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¿Alguna vez te prometiste que este sería el año en que empezarías a comer más saludable, harías ejercicio, leerías más o aprenderías inglés? Y ahora siendo diciembre ves que ¿ni siquiera diste un paso en esa dirección? Nos pasa a muchos. Nos defraudamos una y otra vez, lo que genera incomodidad o frustración, pero no siempre la suficiente para actuar.
Esa sensación incómoda tiene un nombre: disonancia cognitiva. Surge cuando queremos algo, pero actuamos en contra de ello. Por ejemplo: “Quiero bajar de peso, pero me como un pedazo de torta de arequipe con chips de chocolate y helado”, o “Quiero ahorrar, pero me compro unos zapatos, una cartera y una billetera de cuero de aguinaldo”. Nuestra propia naturaleza humana parece jugar en nuestra contra cuando se trata de cumplir metas.
Primero, nos aferramos al status quo (inercia). Los cambios nos generan incertidumbre, y preferimos lo familiar incluso si no nos beneficia. Además, nuestro entorno puede influir negativamente: si nadie en casa hace ejercicio, será difícil adoptar esa práctica de pilates, calistenia o boxeo. Si tus amigos no leen y en casa solo hay brochures publicitarios, será poco natural comenzar a leer la saga de Harry Potter.
Por otro lado, los hábitos saludables suelen carecer de gratificación instantánea. Y a nuestro cerebro, diseñado para sobrevivir en la época de las cavernas, le cuesta esperar. Por eso preferimos actividades inmediatas y placenteras, como ver Netflix, quedarnos horas en redes sociales, vernos con amigos, irnos de fiesta, cualquier cosa que nos libere dopamina rápida, en lugar de construir rutinas que paguen a largo plazo.
“92% de las metas o resoluciones de año nuevo no se cumplen”. Entonces, ¿qué diferencia al 8 % que cumple sus metas? Una pista: no es motivación. Esta es poco confiable, pues es inconstante y disminuye con el tiempo y la repetición. La verdadera clave está en una combinación de fuerza de voluntad y la habilidad de crear hábitos.
La fuerza de voluntad se fortalece con la práctica y el progreso, mientras que los hábitos facilitan la repetición de comportamientos positivos hasta automatizarlos y convertirlos en rutina. Así es como logramos, de una vez por todas, acercarnos a nuestras metas y mejorar nuestro bienestar. Como dice James Clear: “La calidad de nuestra vida depende de la calidad de nuestros hábitos”.
María Camila Gutiérrez B, científica Conductual
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