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Otra vez los penaltis. Otra vez esa pena máxima. ¿Qué decir? ¡Ese maldito instante! Qué cruel cuando el fútbol deja de ser un juego para convertirse en castigo. Como ocurrió hace ocho años contra Inglaterra en Rusia 2018, Colombia volvió a quedarse en una tanda desde los 11 metros. El techo sigue siendo Brasil 2014, cuando llegamos a cuartos.
Esta vez fue Suiza la que apagó el sueño mundialista. Después de 120 minutos de tensión insoportable, de sufrimiento, de ocasiones desperdiciadas y de una batalla táctica que exigió hasta la última gota, el equipo de Néstor Lorenzo quedó eliminado de la Copa del Mundo. Duele porque compitió. Duele porque estuvo cerca. Duele, sobre todo, porque parecía que había hecho más para ganar.
Así fue el partido que terminó con la eliminación de Colombia
Desde el pitazo inicial quedó claro que este no sería un rival, sacando a Portugal, parecido a Uzbekistán, República Democrática del Congo o Ghana.
Suiza salió a discutirle a Colombia la posesión, el territorio y la iniciativa. Adelantó líneas, presionó muy arriba y encontró una fórmula que incomodó durante largos pasajes del encuentro: asfixiar a Jefferson Lerma, Gustavo Puerta y Dávinson Sánchez para cortar el primer pase colombiano. El plan funcionó durante varios minutos. Colombia tenía la pelota, pero no encontraba el camino hacia los hombres de ataque.
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Con el paso de los minutos Colombia empezó a encontrar respuestas. James Rodríguez retrocedió algunos metros para participar más en la construcción, los laterales comenzaron a proyectarse y la circulación ganó velocidad. Sobre el minuto 20 llegó la primera gran emoción. Era el mejor momento colombiano y el premio parecía estar cerca. Tras una recuperación alta y una buena combinación colectiva, Gustavo Puerta sacó un remate lejano que buscaba el ángulo. Gregor Kobel apareció con una atajada extraordinaria para evitar el primero.
Sin embargo, el partido volvió a cambiar después de la pausa de hidratación. Como había sucedido durante varios encuentros de este Mundial, Colombia perdió intensidad. El ritmo cayó y Suiza recuperó terreno. Un error defensivo permitió el primer aviso suizo, resuelto con una enorme intervención de Camilo Vargas. Poco después otra pérdida, esta vez de James Rodríguez, dejó a Dan Ndoye atacando con espacios por la derecha. La presión helvética seguía generando problemas y, además, Daniel Muñoz empezaba a sufrir cada vez que le atacaban la espalda.
No obstante, Colombia volvió a reaccionar antes del descanso. La presión rival dejó de ser tan efectiva, el equipo adelantó líneas y recuperó protagonismo. El empate sin goles al descanso parecía justo para un partido muy equilibrado, aunque la sensación era que Colombia había logrado terminar mejor que su rival.
El segundo tiempo cambió completamente el libreto. Suiza salió mucho más agresiva y Colombia perdió el control del mediocampo. La presión sobre Lerma y Puerta obligó a jugar en largo constantemente y la selección dejó de construir con paciencia. Los europeos crecieron y comenzaron a instalarse cerca del área colombiana. Durante varios minutos Colombia pareció completamente desconectada.
Aun así, el fútbol volvió a darle una oportunidad. Al minuto 62 llegó una de las acciones que nos perseguirá durante mucho tiempo. La presión alta volvió a funcionar, Colombia robó una pelota muy cerca del área y Luis Suárez quedó frente al arco. La definición fue defectuosa. Una oportunidad enorme que se escapó.
El ingreso de Juan Fernando Quintero cambió nuevamente el panorama. El volante le dio pausa, claridad y personalidad a un equipo que necesitaba respirar. Suiza dejó de presionar con la misma eficacia y Colombia volvió a instalarse en campo contrario. Daniel Muñoz tuvo otra posibilidad luego de una brillante jugada iniciada por Quintero y continuada con un taco de Luis Suárez, pero el centro salió mal. Eran señales de que el partido podía caer del lado colombiano.
Los minutos finales fueron una tortura. Nadie quería cometer el error definitivo. Era imposible respirar. El empate llevó el partido a una prórroga que parecía inevitable desde hacía varios minutos.
El insufrible camino a los penaltis
El tiempo extra encontró a una Colombia con más iniciativa. Quintero manejó el balón, el equipo empujó y Suiza decidió refugiarse cada vez más cerca de su área. Entonces apareció la jugada que pudo cambiar la historia. Minuto 98. Tiro de esquina. Jhon Lucumí ganó por arriba y su cabezazo se estrelló contra el travesaño. El grito de gol quedó atrapado en el metal.
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No fue la única. Campaz exigió al arquero con un potente remate, Camilo Vargas respondió con una atajada monumental para salvar un disparo a quemarropa de los suizos y “el Cucho” Hernández fabricó una acción extraordinaria que terminó salvando la defensa europea. Colombia era el equipo que más buscaba, el que más insistía, el que parecía más decidido a evitar los penaltis.

Y aun así llegó otra oportunidad imposible de olvidar. Minuto 114. La defensa suiza no logró despejar y Jáminton Campaz quedó solo frente al arquero. El remate salió por encima del travesaño. Otra ocasión desperdiciada. Otra puñalada para un equipo que estaba dejando absolutamente todo sobre el césped.
Entonces llegaron los penaltis. Quintero abrió la serie con serenidad. Xhaka respondió. Dávinson Sánchez estrelló el suyo en el travesaño. Uno de los mejores del Mundial, falló. Así es esto. Akanji devolvió la esperanza al enviarlo por encima. Campaz convirtió con sufrimiento. Después apareció el golpe definitivo: Kobel adivinó el disparo del “Cucho” Hernández y dejó servido el camino para los europeos. Luis Díaz mantuvo con vida la ilusión, pero Rubén Vargas no falló. Suiza avanzó. Colombia cayó de rodillas.
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Así terminó un Mundial que nos ilusionó otra vez. Un equipo que volvió a competir contra cualquiera, que recuperó el orgullo futbolístico y que estuvo a centímetros de romper otra barrera histórica. Pero el fútbol no premia las sensaciones. Premia los goles. Y Colombia, después de ser mejor durante buena parte del partido, volvió a descubrir que los Mundiales también pueden perderse desde los 11 pasos. Otra vez los penaltis. Otra vez la misma herida.

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