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El fin de semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso aranceles de 25 % a las exportaciones de Canadá y México que entran a ese país, así como de 10 % a las provenientes de China. Este lunes, parecía que la medida contra los productos mexicanos y los canadienses se dilataría un mes más.
Con apenas dos semanas en ejercicio, algunas de las palabras más calientes alrededor de la administración de Trump pueden ser incertidumbre y volatilidad. Y si algo ha quedado claro en estos días es que la política comercial será una de las principales armas de negociación (o de extorsión, dependiendo de quien lo juzgue) del presidente estadounidense.
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Bajo ese panorama, y después de haber pasado de un simulacro de aranceles a las propias exportaciones colombianas, lo que queda claro es que la conversación alrededor del comercio está ciertamente plagada de incógnitas, pero, a la vez, de movimientos estratégicos para intentar posicionarse frente a las debilidades de competidores en este escenario.
En otras palabras, en el río revuelto de los aranceles, hay jugadas que pueden (y deben, incluso) hacerse para pescar oportunidades y, quizá, fortalecer y diversificar las exportaciones.
Los retos que plantea los aranceles de Estados Unidos
La decisión de Trump sobre aranceles (con la tentativa pausa de un mes en el caso de México y Canadá) tiene el potencial de alterar el comercio global, hasta un punto. De acuerdo con los datos de la Organización Mundial de Comercio, estos tres países están en el top cuatro de las fuentes de importaciones de Estados Unidos, el otro es la Unión Europea, bloque al que Trump también ha amenazado con aranceles y que desde ya advirtió que reaccionará “con firmeza” si se materializan los anuncios.
De México se importan, especialmente, automóviles, camiones, autobuses y productos electrónicos; desde Canadá, petróleo (en este caso, para el rubro de energía el arancel será de 10 %, según informó la Casa Blanca), vehículos y piezas para vehículos, y de China, celulares, computadores y juguetes, de acuerdo con los datos recopilados por Bloomberg. Al final, esta medida podría pegarle al bolsillo de los consumidores estadounidenses con incrementos en los precios de vehículos, pero también de verduras, frutas, bebidas alcohólicas, ropa y mucho más.
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Estas medidas no sólo tocarán los bolsillos de consumidores en EE.UU., además de empresas y ciudadanos de a pie de los países castigados con los aranceles, sino que tienen el potencial de interferir con los flujos del comercio global y, de paso, ir tocando asuntos como la inflación, la tasa de cambio o las dinámicas de inversión.
Pero, a la vez, podrían representar una ventana de oportunidad para empresas y productos de otros mercados, que podrían entrar a suplir problemas de suministro o entrar a competir con mejores precios en la medida en la que no tengan aranceles.
Las oportunidades de la guerra comercial
De fondo, pensar el comercio internacional de Colombia sin EE. UU. en la ecuación no es una posibilidad viable en este punto y algunos argumentan que tampoco es una realidad tangible hacia el futuro.
Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones colombianas. Tan sólo en los últimos 10 años, este país ha tenido una participación en las ventas internacionales de Colombia que no ha bajado de 25 % año a año, llegando a un pico de 32 % en 2016 y a su punto más bajo en 2018, con 25,47 %, según datos del Ministerio de Comercio.
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Entre enero y noviembre de 2024 (el dato más reciente), el 29,1 % de las exportaciones del país tuvieron como destino a EE.UU. De acuerdo con la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), estas cifras representan un crecimiento anual (o sea, frente al periodo enero-noviembre de 2023) de 7,6 %, llegando a totalizar más de US$13.000 millones.
En este escenario, un extenso análisis de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham) identificó una serie de productos de exportación que compartimos con China, Canadá y México, en los cuales el país tiene una ventaja competitiva frente a estos países, más aún en medio de una guerra arancelaria.
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En los tres escenarios, el sector que destaca es el agro y la agroindustria, con renglones comunes frente a los tres competidores como la industria agroalimentaria y los animales vivos y productos del reino animal, entre otros.
Según este análisis, Colombia tiene cómo competir con China, de cara al mercado de Estados Unidos, en terrenos como productos frescos y procesados “aprovechando la creciente demanda estadounidense por alimentos sostenibles y con trazabilidad certificada”, además de la cercanía geográfica con ese mercado.
Amcham viene monitoreando las fortalezas y debilidades de Colombia de cara a las exportaciones a Estados Unidos desde 2019. Desde entonces se han encontrado 144 partidas arancelarias con ventajas comparativas frente a China, con 43 de estas que se revelaron en 2023.
Para el caso canadiense, Colombia comparte 634 partidas arancelarias en común que llegan a Estados Unidos. De estas, el país tiene una ventaja comparativa en 43, según el análisis de Amcham. “Productos como azúcar, frutas preparadas y grasas animales o vegetales son ejemplos de bienes donde Colombia tiene un fuerte desempeño y puede competir con Canadá. Además, la diversidad de productos frescos y tropicales, como frutas exóticas, les otorga una posición competitiva única frente a las limitaciones climáticas de Canadá”, se lee en el documento.
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El escenario de cara a México es quizá el menos promisorio, pues si bien compartimos 601 partidas de exportación hacia EE. UU., las ventajas comparativas de los productos colombianos se ven sólo en 37 (apenas 6,7 % del total).
Este panorama ofrece algunas luces de esperanza en medio de la caprichosa política comercial de la administración Trump, por ponerlo de la forma más amable posible, pero a la vez también presenta retos importantes para el país y para los productores nacionales.
Según Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), la ampliación y mejoramiento del comercio exterior de Colombia es, aún, una tarea pendiente. “Si Colombia exportara el promedio per cápita de los países de la región, estaríamos exportando más de US$100.000 millones, pero en realidad estamos exportando US$50.000 millones”, dijo en una entrevista reciente con este diario.
Y añadió: “Mire cuánto llevamos con Estados Unidos. El aguacate hass duró 10 años para sacar su protocolo y con la uchuva gastamos un año. Le estamos diciendo al Gobierno que con ese país tenemos que lograr que estos procesos sean múltiples, no producto a producto, sino que podamos tener varios productos andando al mismo tiempo. Hay que hacerlo también con otros países”.
El documento de Amcham, por ejemplo, señala que uno de los renglones que podrían entrar a competir de cara a los castigos arancelarios contra Canadá, China y México (cuando eventualmente se apliquen) es el de maquinaria eléctrica: si el agro es la esperanza compartida, este tipo de máquinas son la oportunidad perdida común.
“En el capítulo de máquinas eléctricas, aunque la participación colombiana es limitada, existe una oportunidad significativa para desarrollar componentes eléctricos especializados, como transformadores pequeños y dispositivos de iluminación LED sostenibles. Mejorar la competitividad mediante inversión en tecnología y la obtención de certificaciones internacionales podría posicionar mejor a Colombia en este mercado”, se lee en el documento de Amcham.
Otros caminos para navegar los aranceles
Además de mejorar la competitividad de productos específicos de cara a los golpes arancelarios que puedan recibir Canadá, México y China, hay otras dos formas de tratar de encontrar beneficios en medio de la incertidumbre comercial.
En el primer escenario, la jugada involucra a México y unos asuntos llamados near y friendshoring (producir más cerca de un mercado o desde un lugar más afín a éste).
Ambos son movimientos que podrían impulsar el comercio internacional en Colombia, así como ser un motor de crecimiento. Esto, al menos teóricamente. En la práctica es más complicado. Al final de cuentas, no son asuntos nuevos y su materialización no es cuestión de un par de días, pues requiere de inversiones, logística y alianzas, entre otros varios asuntos vitales.
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Pero puede haber una grieta de oportunidad, pues la base preferida para este movimiento, México, podría estar llegando a capacidad en términos políticos, si se quiere. Hay cálculos que señalan que 85 % de la inversión en nearshoring que ha recibido México en años recientes es de China.
México sabe que es un punto frágil en su posicionamiento comercial y ha comenzado a tratar de diversificar su portafolio de proveedores en renglones como la fabricación de automóviles, por ejemplo, así como ir metiendo en cintura el enorme mercado de mercancías chinas que se consiguen en prácticamente cualquier calle del país.
Por el lado mexicano de la ecuación hay dos posibles escenarios: entrar a ser el proveedor diversificado que comienza a buscar negocios y autoridades de ese país o, por otra parte, establecerse como una segunda cabeza de playa en el movimiento hacia la fabricación más cercana de Estados Unidos de todo tipo de bienes.
Si se navega contra el viento de los aranceles, por decirlo de una forma, el escenario es mirar hacia China, como lo dice Analdex. “Los nuevos aranceles podrían generar un encarecimiento de productos básicos en Estados Unidos, incluyendo alimentos, automóviles y dispositivos electrónicos, impactando directamente a los consumidores estadounidenses. Además, estas medidas amenazan con tensar las relaciones comerciales y diplomáticas entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales. China, en respuesta, ha manifestado su intención de diversificar sus fuentes de importación para reducir su dependencia de Estados Unidos”, según Díaz.
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