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El Kremlin ha iniciado una campaña para influir en las elecciones parlamentarias de Moldavia, en lo que podría convertirse en un nuevo modelo de injerencia electoral en internet.
Desde que regresó a la Casa Blanca en enero, el presidente Donald Trump ha desmantelado los esfuerzos del gobierno estadounidense para combatir la desinformación extranjera. El problema es que Rusia no ha dejado de difundirla.
Hasta qué punto eso importa puede verse ahora en Moldavia, una pequeña pero estratégica nación europea que, desde el final de la Guerra Fría, ha recurrido a Europa y a Estados Unidos para salir de la sombra de Moscú.
El gobierno de Trump ha recortado drásticamente el apoyo diplomático y financiero a la lucha del país contra la influencia rusa, incluso cuando el Kremlin ha llevado a cabo lo que investigadores y funcionarios europeos describen como una intensa campaña para influir en las elecciones parlamentarias de ese país, previstas para el 28 de septiembre.
Los rusos han inundado las redes sociales con publicaciones, videos y sitios web enteros falsos, creados y difundidos en TikTok, Telegram, Facebook, Instagram y YouTube mediante herramientas de inteligencia artificial cada vez más eficaces.
Una publicación se hizo pasar por OK!, la revista que cubre celebridades y que tiene sede en Nueva York, en un intento de difamar a la presidenta de Moldavia, Maia Sandu, con una absurda acusación que implicaba a donantes de esperma famosos.
Hace un año, cuando el país celebró sus elecciones más recientes, los funcionarios del gobierno de Joe Biden hicieron retroceder este tipo de campañas, al instar a plataformas como Meta, propietaria de Facebook e Instagram, a hacer más para identificar a los trols o las cuentas no auténticas. Ya no es así.
“Los rusos pueden ahora controlar básicamente el entorno informativo de Moldavia de una forma que solo podían soñar hace un año”, dijo Thomas Melia, exfuncionario del Departamento de Estado y de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.
El resultado en Moldavia será un indicativo temprano del impulso del gobierno de Trump para desmantelar los esfuerzos estadounidenses por promover la democracia desde el final de la Guerra Fría. Además de recortar la ayuda exterior, el gobierno ha diezmado otros instrumentos de influencia estadounidense, como Radio Free Europe y Voice of America, que fueron fundamentales en la lucha geopolítica con la Unión Soviética.
“Este tipo de destrucción imprudente y gratuita de todos los elementos del poder blando de Estados Unidos”, dijo Melia, “claramente está dejando el campo libre para que otros se lancen sin oposición”.
Cuando se le preguntó, el Departamento de Estado declinó hablar de las operaciones de influencia de Rusia en Moldavia. La Casa Blanca no hizo comentarios.
Aunque Trump ha tachado repetidamente de engaño la injerencia rusa en las elecciones, las operaciones encubiertas de influencia del Kremlin están bien documentadas, incluso en las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado y en las votaciones de este año en Alemania, Polonia y Rumanía.
Los esfuerzos rusos también se han perfeccionado con la experiencia y han tenido la ayuda de tecnologías en rápida evolución que han convertido a Moldavia en un modelo de las formas en que el Kremlin trata de ejercer su influencia en otros países.
El Centro Stimson, una organización de investigación en Washington, calificó a Moldavia, que comparte frontera con Ucrania, de “campo de pruebas para operaciones de guerra híbrida” que “probablemente darán forma a esfuerzos similares” en toda Europa.
El objetivo de Rusia es mantener al país, antigua república de la Unión Soviética, dentro de la órbita del Kremlin.
Según informes de los medios de comunicación rusos, la tarea fue asignada a uno de los lugartenientes de mayor confianza del presidente Vladimir Putin, Sergei V. Kiriyenko. Los esfuerzos se intensificaron incluso cuando el gobierno de Trump señaló que ya no se comprometía a luchar contra ellos, según los investigadores que rastrean las campañas de influencia maligna en internet.
WatchDog, un consorcio de investigadores en Moldavia, dijo en un informe el mes pasado que había encontrado más de 900 cuentas vinculadas a Rusia trabajando de forma concertada en las aplicaciones más populares del país, incluidas TikTok y Facebook, así como Telegram, YouTube e Instagram. Algunas incluían videos que sus investigadores y otros dijeron que habían sido creados con IA.
En julio, la Policía Nacional destacó una campaña en TikTok. “Cada día, los agentes detectan cientos de nuevas cuentas creadas para desinformar y manipular a la sociedad”, advirtió la agencia.
TikTok, al responder preguntas, dijo que estaba trabajando con las autoridades de Moldavia para instalar “medidas adicionales de seguridad” antes de las elecciones. En junio, cerró una red de 314 cuentas con más de 100.000 seguidores que se dirigían al público moldavo y utilizaban herramientas para camuflar su origen en Rusia.
Gran parte de la campaña de este año ha sido llevada a cabo por agentes rusos a quienes los investigadores ya reconocen.
NewsGuard, una empresa de Nueva York que rastrea la desinformación en internet, documentó 39 historias fabricadas dirigidas a Moldavia y realizadas en un periodo de tres meses por un grupo encubierto conocido como Matryoshka, en honor a las muñecas rusas.
Matryoshka, identificado por primera vez en 2024, bombardea a periodistas y verificadores de hechos con correos electrónicos que los alertan sobre contenidos falsos difundidos en las redes sociales.
Esta primavera, su atención se centró notablemente en Moldavia, según un informe de Check First, una empresa de investigación digital de Finlandia, y Reset Tech, una organización internacional sin fines de lucro que rastrea las amenazas en internet. En ocasiones, la campaña se centró en Sandu incluso más que en el objetivo favorito habitual de Rusia, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
Sandu, exasesora del Banco Mundial que en 2020 se convirtió en la primera mujer elegida presidenta del país, advirtió este verano que Rusia estaba apoyando abierta y encubiertamente a partidos parlamentarios simpatizantes para avivar las divisiones políticas y sociales.
Tras una reciente reunión con el consejo de seguridad del país, Sandu detalló numerosas formas en que el Kremlin trataba de ejercer su influencia. Acusó a Ilan Shor, empresario moldavo prófugo que ahora está refugiado en Moscú, de ser un conducto de los esfuerzos rusos.
Dijo que el afán “supone una amenaza directa para nuestra seguridad nacional, nuestra soberanía y el futuro europeo de nuestro país”.
Kristina Wilfore, investigadora de Reset Tech, dijo que las historias tenían a menudo un tono misógino, un tema recurrente en las operaciones de información rusas hacia las mujeres que ocupan cargos electos.
La misoginia se mezcla a menudo con temas homófobos, en consonancia con los esfuerzos de Putin por presentar a Rusia como defensora de los valores culturales tradicionales de la familia, la Iglesia y el Estado. Es una narrativa adoptada por la derecha estadounidense, incluido Trump.
“La guerra del Kremlin contra las mujeres es una guerra contra la democracia”, dijo Wilfore, y citó ejemplos de otras funcionarias que los rusos han puesto en su mira, como Annalena Baerbock, ministra alemana de Asuntos Exteriores, y Jacinda Ardern, ex primera ministra de Nueva Zelanda.
En su país, la visión de Sandu para Moldavia sigue siendo controvertida. Aunque fue reelegida el año pasado, una propuesta de adhesión a la Unión Europea apenas fue aprobada en un referendo, a pesar de que las encuestas mostraban un apoyo más amplio. Los investigadores dijeron que el reñido resultado podría deberse a la influencia rusa. Con un país tan dividido, influir tan solo en un pequeño porcentaje de votantes puede ser decisivo.
Cuando el gobierno de Trump recortó la ayuda exterior estadounidense este año, el impacto recayó con especial dureza en Moldavia, un país pobre de 2,4 millones de habitantes.
Entre los recortes había 22 millones de dólares destinados a reforzar el “proceso político inclusivo y participativo” de Moldavia. Otro recorte fue de 32 millones de dólares de lo que Trump, en un discurso ante el Congreso, calificó de “operación de propaganda de izquierda”, que incluía el apoyo a los medios de comunicación independientes del país.
Trump y sus ayudantes se burlaron de esos programas por considerarlos un despilfarro, y afirmaron que los recortes ahorraban dinero de los contribuyentes estadounidenses al tiempo que protegían el derecho a la libertad de expresión. Desde entonces, el gobierno ha impulsado su campaña en el extranjero y ha reprendido a la Unión Europea por los requisitos que esta ha impuesto a las principales plataformas de redes sociales —la mayoría de ellas estadounidenses— para frenar el contenido maligno en línea.
El mes pasado, Trump utilizó su propia plataforma, Truth Social, para amenazar con imponer aranceles a los países que sancionen a los gigantes tecnológicos. El secretario de Estado, Marco Rubio, ordenó a los diplomáticos que presionaran para debilitar o anular las leyes, incluida la Ley de Servicios Digitales, que ha investigado, entre otras, la plataforma X de Elon Musk.
El menosprecio por parte del gobierno de Trump al apoyo estadounidense jugó a favor de los rusos, pues alimentó la propaganda de que la ayuda había sido, de hecho, su propio tipo de injerencia.
“Una cosa es que los propagandistas rusos y los políticos rusos ataquen la legitimidad de la acción de las organizaciones de la sociedad civil de los organismos de derechos humanos”, dijo Valeriu Pasa, presidente de WatchDog. “Es absolutamente diferente si los líderes estadounidenses hacen eco de las mismas narrativas”.
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