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A través de una serie de reuniones que se vienen realizando en diversos niveles, que incluyen contactos directos con delegaciones diplomáticas extranjeras, los voceros de los principales partidos de oposición están ultimando los detalles de lo que será la primera gran cumbre de quienes se contradicen con fuerza al Gobierno del presidente Gustavo Petro, a quien buscan suceder en el poder en las elecciones de 2026.
Lo que se quiere desde el Centro Democrático y Cambio Radical es que sus jefes naturales, el expresidente Álvaro Uribe y el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, aparezcan juntos el próximo 15 de octubre durante esta cita en Bogotá, por lo que durante esta última semana se ha intensificado la mediación para que los dos acepten y el país atestigüe “un mensaje de unidad”.
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El Espectador estableció por fuentes de ambas fuerzas que Uribe y Vargas han cruzado un par de mensajes, aunque aún no es claro si ya hablaron directamente. La razón es que los dos líderes políticos han tenido distanciamientos en la última década por sus posturas sobre cómo debe manejarse el Estado y, en especial, por lo que sucedió durante la administración del exmandatario y nobel de Paz, Juan Manuel Santos.
En efecto, Vargas fue ministro y vicepresidente en esa administración, la cual Uribe graduó como un periodo en el que se “traicionó” a su proyecto de país llamado “seguridad democrática”; pero –en todo caso– durante uno de los gobiernos de este último el primero fue congresista y apoyó algunas de sus iniciativas, menos cuando se quiso tramitar una segunda reelección y se dio un proceso de oposición fuerte.
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Estas diferencias son las que vienen intentando limar delegados de ambas colectividades bajo la tesis de que la controversia con el presidente Petro debe generar unidad entre los opositores y que en las urnas –tanto el 8 de marzo (Congreso) como el 31 de mayo (Presidencia)– deben servir para que la derecha derrote a la izquierda y recupere el poder. Esto, por supuesto, es combatido con fuerza desde el progresismo que actualmente lidera la Casa de Nariño.
Parte de estos asuntos estuvieron en la agenda de una cita a puerta cerrada que se realizó este martes, en el centro de la capital, en la cual también se analizó la necesidad de mantener a Estados Unidos en la agenda de la cumbre opositora y que, de paso, sirva como escenario para lanzar propuestas en torno a asuntos políticos, económicos, de vivienda y otros que sirvan de eje para la disputa electoral.
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Si nada cambia, y de ahí que este tipo de encuentros estén programados para las siguientes tres semanas, en la cumbre haría también presencia el encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos en Colombia, John McNamara, como una forma de potenciar el mensaje en torno a que la oposición en Bogotá quiere remendar las relaciones con Washington si en las urnas recupera el poder. Además, se busca la participación de presidentes de las altas cortes y las cabezas de entidades como la Registraduría.
“Hemos decidido avanzar para construir una agenda conjunta (…). Colombia necesita una oposición unida”, dijo la representante Carolina Arbeláez, de Cambio Radical. “A buen entendedor, pocas palabras”, agregó Carlos Abraham Jiménez, senador de la misma colectividad.
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Y aunque aún está por confirmarse el lugar específico para su realización –en principio previsto en el Hotel Tequendama–, ambas fuerzas aspiran a que haya más de 100 delegados, pero han dejado claro que no se trata de un mitín político sino de un espacio de discusión temática. Ese, al menos, es el argumento para no darle relevancia a la cantidad de gente que pueda ir y que se vea eventualmente minimizada por los plazoletazos y concentraciones que lidera el presidente Petro y que tendrá en cuestión de días un nuevo capítulo en Ibagué (Tolima).
En todo caso, la cumbre de la oposición tiene una carga simbólica que no es menor, pues se realizará exactamente 11 días antes que el Pacto Histórico adelante sus consultas internas para definir a su carta presencial y algunos de los puestos de las listas de Congreso; esa cita está programada, de momento, para el 26 de octubre, pero no se descarta que haya movimientos que alteren ese proceso.
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Otros de los asuntos que se vienen abordando durante los encuentros preparativos giran en torno a las citas que el Centro Democrático y Cambio Radical han tenido con más fuerzas de derecha y centro-derecha, entre las que se cuentan a los partidos Conservador, de La U, Liberal y –además de estos– el Nuevo Liberalismo. Todos coinciden precisamente en su oposición al presidente Petro, así parte de algunas de esas bancadas tenga cuotas burocráticas en el Gobierno.
El objetivo sería acordar una consulta interpartidista ampliada el día de los comicios legislativos, previstos para el 8 de marzo de 2026, y que ahí se midan los candidatos que surjan de todos estos acercamientos que se han venido dando.
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De hecho, se espera que en cuestión de semanas Vargas Lleras defina la fecha en la que oficializará su nueva aspiración presidencial con el apoyo de Cambio Radical, lo que complementaría el movimiento Uribe al definir pondrá su nombre en el puesto 25 de la lista cerrada al Senado del Centro Democrático. Las dos colectividades aspiran a que estas estrategias les funcionen para jalonar votos.
Por todo esto es que la cumbre opositora del 15 de octubre se hace clave a nivel electoral, y puede darle un mensaje al presidente Petro por el camino político que tomó al buscar la reelección del progresismo.
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“De esta cumbre se derivará un manifiesto político conjunto, fijando la postura unificada frente a los proyectos de ley en curso: reforma tributaria, ley de sometimiento, reforma a la salud y constituyente”, se lee en la agenda que organizaron las dos colectividades. Hay expectativa por los resultados de esa cita.
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