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Esta semana finalizó una de las batallas familiares más relevantes desde que los reyes de antaño decapitaban esposas y envenenaban primogénitos: la pelea entre los herederos del imperio mediático de Rupert Murdoch, el magnate detrás de Fox News, entre una larga lista de otras compañías.
De fondo, lo que se jugaba en la pelea legal que empezó formalmente desde el año pasado, era el control de qué mensajes políticos, y cómo circulan, en el mundo de habla inglesa, con especial énfasis en EE.UU. y en menor medida Inglaterra y Australia.
No vale la pena desgastarse en resaltar la importancia de Fox News para la política estadounidense, menos aún con un mandatario adicto a la televisión por cable y a la idolatría, una mezcla entre Narciso y la reina de los Siete Enanitos.
El punto acá es que, en la medida en que la política estadounidense parece cada vez más un enfrentamiento entre trincheras (metafóricas y dialécticas, hasta que lo sea literalmente), las relaciones entre los herederos Murdoch se fueron agriando y dividiéndose. No sólo era un tema de dinero (que lo es, por supuesto), sino de visión del mundo: entre la derecha trumpiana y todo lo demás.
El asunto preocupó tanto al patriarca y creador del imperio (que a su vez nació sobre una herencia paternal, vale aclarar), que en 2024 se presentó un plan con un nombre tan paradójico como cómico para cimentar el poder de Lachlan (uno de los cuatro hijos mayores de Rupert Murdoch) como líder indiscutible de Fox y todo lo demás. La iniciativa se llamó Proyecto Armonía Familiar y establecía un cambio al fideicomiso que gobernaba y dividía la tenencia de las acciones (y del control) del imperio entre Lachlan y sus otros tres hermanos mayores (James, Liz y Prue).
La armonía desemboco en una demanda, con un juicio que se desarrolló a puerta cerrada durante seis días en Reno (Nevada), en donde está inscrito el fideicomiso. El resultado del pleito es un arreglo bajo el cual Lachlan se hizo al control del emporio mediático, desprendiéndose en el camino de unos US$3.300 millones (US$1.100 millones).
Aunque esta habría sido la jugada más lógica desde el principio, los billonarios llevaban años sin ponerse de acuerdo sobre un monto adecuado para esta compensación (que terminó siendo más de un 30 % superior a la última oferta que hizo Lachlan, hace ya unos años).
Fox y compañía
Hablar de imperio mediático suena tan poderoso, como vago. A ciencia cierta, Lachlan quedó como la cabeza más visible de dos grandes grupos, Fox Corporation (que incorpora buena parte de las empresas afincadas en EE.UU., incluyendo la cadena de noticias de derecha) y News Corp (en la que se agrupan las operaciones del Reino Unido y Australia, además de marcas como The Wall Street Journal).
Hay que despiezar el juguete para entender cómo funciona.
Bajo Fox Corporation operan Fox News, Fox Entertainment (sin el estudio de cine y televisión, que fue vendido en 2019 a Disney por US$71.300 millones) y Fox Sports, principalmente.
La corporación llegó a ingresos récord por US$16.000 millones y ganancias por US$2.290 millones para el año fiscal que finalizó el 30 de junio pasado.
Por la otra parte, la de News Corp, tenemos dos marcas pesadas en el mundo financiero: The Wall Street Journal y Dow Jones. También hay tres periódicos en Inglaterra (The Times, The Sunday Times y The Sun) y The Australian en, claro, Australia (entre otros medios de ese país). En este grupo también se encuentra Harper Collins, uno de los principales jugadores en el mundo editorial (especialmente de habla inglesa).
La pelea entre los Murdoch
El problema entre los hermanos estaba centrado, especialmente, en James y Lachlan.
Para este punto de la historia, el fin de la batalla legal no significa un cambio sustantivo en la forma como se manejan las compañías de los Murdoch, principalmente porque Lachlan las controla al ser el presidente ejecutivo y CEO de Fox, así como el presidente de News Corp.
Pero antes de la subida de Lachlan, que en buena parte ascendió al trono por nombramiento de su padre, era James el heredero que más despuntaba en la escalera corporativa del imperio, con más de una década de trabajo en varios roles y territorios. Todo mientras Lachlan eligió retirarse a Australia con su familia y distanciarse de los negocios de su padre.
Sin embargo, la visión de James es más liberal que los puntos de vista que, día a día, sostiene Fox News: conspiraciones electorales que no existen, propaganda antivacunas y otra serie de corrientes de desinformación que bordean el terraplanismo en horario estelar y con una audiencia vasta y poderosa.
De ahí nació la idea del patriarca y de Lachlan de tratar de cimentar el poder del hijo ungido sobre el imperio mediático, tratando de torcerle el pescuezo a un fideicomiso que pretendía, justamente, cuidar la participación de los cuatro hermanos en el multimillonario negocio.
El juicio que arrancó por cuenta de la demanda de los hermanos contra el heredero seleccionado y el padre concluyó con un fallo a favor de los hermanos y varias frases de parte de la justicia condenando el proceder de los arquitectos del Proyecto Armonía Familiar.
Pero, en paralelo, continuaron las negociaciones para llegar a un acuerdo (no amigable, pero al menos no judicial) para disolver el fideicomiso y permitir que la voluntad de Murdoch padre se hiciera. En otras palabras, se trataba de ver cuál era la cifra que satisfacía a las partes demandantes. Y ese número fue US$1.100 millones por cabeza, restando, claro, los descuentos tributarios.
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