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“¡Y todavía no aprenden!”, habrá dicho, confiado, cualquier hincha de Real Madrid este miércoles en la tribuna del Santiago Bernabéu. “¡Ganamos, seguro!”, podría haber dicho cualquier otro, mirando la pantalla del televisor cuando, al minuto 87, el cuadro blanco perdía 1-0 con Bayern Múnich y se estaba quedando por fuera de la final de la Champions League. Aunque los seguidores del cuadro alemán y los antimadridistas del mundo, unidos, se negaban a creer que, una vez más, el conjunto merengue renacería de las cenizas, el pronóstico era demasiado obvio. Porque no hay más craso error, sobre todo en este torneo, que dar a los de Chamartín por muertos. Y es todavía peor presumirlos sentenciados en su propio feudo.
Al frente podían poner a cualquiera. Nadie se atrevería a dudar de Bayern Múnich, un equipo con tradición, jerarquía, títulos e historia, con las charreteras para cerrar partidos y la sabiduría de cómo se juegan este tipo de encuentros en instancias tan decisivas. Solo se dudaría si, en frente, está Real Madrid, un equipo más acostumbrado que cualquiera a ganar esta clase de partidos.
Quedará marcado para siempre José Luis Mato Sanmartín, “Joselu”, como el héroe de una nueva noche épica, como el Benzema de otras tardes históricas en las que el Madrid, cuando ya se sentía tendido en la lona, era revivido por un nueve inspirado en un juego de antología. Fue entonces, en el 87, cuando en Múnich ya se visualizaban en Londres, que el delantero español aprovechó un rebote de Manuel Neuer, la figura hasta esa altura, para empatar una serie que llegó a España igualada 2-2.
ES HUMANO: ERROR DE NEUER Y EMPATE AGÓNICO DE REAL MADRID. JOSELU.
— SportsCenter (@SC_ESPN) May 8, 2024
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Tantas veces se ha visto esa película que, cuando Real Madrid venció el cero, todos ya sabían lo que iba a pasar. Sin “spoiler”, sin el famoso giro de trama o punto de quiebre, lo que hoy en día llaman “plot twist”, todo el estadio ya sabía, incluso antes de que llegara el 2-1, que el cuadro blanco estaba en la final de la Champions, que la ilusión de la quinceava corona era inevitable. Aburriría, porque es una trama demasiado repetida, pero asombra, porque todavía nadie puede encontrar una explicación certera. Algo que parezca tangible, un razonamiento lógico que permita entender cómo, año tras año, la película siempre es la misma.
Y fue entonces Joselu, con el suspenso de un gol que fue revisado hasta el último milímetro por el VAR ante un inexistente fuera de lugar, el encargado de cerrar una nueva faena en el 90+1, una remontada más para una lista interminable de triunfos históricos. Tantos que la historicidad de las gestas se vuelve un adjetivo manido, aunque cada una tiene su toque especial dentro de la leyenda del club más grande en la historia del deporte. Puede ser debatible, pero es difícil encontrar tan abrumadora diferencia de un solo equipo respecto al resto en todas las disciplinas.
¡¡VALE!! ¡¡DOBLETE DE JOSELU Y AGÓNICO 2-1 DE REAL MADRID!! INCREÍBLE.
— SportsCenter (@SC_ESPN) May 8, 2024
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En medio de la fantasía y de la llamada mística, las inexplicables razones del éxito, habría que resaltar claves que, por lo repetidas, dejan de ser coincidencia. La primera, Carlo Ancelotti: un entrenador sereno, con mano y buen ojo para leer los partidos, para prepararlos y crear equipos competitivos. La segunda, una generación de jugadores históricos; Luka Modric, Toni Kroos, Daniel Carvajal, Nacho, entre otros. Que en los últimos 10 años su nombre se repita en cada hazaña, sin duda, no puede ser una casualidad. La tercera, la afición; bien han dicho siempre que, cuando el Bernabéu habla, el fútbol hace silencio. Y la última, Florentino Pérez; un dirigente que, entre sombras y luces por sus negocios dentro y fuera del deporte, es el mejor gestor de plantillas que se recuerde en la historia del balompié.
Es un coctel demasiado poderoso, fórmulas inscritas en las páginas doradas de un equipo sin parangón. Tal vez, mientras todos se preguntan cómo lo hacen, la respuesta a lo inexplicable estaría en la confianza de Real Madrid, una autoestima avasalladora de un proyecto imposible de imitar. Lo saben los que lo aman, los que perdiendo en el minuto 87 están serenos, convencidos de la grandeza que, más tarde que temprano, por un camino u otro, siempre los lleva a la máxima cima.
Dortmund, un rival con mística
Por supuesto, en medio de las palabras empalagosas y las explicaciones rimbombantes de su victoria, habría que aclarar que Real Madrid todavía no es campeón de la Champions League, por más de que, por escándalo, sea el gran favorito para levantar la copa, el próximo 1° de junio, en el mítico Wembley.
Todavía, por delante, le queda vencer a Borussia Dortmund, un rival que llega con mística. En las apuestas, los alemanes tienen todas las de perder. Son el gran palo del torneo, tras una temporada en la que van quintos de la Bundesliga justo el año después del torneo, en 2023, cuando perdieron el título de la Liga de Alemania en la última fecha, precisamente contra Bayern Múnich.
El gran muro amarillo esperaba toparse, tras sacar el martes al frívolo PSG, con el gigante bávaro, su archirrival. Revivir la final de 2013, cuando los goles de Arjen Robben y Mario Mandžukić los privaron de la posibilidad de levantar su segunda Champions, tras la conseguida en 1997. Marco Reus, el histórico del Dortmund que anunció su despedida del equipo al final de esta temporada, esperaba cobrar revancha del Bayern, el mastodonte al que despreció toda su carrera, mientras los otros, sus mejores aliados, se vendieron a su poder.
No habrá chance de ver esa historia, pero sí, tal vez, una todavía más épica. Es fútbol, nada está escriturado. Es otra gran verdad del balompié, un cliché como el de que Real Madrid, en la Champions, nunca puede darse por muerto. En finales solo ha perdido tres de 18: 1962, 1964 y 1981. 2024 no parece ser un año que vaya a ser agregado a la lista. Sin embargo, habrá que esperar al 1° de junio, el día en el que Dortmund conseguirá lo épico o en el que Madrid celebrará su decimoquinta Liga de Campeones.
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