86 %”. El cálculo, dice, implica el derrumbe de toda la cadena deportiva, desde los Juegos Intercolegiados, que pasarían de atender 130.000 niños, a apenas 26.000, hasta la participación en eventos clave del ciclo olímpico, como los Juegos Olímpicos de la Juventud.
Sin embargo, más allá de la competencia, Suárez alertó sobre el daño social: “El deporte en Colombia es uno de los sistemas asociativos más importantes, según el DANE. Si se cae esa cadena, el Gobierno pierde una herramienta clave para dar oportunidades a jóvenes en alto riesgo social y de violencia”.
Para Erica Castaño, paratleta medallista de oro en los Paralímpicos de París 2024, la reducción pone en riesgo la posibilidad de una vida digna que encontraron muchos atletas con discapacidad: “Quitarnos la oportunidad de seguir adelante con nuestros empleos dignos sería llevar al sector paralímpico a vivir de la miseria y la mendicidad. Aquí hemos encontrado una opción de vida, de salir adelante, de ganar ingresos de manera legal, de hacer cosas buenas e importantes por nosotros, nuestras familias y por el país”. Insistió en que el deporte no es un gasto sino una inversión social, pues de los programas comunitarios, escolares y de infraestructura depende el futuro de generaciones enteras.
Según Carlos Ramírez, doble medallista olímpico en BMX, la crisis debe medirse en diferentes niveles: “Nos estamos viendo perjudicados en el rendimiento, porque requiere mucha inversión en viajes y concentraciones, pero también en la infraestructura, porque con este presupuesto no lograremos hacer escenarios nuevos. Y en lo social, porque el deporte es un modo de vida y una salida para muchos niños”, dijo.
El ciclista advirtió que la precariedad obliga cada vez más a los atletas a depender de la caridad y el “crowdfunding” para asistir a competencias internacionales: “Eso puede ser una bola de nieve que va creciendo si no logramos negociar algo mejor para que el deporte siga creciendo”.
La preocupación fue compartida por el presidente del Comité Olímpico Colombiano, Ciro Solano, quien resumió el sentimiento general con una frase tajante: “Sin recursos, no hay resultados”. Solano recordó que programas como los Juegos Intercolegiados o los Nacionales son la cantera del deporte colombiano y que su desfinanciación equivale a truncar el relevo generacional. “Decir que habrá apenas $312.000 millones para todas las actividades del ministerio es prácticamente acabar con el deporte de alto rendimiento”, aseguró. El dirigente reveló que la ministra del Deporte, Patricia Duque Cruz, llevará una contrapropuesta de $750.000 millones al Congreso, confiando en que se apruebe como una alternativa viable frente al recorte.
Los deportistas, entretanto, sienten la incertidumbre en carne propia. El pesista Jeison López, medallista de plata en París 2024, relató que programas como “Deportista Apoyado”, que garantizan el sustento de cientos de atletas, podrían estar financiados solo hasta mediados del próximo año. “Eso nos pone a pensar: ¿qué vamos a hacer después de eso? Si no me apoyan aquí en mi país, tengo que buscar otra opción, incluso representar a otros países”, confesó. López insistió en que mantener el presupuesto es vital no solo para quienes ya compiten, sino también para las nuevas generaciones que ven en el deporte una oportunidad de vida.
El contraste con las regiones es otro factor que desnuda la precariedad. “El presupuesto para el Ministerio del Deporte es de $312.000 millones, menos de la mitad de lo que invierte solo Bogotá, unos $800.000 millones. Antioquia y Valle invierten cifras similares, lo que hace aún más evidente la precariedad de los recursos nacionales”, explicó Javier Suárez. La consecuencia inmediata, añadió, es que la inequidad territorial se profundizaría, pues en los departamentos más pequeños el deporte no solo representa medallas, sino también integración comunitaria, prevención de violencia y salud pública.
La protesta en la Plaza de Bolívar fue un grito colectivo contra un panorama de incertidumbre que amenaza con debilitar al deporte colombiano en todas sus dimensiones. Dirigentes, federaciones y medallistas coincidieron en exigir al Gobierno y al Congreso un replanteamiento. Así lo explicó Erica Castaño: “el deporte dignifica, da trabajo, salva vidas. No podemos dejarlo morir”.
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