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El revolcón de Hernán Darío Gómez en el Junior de Barranquilla lo tiene contra las cuerdas. El experimentado entrenador antioqueño vive su momento más complicado en el cuadro del Atlántico y parece que sus horas en el conjunto tiburón están contadas.
Bolillo llegó a Barranquilla imponiendo su figura. Con carácter, el estratega se plantó ante los pesos pesados de la plantilla; ídolos, como Sebastián Viera, que llevaban años en rojiblanco, y figuras, como Juan Fernando Quintero, cuyas resultados no habían estado a la altura de las expectativas. A los dos los sacó del equipo, sin importar sus pergaminos. Su mensaje de autoridad quedó claro, había una voluntad superior, por encima de las estrellas.
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Sin embargo, esa valentía del entrenador antioqueño no se ha visto de la misma forma en la cancha. Los primeros días del semestre para Junior han sido un desastre, con un rendimiento muy por debajo de lo esperado y resultados que tienen a la hinchada histérica.
Envuelto en polémicas, por las discusiones con los futbolistas semanas atrás del inicio del campeonato y, ahora, con la presión de las derrotas, Bolillo Gómez parece estar más afuera que adentro del equipo tiburón.
Tiempo, el pedido de Bolillo a Junior
“En todas las conferencias de prensa he hecho autocrítica. Estamos tratando de formar y de encontrar una nómina que nos dé continuidad”, fueron las palabras de Gómez después de la catastrófica derrota este jueves de Junior contra Cucutá, por 4-3, en la Copa BetPlay.
Esa caída, claramente inesperada, prendió las alarmas del conjunto atlanticense, que ya venía de perder con Águilas Doradas y con Independiente Medellín, ambos partidos por 1-0, en el inicio de la Liga BetPlay. La situación es crítica.
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Tras haber llegado apenas hace cuatro meses a Barranquilla, a Bolillo ya se le acabó todo el crédito con los tiburones.
Tan al límite del despido está el estratega antioqueño que, en la última conferencia de prensa y consciente de la dureza de la derrota sufrida, Hernán Darío Gómez le pidió tiempo a la directiva barranquillera.
“Tenemos una buena relación y yo tengo un recorrido. Las decisiones que haya que tomar las respeto. Confío en el grupo de muchachos que tengo. Hasta ahora no nos ha salido el trabajo, pero espero que nos aguanten un poco más”, fueron las palabras del entrenador.
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Junior, desde hace años, parece un barco a la deriva. A pesar de que los atlanticenses habitualmente traen las nóminas más caras, año tras año, el equipo no termina de ser protagonista. Y las supuestas estrellas que llegan, quedan en deuda con una afición que lleva años esperando títulos.
De hecho, desde 2019 que Junior de Barranquilla no gana la liga y su último título, una Superliga, fue en 2020. Demasiado tiempo para una de las estructuras económicas más sólidas del fútbol colombiano.
Por eso, aunque en realidad su proceso sea tan precoz, lo que menos tiene Bolillo Gómez es tiempo. En Barranquilla hay urgencia de títulos. Y mayor es la exigencia para este entrenador, teniendo en cuenta sobre todo el listón en el que puso el nivel que debía tener la plantilla.
Haber sacado del equipo a grandes glorias como Viera, o estrellas como Quintero, le agotaron muy rápido el crédito al entrenador, que necesita rápido encontrar los resultados. De lo contrario, su camino en Junior acabará mucho antes de lo esperado.
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