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Cerraba con su tema emblemático cuando pasó algo que no se esperaba. Un grupo musical de Puerto Rico, que estaba en el público con sus tamboras y demás, comenzó a seguir el ritmo de “Patacón pisao”, y se formó un jolgorio caribeño que confirmaba la visión que Coronel tiene sobre la música.
—La música nos hermana. Los que somos músicos tenemos el privilegio de que, sin conocernos, solamente articulando melodías, podemos hacer esos ensambles espontáneos— dijo después Juan Carlos Caronel mientras estábamos frente a un ventilador que también sonaba a Caribe.
Varias personas se acercaron a él cuando terminó su presentación en el Mercado Cultural del Caribe. Le pidieron fotos, videos y hasta una opinión sobre una canción. Afirmó que había que grabar música propia y, mamando gallo, que ya eso era una consulta por la que él cobraba.
También habló sobre la cumbia sin que nadie se lo hubiera pedido, como cuando se tiene una idea guardada sobre algo y se necesita decirlo. Su disco, que lanzará a inicios del próximo año, tiene que ver con cumbia y con otros sonidos bolivarenses. Volverá a sus raíces y hace hincapié en la tradición del territorio que lo vio crecer.
Noto sentido de pertenencia en esto que mencionaba sobre volver a la tradición…
Sí, porque creo que con la fortaleza y la riqueza que tenemos podemos establecer puentes y conexiones musicales. Además de que, con toda la experticia e información acumulada, podemos hacer una simbiosis única.
¿Cómo fue el surgimiento de la cumbia en esta región?
Yo creo que fue la manera que encontraron (los esclavos) de exteriorizar esa frustración, el maltrato y la tortura fue con los bailes y rituales que ellos tenían, con la exploración de los tambores, que eso es de mamá África, y se establece en nuestro territorio. Eso fue como la verdolaga, una planta silvestre que se da aquí en nuestra zona y se expande rápidamente. Es lo que yo denomino la cumbia de mar y soy categórico en afirmar que la cumbia nació aquí en Cartagena.
La cumbia ha roto fronteras y cada vez se renueva, ¿cómo ve el momento que pasa este género en Cartagena?
Es un poco preocupante porque, teniendo tanta riqueza y tanto acervo probatorio, con la cumbia creo que está estamos muy distraídos. Por eso yo le apuesto en un nuevo proyecto, un disco donde estoy haciéndole una apuesta seria a este sonido hegemónico nuestro de la cumbia, que viene aderezado con otro tipo de cosas que, desde mi perspectiva, desde mi punto de vista y de mi sensibilidad, como músico propongo. Espero que la gente se conecte con esto porque también es una invitación y abrirle un espacio de la nueva generación.
Hoy la electrónica se mezcla mucho con la cumbia, por ejemplo…
Todas estas propuestas y motivaciones de tomar nuestra y hacer que esa música incursione la electrónica o que la electrónica incursione, más bien, porque saben lo exótico y lo distinto que los hace y sobre todo que ven que en la cumbia hay una riqueza para lograr hacer ese tipo de simbiosis que difícilmente se puede hacer con otro ritmo. A mí me parece si una de estas mezclas electrónicas tiene una buena sustentación, que no sea invasiva, que no tergiverse y que no desdibuje la esencia, es válido.
¿Por qué cree que la cumbia se ha vuelto tan universal?
Porque eso nos hace único. Hace poco experimenté una sensación bonita, estuve visitando Palenque y ves tú a los niños que se acercan a un tambor y con 5 o 6 años cogen el tambor y tocan una chalupa sentada, tocan un son de negro y aprenden ellos solos, o sea, eso está en su ADN. Entonces a un DJ de estos se le facilita tomar una célula rítmica, ponerle un beat y desde ahí desglosar efectos. Nuestro jazz es la cumbia, el son de negro, el bullerengue, el mapalé, entonces se establecen unos diálogos y unas conversaciones que dan ese abanico de posibilidades.
Está en una gesta, como usted mismo lo dice, con la música de Cartagena, ¿cómo lo está llevando a la práctica?
Primero, hay que nacer aquí, para entenderlo, para vivirlo y para expresarlo. Si hago un resumen de todo lo que he aprendido, lo que he escuchado y vuelvo a la cumbia, siento que hay mucho que proponer todavía. Es una invitación gentil a crear propia música, nuevas letras, nuevas historias nuevas, melodías y llevarlas con otras sonoridades, pero con la base de la cumbia.
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Coronel viene trabajando desde hace más de dos años en su nuevo disco. Cada vez que puede le hace correcciones y ajustes. Dice que ya tiene que soltarlo, porque entonces nunca lo va a terminar. También dice que tendrá que registrar las canciones nuevamente porque, con las modificaciones, se han vuelto otras canciones.
—Cada vez me asusta más. Ya hoy parecen otras canciones— expresa mientras seguimos bajo el cobijo de aquel ventilador, que sonaba a lo que suenan los sueños caribeños.
Juan Carlos es perfeccionista con su oficio. Ahora se irá mientras dice que es un músico de 24 horas. Llega a su casa, duerme y sigue siendo músico. Se despierta en medio de la noche, toma un vaso de agua y se le ocurre una melodía que podría estar en su próximo álbum.