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Tora nació como un “caso perdido”. Esta perrita de raza bulldog francés llegó al mundo sin ojos, con el hocico torcido y con severas dificultades para alimentarse, producto del cruce y la crianza irresponsable de razas. Su madre, explotada hasta el agotamiento, fue emparejada indiscriminadamente con un perro de la misma familia, dando como resultado una camada con graves malformaciones y enfermedades. Tora fue una de ellas y al no ser “útil” para ser puesta en venta, fue intercambiada por un bulto de comida con el que el hombre que la tenía alimentaría a los demás animales que seguía explotando.
A pesar de que la esperanza de vida de esta bulldog parecía casi nula, encontró una segunda oportunidad. Hoy vive en Funbra, un bioparque ubicado en Fusagasugá, Cundinamarca, que se dedica a rescatar y cuidar animales que, como ella, han sido víctimas del abandono, la irresponsabilidad humana, la explotación y el maltrato.
Junto a Tora viven más de 140 animales, entre perros, gatos, cabras, ovejas, cerdos y gallinas, que también han sido vistos como “desechables” o “casos perdidos” pero que en este albergue encontraron una esperanza de vida. Funbra no es solo un espacio de rescate; es un lugar que aboga por la dignidad animal, enfocándose en aquellos que otros consideran “irrecuperables”.
¿Qué es Funbra?
Fundado por Gisselle Uberta, quien lleva más de 15 años dedicada al cuidado animal, este santuario tiene una misión clara: darles una vida digna a los animales más vulnerables. Perros sin algunas extremidades, gatos geriátricos, cerdos con malformaciones, gallinas enfermas, entre otros animales con padecimientos especiales, encuentran aquí un hogar donde reciben atención médica, alimentación adecuada y, sobre todo, respeto. “Yo quiero que Funbra sea un espacio para esos casos que nadie se atreve a atender, que generan incomodidad. Darles esa oportunidad de una vida digna es lo que realmente vale la pena”, afirma.
Gisselle empezó este proyecto con el objetivo de rescatar a aquellos animales de compañía víctimas de maltrato o abandono, pero pronto se dio cuenta de que el bienestar animal va mucho más allá de cuidar y encontrar hogar a los perritos y gatitos callejeros. Hay otras especies que son igualmente maltratadas y vulnerables, pero que casi nadie vela por ellas: las de granja.
¿Qué pasa con los animales de granja?
Si bien los perros y gatos suelen recibir más atención mediática y se suelen visibilizar más los casos, gracias a la conciencia reciente de que son animales sintientes, Funbra también se ocupa de los animales de granja, quienes padecen una de las formas más invisibles de maltrato. En la industria alimentaria, cerdos, cabras, vacas y aves son vistas únicamente como productos.
“Un perro ciego o sin una pata lo descartan, pero en los animales de granja no. Si el animal pesa o produce, lo siguen explotando, aunque esté enfermo, inválido o con malformaciones”, denuncia Gisselle. Según su experiencia y los casos que ha encontrado, estos animales pasan su vida confinados en espacios diminutos, privados de luz solar y de la posibilidad de moverse libremente. Además, sus cuerpos son manipulados hasta el extremo para maximizar ganancias, sin importar el dolor o sufrimiento que ello implique.
En Funbra, han llegado casos desgarradores, como el de una cabra que tenía seis patas o gallinas que estaban extremadamente enfermas y que seguían siendo explotadas a pesar de sus condiciones. Este tipo de animales, aunque marcados por el abuso, encuentran en el albergue un lugar donde pueden experimentar, quizá por primera vez, el contacto con la naturaleza y la tranquilidad. “Lo que queremos es darles una vida digna, aunque sea un solo día, ya que estos llegan muy enfermos (…) Que puedan caminar sobre el pasto, sentir el sol y estar libres de las jaulas es lo mínimo que merecen después de todo lo que han sufrido”, reflexiona Gisselle.

La misión detrás de Funbra
El bioparque no solo alberga animales, sino que busca ser un modelo de bienestar integral. Además de rescatar y rehabilitar, Gisselle trabaja en la capacitación y asesoría de sectores vinculados con la explotación animal, promoviendo prácticas que prioricen el bienestar y la dignidad. “Esta labor no es solo de amor, es de acción”, enfatiza. Además, promueve campañas de esterilización a bajo costo, implantación de microchips, atención de urgencias y más, recibiendo así, certificaciones del Instituto de Protección Animal del departamento.
Al tener un enfoque en ayudar a los seres con condiciones especiales, todos ellos requieren atención médica constante, dietas especiales y medicamentos, lo que incrementa significativamente el valor de su cuidado. Para cubrir los costos y recoger fondos que garanticen una atención adecuada de los “chinitos”, como Gisselle llama con cariño a los animales que alberga, ha buscado múltiples formas de ser autosostenible, entre las que se encuentran:
- Donaciones económicas o en especie: la entrega de alimentos, medicamentos, implementos de aseo y servicios de transporte resulta fundamental para el funcionamiento del bioparque.
- Programas de apadrinamiento: las personas que quieran tener un animal de granja pueden asumir los costos básicos de su cuidado y conocer de cerca los resultados de esta ayuda.
- Voluntariado: existen múltiples oportunidades para quienes deseen colaborar en labores como limpieza, transporte, asistencia veterinaria o apoyo en la adecuación del nuevo espacio al que este año se van a trasladar.
- Ecoturismo responsable: el bioparque abre sus puertas al público para que se visibilicen las historias de los animales y se fomente una mayor conciencia sobre la importancia del bienestar animal. Las familias pueden ir a Funbra y pasar allá una tarde rodeados de naturaleza y animales que, de una u otra forma, dejan una gran lección.
Este santuario no solo es un refugio; es un lugar donde se transforman vidas. Animales como Tora encuentran aquí algo que el maltrato les había arrebatado: la dignidad. “Darles una segunda oportunidad no solo les cambia la vida a ellos, también nos enseña a ser mejores como sociedad”, concluye la fundadora.En Funbra el dolor y el abandono son reemplazados por esperanza y amor, dejando una huella imborrable tanto en los animales como en quienes deciden apoyar esta noble causa. Si quiere ayudar o conocer más, aquí están sus redes sociales.

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