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El Mundial Sub-20 sigue siendo, en el papel, la gran vidriera juvenil de la FIFA. Es el escenario en el que tradicionalmente las jóvenes promesas se exponen ante una lupa internacional, en el que los cazatalentos de la élite están pendientes para atrapar a la próxima gran estrella de este deporte.
Pero si recorremos los nombres de las figuras de los últimos torneos y los comparamos con los de hace unos años, veremos un fenómeno sutil pero constante, y es que el torneo ha dejado de reunir, con la frecuencia de antaño, a los juveniles más destacados.
En pasadas ediciones vimos referentes como Lionel Messi, Paul Pogba o Erling Haaland, a quienes los mundiales Sub-20 los catapultaron. El argentino fue la gran figura en Países Bajos 2005; el francés brilló en Turquía 2013 y el noruego dejó un registro memorable en Polonia 2019.
Estos torneos eran el abrebocas habitual de grandes carreras, incluso en su momento el mismo Diego Armando Maradona también despuntó primero en uno de estos certámenes, pero el guion ya no es uniforme y los jóvenes talentos cuyo proceso anticipa a la media ya no tienen por qué seguir la ruta tradicional.
Chile 2025 es el escenario donde se nota con claridad ese cambio de ritmo. Los futbolistas de 20 o menos años que podrían estar acaparando la atención en tierras australes, como el español Lamine Yamal, el argentino Franco Mastantuono y el brasileño Estêvão, no pudieron decir presente.
Ninguno de ellos tiene más de seis meses con cédula, pero ya son piezas importantes en sus clubes. Yamal, quien a los 16 fue titular y figura en la Eurocopa 2024 ganada por España, se perfila como un talento generacional que está llamado a marcar una época en el fútbol.
Cuando le preguntaron a Paco Gallardo, técnico de la selección juvenil de España sub-20, sobre la ausencia de sus jugadores más talentosos, respondió: “Para ellos, jugar un Mundial es lo máximo. La fecha no es la mejor, pero los más perjudicados serían los futbolistas si no pudieran ir. No podemos privar a un jugador de vivir un Mundial sub 20, el mejor campeonato a su edad”.
Mastantuono, por quien Real Madrid le pagó 45 millones de euros a River Plate, es el jugador más joven en vestir los colores de la selección argentina en un partido oficial. Estêvão, ahora en el Chelsea, no se queda atrás y se convirtió hace un par de semanas en el brasileño más joven en marcar en las eliminatorias.
Todos ellos están en manos de clubes que no los ven como apuestas a futuro, sino como un rédito que debe rendir casi que de inmediato. Las inversiones que hicieron por ellos, con traspasos multimillonarios y salarios extravagantes para gente que apenas llegan a la adultez, implican que no necesariamente pagaron para verlos desarrollarse en un certamen juvenil, sino para que respondan cada fin de semana en las mejores ligas del mundo.
La potestad de los clubes
Hay una razón normativa. Las reglas de la FIFA obligan a los clubes a ceder futbolistas durante ventanas internacionales, que se refiere a eliminatorias, fases finales de torneos y amistosos oficiales. Sin embargo, la mayor parte de las competiciones juveniles esa obligación no existe con la misma contundencia.
El resultado práctico es simple: si el torneo sub-20 no cae en una ventana FIFA o si el club considera que la ausencia del jugador le perjudica, puede retener al jugador.
Pero lo que más peso tiene es el interés económico y deportivo. Cuando los equipos tienen a una estrella precoz ya en su plantel profesional no se le ve como una apuesta a largo plazo sino como un activo. No prestarla responde más a la necesidad de pulirla dentro de su ecosistema, protegerla como inversión y reducir riesgos de lesiones o fatiga.
Para los clubes es fundamental facilitar la adaptación antes que permitir la convocatoria, sobre todo en un contexto en el que el calendario está cada vez más apretado y el ritmo de competencia no da tregua. La expansión de torneos como el Mundial de Clubes y un fixture más grande en torneos como la Champions también han jugado un papel en esta ecuación.
FIFPRO —el principal sindicato de futbolistas del mundo— y otras voces han pedido una revisión de ese aspecto porque la salud física y mental de los jugadores está en juego. Los clubes, al tanto de la situación, no van a querer que la carga a la que están expuestos sus activos aumente.
Magia y ciencia
También hay que tener en cuenta que el fútbol y el deporte en general han evolucionado en distintos aspectos. La ciencia es cada vez más exacta, los modelos de formación se han profesionalizado y las redes de scouting se han extendido.
Por eso no es raro que esta misma semana el Manchester United haya firmado a un joven colombiano llamado Cristian Orozco, de apenas 17 años. El cesarense es un talento apenas en formación, pero hay otros jugadores que ya a su edad —o incluso antes, como en los casos expuestos arriba— han mostrado madurez técnica y física que ya es propia de un profesional.
En el deporte al que crece rápido se le exige rápido. En el tenis actual, por ejemplo, cuando el español Carlos Alcaraz tenía 19 años, la edad en la que sus colegas suelen hacer la transición del circuito junior al profesional, él se convirtió en el jugador más joven en liderar el escalafón mundial de la ATP en la era abierta.
Y si nos vamos al ciclismo, disciplina en la que la plenitud deportiva suele darse entre los 27 y 32 años, el esloveno Tadej Pogacar, cuando todavía lideraba las clasificaciones de los jóvenes, también logró dos Tour de Francia, cuatro monumentos y seis vueltas World Tour.

Entre los talentos precoces también valdría la pena mencionar a Kylian Mbappé, uno de los mejores futbolistas de la actualidad. Cuando el francés aún tenía edad para disputar la cita juvenil, se consagraba como campeón del mundo absoluto en Rusia 2018.
Las claves de su éxito acelerado claro que tienen que ver con un talento excepcional, pero detrás también hay una preparación científica meticulosa y una mentalidad que les ha permitido aceptar los sacrificios que dicha preparación implica.
Dictadura de la inmediatez
Ahora, no todo lo que brilla es oro. ¿Recuerda usted quién fue el mejor jugador del Mundial Sub-20 de Colombia 2011, aquel que contó con James Rodríguez, Antoine Griezmann, Mohamed Salah y Philippe Coutinho? La respuesta es Henrique Almeida, quien como profesional no triunfó como se esperaba y ahora está en el ascenso de Brasil.
El ejemplo de Almeida sirve para ilustrar otro punto. El rendimiento actual de un futbolista es algo tangible, pero lo que pueda hacer a futuro no lo es. Nadie tiene una bola de cristal para saber cómo será la evolución de un jugador, pero mientras sea rentable, el mercado del fútbol entiende que hay que explotar su talento.
Los clubes, que son los que invirtieron cifras millonarias, son conscientes de esa realidad y quieren que ese mejor momento conocido sea para que ellos lo aprovechen. Cuando hacen una inversión en una promesa no quieren “perder el tiempo”, necesitan que se adapte para que los números sean todavía más verdes.
En la selección de Colombia, en el Mundial Sub-20 2023 de hace dos años, no pudimos contar con Jhon Jáder Durán, porque Aston Villa, que se lo había comprado al Chicago Fire de la MLS, necesitaba que se acostumbrara al ritmo de la Premier League tan pronto como fuera posible y prefirió que hiciera la pretemporada.
No hay tiempo para esperar. “Por nosotros, si depende de nosotros, se queda con nosotros”, anticipó Xabi Alonso cuando le preguntaron si Mastantuono iba a jugar en Chile. Y el Real Madrid, así como varios clubes de élite, son cada vez más firmes con esa posición. No es algo nuevo, pues Vinícius Júnior, en 2019, tampoco fue prestado.
También hay que entender que este torneo juvenil ha pasado a ser visto en las grandes ligas como un torneo de fogueo que no necesariamente rima con sus aspiraciones y que incluso es contraproducente para lo que buscan. Los procesos de cada jugador son diferentes.
Por ejemplo Ousmane Dembélé, reciente ganador del Balón de Oro, tampoco disputó el certamen cuando pudo, en la edición de Corea del Sur 2017, porque ya en ese momento era uno de los fijos en la mayor de Francia. Un año después fue titular en la conquista de la segunda estrella de les bleus.
La élite cada vez reclama más temprano a sus prodigios, al punto de saltarse etapas que antes eran escalones naturales en la carrera de un futbolista. El fútbol está en constante cambio y el actual no solo se deja llevar por el brillo de las nuevas joyas, sino que les quiere sacar el máximo provecho posible mientras aún son valiosas.
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