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Silvestre Dangond no solo ha sido comparado con Dua Lipa, sino también con Taylor Swift. Un símil que solo podría hacer un tiktoker. La comparación se basa en los orígenes que ambos cantantes tienen de géneros autóctonos de su país, como el country y el vallenato. También que ambos han sabido llevar con éxito sus raíces tradicionales a un público más amplio, guardando las proporciones, claro está.
El periodista musical bogotano Alejandro Marín reaccionó a esta propuesta asegurando que el vallenato se acerca más al blues que al country. Carlos Huertas Jr., productor de siete discos del guajiro, piensa que sí podría ser equiparable el urumitero con la estadounidense.
—También produjiste con Iván Villazón un disco en el que se combinaba el jazz con vallenato, ¿entonces musicalmente a cuál de estos géneros autóctonos norteamericanos es más equiparable?
—Al jazz. Nosotros (vallenatos), incluso, venimos de ahí de alguna manera. Si escuchas el jazz puro de New Orleans, todo el mundo improvisa todo el tiempo como pasaba con el vallenato al principio. Se volvió de culto después.
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Para su más reciente disco Ta’ malo, Silvestre quería volver a su sonido exitoso de hace casi dos décadas, que tuvo con álbumes como La fama (2006). Buscó a quien estuvo al frente de esas producciones. A Carlos Huertas Jr. le encomendó este nuevo álbum para que, además, le hiciera arreglos del vallenato de los años 80. Huertas Jr. entendió otra cosa o quiso entender otra cosa.
“Él me mandó un tema para que lo arreglara y le puse un poco la onda de Selena, de Miami Sound Machine, de los teclados y de los sonidos electrónicos de esa época. Cuando él lo escuchó me dijo: ‘Compadre, me encanta esa onda, pero me sorprendiste un poco porque no tenía eso en mente’. Y desde ese momento comencé a contagiarlo de esa onda ochentera”, relata el productor.
Ya le había preguntado a Silvestre, en una rueda de prensa en Medellín, sobre esta confusión que hubo. En medio del planteamiento interrumpió y, con tono de sorpresa, preguntó sobre mi ciudad de origen.
—¿Tú eres maicaero?, que es como se les dice a los nativos de Maicao, La Guajira.
Mi sorpresa fue parecida a la de él, aunque luego entendí que su duda era porque había muncionado a su productor, Huertas Jr., que sí es nativo de esa tierra. Seguí con la pregunta y su respuesta estuvo asociada con el uso de un “banco de sonidos”, que artistas, como la misma Taylor Swift, usan para sus producciones. Huertas Jr. especificó que se usaron sonidos ochenteros del pop y de la música disco, de los que adpataron samples de instrumentos como las baterías Roland 808 y 909 y teclados Yamaha DX.
—Es decir, Silvestre agarró su sonido dosmilero, pero con todos esos arreglos y detalles que has mencionado.
—Sí, también fui el productor del sonido de esa época, cuando experimentábamos sin temor a equivocarnos. Si no hacíamos un buen álbum no pasaba nada, cosa que cambió con la presión de ahora. Él es un artista importante que definitivamente tiene que hacer un álbum que funcione, hay una cierta presión. En aquel momento la única presión era que nos gustara. Lamentablemente eso se pierde por el poder del éxito, el compromiso y la fama.
—¿Con qué público está comprometido él ahora? Porque recuerdo que desde el álbum Gente valiente (2017) se notaba una apuesta por un público más internacional.
—Silvestre es Silvestre y sus circunstancias. En ese momento él acababa de irse para Estados Unidos, escuchaba la radio de allá y todo eso le iba quedando en la cabeza. Seguro dijo: ‘Ya yo conquisté musicalmente a Colombia, no hay más pa’ dónde crecer’.
—Claro, llegó a su techo aquí, le complemento.
—Sí, me imagino que él decía: ‘Ahora me vengo pa’ Miami donde nadie me conoce y creo que es el momento de dar un paso diferente’. Es lo que supongo.
—¿Cree que Silvestre ya llegó a su techo, comercialmente hablando —le aclaro—, porque en este disco también hay muestra de avance en lo musical?
—Silvestre es un tipo que te puede dar sorpresas. No me atrevería a decir que ya llegó a su techo comercial que, si así es, que se dé por muy bien servido. Llegar ahí no es nada fácil.
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El más reciente ejemplo de esas sorpresas es la calle que llevará su nombre en Nueva York. Primer artista colombiano en conseguirlo, aunque aún no entienda muy bien la relación entre él y esa ciudad. Caso contrario con Bogotá, donde se fue a vivir desde 1998, lugar que lo ha corrido y recorrido y del que ha dicho en varias ocasiones, con tono de picardía, “¡Si Bogotá hablara…!”.
“Apenas pisé tierra cachaca dije: ‘Esto es lo mío’. Comencé a tocar puertas acá y comenzó la vida a florecerme… Este es el verdadero concierto de mi vida, de mi carrera. No me puedo morí sin tocá en El Campín”, expresó en una entrevista para El Espectador.
Vea: Silvestre Dangond: “No me puedo morir sin cantar en El Campín”
Silvestre ha cosechado muchos éxitos que hoy le abren las puertas de un estadio con capacidad para más de 35 mil personas. Anuncio que se volvió viral y motivo de discordia en redes sociales porque ese escenario no fue concedido para una artista internacional como Dua Lipa. Los “silvestristas” tenían sus razones para defenderlo. Está lejos de ser Taylor Swift, aunque su famdom no lo está tanto.
El reto ahora no es enfrentar polémicas, sino a un público bogotano que ya conoce y que ha cultivado desde sus inicios, aunque confiesa estar nervioso como si fuera a hacerlo en Valledupar. El público más exigente para el género vallenato. Seguirán los nervios hasta que se tome varios tragos de whisky, pise el escenario bogotano y grite que “llegó el poder”, como lo ha hecho en sus otros conciertos de esta gira.
Solo, dentro de varios años, se sabrá si ya Silvestre alcanzó su techo o no. Aunque con certeza, y quizá con una sonrisa menos pícara y más de orgullo, mirará hacia atrás y volverá a decir: “¡Si Bogotá hablara…!”, que es la forma más vallenata de decir que se ha dejado una marca. Que se ha hecho historia.
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