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La selección sub-20 de Colombia afronta este miércoles los octavos de final del Mundial de Chile 2025 contra Sudáfrica, en el Estadio Fiscal de Talca. La tricolor llega como líder invicta del Grupo F, pero con la tarea pendiente de afinar su definición, y tiene en juego la posibilidad de alcanzar por séptima vez los cuartos de final en la historia de la categoría.
En la fase de grupos, los colombianos sumaron cinco puntos tras vencer 1-0 a Arabia Saudita y empatar con Noruega (0-0) y Nigeria (1-1). Fueron un equipo dominante en posesión, con despliegue físico y personalidad, pero al que le faltó claridad frente al arco. Los únicos goles llegaron gracias al extremo Óscar Perea y al volante Kéner González, mientras que los delanteros Néiser Villarreal y Emilio Aristizábal aún no logran marcar. “Lo único que me falta es que mis nueves hagan gol”, reconoció el técnico César Torres, consciente de que en los cruces directos la efectividad será vital.
Pese a esas carencias, Colombia mostró madurez. Jordan García fue un arquero seguro, y la defensa —liderada por Simón García y Yeimar Mosquera— consolidó un bloque firme. El mediocampo, con Kéner González y Jordan Barrera, dio equilibrio y ritmo al juego, mientras los extremos aportaron verticalidad. El equipo genera mucho, pero convierte poco: un rasgo que puede definir su destino en los partidos de eliminación.
El rival, Sudáfrica, llega en alza tras vencer a Estados Unidos y golear a Nueva Caledonia. Su tridente ofensivo, encabezado por Mfundo Vilakazi y Kutlwano Lethlaku, promete exigir al máximo a la zaga colombiana. Sin embargo, la tricolor tiene a favor un factor emocional y práctico: volverá a jugar en Talca, el estadio donde disputó toda la fase de grupos y que ya siente como propio.
Colombia sabe lo que significa llegar lejos en un Mundial Sub-20. En su historia ha alcanzado los cuartos en seis ocasiones: 1985, 1989, 2003, 2011, 2019 y 2023, además del histórico tercer puesto en Emiratos Árabes 2003, su mejor actuación. Cada generación ha dejado una huella distinta —la garra del equipo de Reinaldo Rueda, la solidez del de Eduardo Lara y la explosión del de Arturo Reyes—, pero todas comparten una constante: la dificultad de romper el techo de los cuartos. Es el muro que separa al buen proceso de la gesta histórica.
La edición 2025 tiene herramientas para lograrlo: estructura, identidad y ambición. El desafío será transformar su volumen de juego en goles y evitar los errores puntuales que ya le costaron sustos. En octavos no hay margen de error: cada ocasión puede valer un lugar en la historia. Colombia busca consolidar un proceso y, al mismo tiempo, saldar una deuda generacional. Si conjuga eficacia con serenidad, puede volver a escribir su nombre entre los ocho mejores del mundo.
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