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En el año 2009, la subdirección para la adultez de la Secretaría de Integración Social aceptó una idea que propuse para valorar dignamente las expresiones de los artistas en situación de habitabilidad en calle, haciéndolos partícipes de las dinámicas culturales de Bogotá.
Para ello se creó un subcomponente denominado “Acciones culturales en calle” en el que funcionarios artistas iban por los hogares de paso en pos de ciudadanos usuarios de los servicios con talento en cualquiera de las bellas artes. En efecto, detectamos poetas, pintores, histriones y actrices, talladores, bailarinas, mimos, cantantes e intérpretes de diversos instrumentos musicales. Con los más idóneos se patrocinaron creaciones en las diferentes disciplinas artísticas.
Por primera vez la ciudad apreció de modo digno el arte ignoto de los creadores marginados, de los artistas habitantes de calle: se expusieron pinturas en la Biblioteca Nacional, se hicieron murales en sitios significativos, se presentó en Teatrova una obra de títeres, un recital en la Casa de Poesía Silva, más fue en el área de música donde se dio el próvido suceso origen de la orquesta cuya permanencia aquí celebro.
Sucedió que a los talleres de música que impartía Dairo Cabrera además de buenos músicos empíricos asistieron el bajista sanandresano Exequiel Night, el percusionista chocoano Antonio Ortiz y el cienaguero Roberto Echeverría guitarrista, bajista, cantante, arreglista y compositor, estos tres, músicos profesionales, con formación y trayectoria en orquestas importantes, que, no obstante el taller contaba con tambores folclóricos y guitarras maltrechas tomaban con esos rústicos instrumentos sones, guarachas y hasta guaguancó, porque eran en verdad caballos de la Salsa, se les pegó al swing el también chocoano Carlos Cuesta cantante aunque empírico muy afinado y con sabor de sonero, en los coros Gloría Flores. Los funcionarios y los ciudadanos usuarios de los servicios asombrados con el sabor maravilloso del grupo, fueron el estímulo oportuno para que Dairo persuadiera a las instancias decisorias a que patrocinaran y dotaran de instrumentos adecuados a la orquesta en ciernes.
Y sí, gracias a la porfía de Dairo y el entusiasmo de los músicos, la corporación Orientar en convenio con la subdirección para la adultez compraron los instrumentos base para una orquesta de salsa qué Dairo como director ad doc bautizo “Son Callejero “.
A mí, que para entonces había recaído en las drogas, dejé botado el trabajo en acciones culturales en calle y en serio asumí el callejear como un “trabajo de campo” (algún día lo explico) los asesores del subdirector me ubicaron y me propusieron que escribiera canciones para el primer disco y conceptos que ayudarán a caracterizar la orquesta, lo hice y lo sigo haciendo.
Dairo también se propuso traer a dos salseros de trayectoria, que estaban en las drogas y callejeando, en Cali el saxofonista Edgar Espinosa, fundador del grupo Niche y director musical de la orquesta de Henry Fiol, y en Cartagena al Halcón memorable cantante de El Nene y sus traviesos. Ambos llegaron maltratados a Bogotá, se integraron cuando ya se había grabado el disco, pero fueron importante refuerzo, en tanto contribuyeron a consolidar la identidad de la orquesta.
La orquesta se presentaba en todo evento de la Secretaría de Integración, era, por ciento, modelo de emprendimiento y de inclusión sociolaboral, las únicas críticas adversas provenían de los terapeutas con formación claretiana para quienes, según sus caducos paradigmas, el que la orquesta cobrara y pagara a los músicos a sabiendas de que esos honorarios eran para el consumo de Spa, hacía de la orquesta un ente pro la regresión y la permisividad. Tal argumento haría carrera cuando el alcalde de turno, Samuel Moreno fue destituido cuando se demostró su flagrante participación en la corruptela del Cartel de la Contratación, lo cual creo un cisma burocrático y los funcionarios opuestos al funcionamiento de la orquesta, insensibles a lo artístico en la atención a habitantes de calle, indolentes, lograron que se acabara el apoyo y el colmo que se embodegaran los instrumentos.
“No hay mal que por bien no venga” dice el adagio. Los músicos con cancha en retaque y rebusque oficiaban ora en buses, ora en parches de rumba, ora en esquinas populosas, ora en restaurantes o chisgueando con grupos serenateros, por su parte Dairo, aunque volvió al negocio de carros de segunda no desaprovechaba la oportunidad de cualquier toque, de suerte que el combo ya tenía sentido de pertenencia sobre su orquesta y juiciosos y animosos concurrían al llamado de Dairo, ensayaban y se presentaban al precio que fuera sin escatimar virtud ni sabor.
A la sazón asumimos la autonomía, alejándonos de la dependencia asistencialista como una orquesta competente. Otra vez Dairo, diligente y comprometido, gestionó el construir Son Callejero en fundación, con personería jurídica, Nit, obligaciones tributarias… Esto fue el salto cualitativo,
Empezamos a recibir apoyo y donaciones de filántropos, melómanos, allegados y compinches cariñosos, aquí nombro a los más comprometidos:
- Los Franceses Benoit Adelus quien con altruismo incondicional nos ha hecho aportes importantes en efectivo y en afecto también.
- Su paisano, Xavier Fargetton, de otro modo.
- El cineasta Dairo Cervantes.
- El banco de alimentos.
- Omar Antonio Barrera (locutor de Salsa).
- Jorge Sossa desde el ministerio de cultura.
- La familia de los callejeros, la de Dairo especialmente sus hijas.
- La comunidad de los barrios.
La periodista Vanessa de la Torre, El periódico El Callejero, Los músicos que acompañan a son callejero… superimportante eso porque reconocen la importancia misional de la orquesta y le infunden ánimo a los veteranos callejeros.
Junto a los apoyos, la formalidad permite que la Fundación Son Callejero aplique a las convocatorias que cada año abren las instancias culturales del estado, constituyéndose esto en el principal ingreso y la mejor tribuna de proyección y reconocimiento de las acciones sociales y de la potencia artística de la orquesta, de hecho, Son Callejero hoy por hoy está entre las mejores orquestas de Bogotá.
Lo mismo el programa Casa Taller, con el cual la Fundación ha ofrecido talleres de música a niños migrantes y eventos artísticos a jóvenes y familias de comunidades en vulnerabilidad extrema, son el insumo pedagógico que hace sui géneris la orquesta (de Salsa social la denomina Dairo) única en el mundo.
A lo largo” de estos 16 años Son Callejero se ha tenido que capotear la noción de cultura de cuatro mandatarios, nació al remate del segundo mandato de Uribe Vélez, creció en los dos períodos presidenciales de Juan Manuel Santos, soportó las negligencias y mezquindad con la cultura de Iván Duque, la incertidumbre y acaso el sectarismo de la primera Ministra de cultura en este el gobierno de Gustavo Petro.
Justo es decir que en este, el gobierno de cambio, es cuando mejor le ha ido a Son Callejero, tanto como fundación que como orquesta
En las convocatorias para artistas adultos mayores de la Secretaría de Cultura de Bogotá han premiado la trayectoria de dos de nuestros músicos, además nos han programado para comunidades congruentes para nuestra misión social, en parques a los que concurren habitantes de calle y festivales al parque como grupo especial.
El ministerio de los saberes, la cultura y las artes ha propiciado el que nuestra música circule por regiones del país.
Y lo mejor, como un premio a nuestro irreductible oficio creador, la SAE acaba de entregarnos un predio magnífico por su ubicación y por sus áreas. Tan emocionante como una providencia del cielo, máxime porque los funcionarios de la SAE se demostraron afecto y respeto por nuestro proyecto, sí, la cosana en el barrio la macarena junto a las torres del parque y la plaza de toros, ya funciona como la sede de Son Callejero y desde allí nos proyectaremos para la ciudad, para el país y para el mundo
Este sábado 27 de septiembre, los integrantes, allegados y benefactores de la única orquesta de Salsa social, celebramos con orgullo y dichosos el aniversario 16 de nuestra orquesta que ha sido a la vez nuestra familia.
Bien dice Dairo que la historia de Son Callejero es una película, puesto que en el curso vital se ha luchado contra las adversidades inherentes al subdesarrollo tercermundista, han sucedido situaciones absurdas, cómicas, que nos han sacado carcajadas, no han faltado las discusiones acaloradas. Las peloteras sin golpes, pero violentas, hemos gozado, llorado, pero sobre todo hemos contado, se ha hecho el arte y la música que nos gusta, la Salsa auténtica.