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Para nadie es un secreto que desde hace años la prensa escrita se encuentra en una crisis existencial, generada por el surgimiento furioso de las redes sociales y la difusión masiva e inmediata de información por todo el planeta. En todas partes, medios antiguos y reconocidos han tenido que replantear desde cero la forma de financiarse y de generar nuevas formas de periodismo que les permitieran seguir subsistiendo. Colombia y El Espectador no han sido la excepción.
Durante los últimos años, al leer el periódico, me he encontrado ya varias veces con reportajes “patrocinados” que, si bien suelen estar correctamente escritos y fundamentados, cumplen sin falta con los criterios de promoción de los benefactores. No me han gustado. Pienso que la labor periodística se ve cegada e incluso censurada cuando el límite entre la publicidad (que no es nueva en este ni en ningún periódico) y el periodismo crítico se hace borroso. Sin embargo, con el tiempo he entendido que no vivimos ni en un mundo ni en un país perfecto y que El Espectador lleva a cabo importantes labores que hoy día ningún medio del país realiza. Puede que sea el último de los grandes medios nacionales que hace aún una reportería crítica, lejos del partidismo y en general aguda en su crítica a los poderes del país, vengan de donde vengan. Por supuesto, como en cualquier periódico, hay un criterio editorial marcado por la política y la ideología. No está exento de equivocaciones. Pero es el mejor periódico que tenemos y por eso lo leo todos los días.
Sin embargo, me ha sorprendido, ingratamente, la publicación de los tres especiales patrocinados por Asocapitales durante el último mes. Las nuevas estrategias de financiación de los medios, como yo lo veo, no pueden estar por encima de los límites éticos. La publicación de material patrocinado con dineros públicos, destinado a promocionar las “grandezas” de administraciones locales y regionales actuales, salta ese límite. Sí, es cierto que Asocapitales no es técnicamente una entidad pública, pero sí es financiada con los aportes que hacen las administraciones locales que la conforman.
Queda ya muy poco tiempo para las elecciones locales, que puede que sean las más importantes que el país haya visto en mucho tiempo. Es precisamente por eso que el periódico debería abstenerse de publicar material publicitario destinado, sin duda, a fortalecer las candidaturas de los aspirantes continuistas correspondientes. Sobre todo, en un momento en que los lectores necesitamos una reportería incisiva e imparcial sobre las administraciones salientes, que nos permita informar la decisión que cada uno tomará en las urnas en octubre.
No es un problema partidista ni importa el lugar en el espectro político de los alcaldes destacados en los especiales publicados (aunque no puedo dejar de notar que los tres son de grupos políticos que hicieron campaña por Rodolfo Hernández en las pasadas elecciones presidenciales). Es un problema de lealtad con el proceso democrático, un proceso donde la labor del periodismo es central.
Entiendo que necesitan que el periódico sea rentable para mantener sus empleos. Pero espero que entiendan que para mí, como para otros miles de lectores, la labor de El Espectador es invaluable, más en esta difícil época de la política nacional. Espero que puedan reconsiderar su alianza con Asocapitales o, al menos, aplazar la publicación de los especiales hasta después de las elecciones locales del próximo octubre. Mientras tanto seguiré leyendo su periódico, con la misma expectativa con que lo he hecho siempre.
Eduardo Bustos Moreno.
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