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“Un día en la tierra”: conocer a uno de los mejores ceramistas colombianos

Adriana Cooper
10 de julio de 2026 – 12:05 a. m.
AME4517. CHANKILLO (PERÚ), 29/08/2025.- Fotografía sin fecha cedida por el Ministerio de Cultura de Perú que muestra fragmentos de una vasija de arcilla con representaciones de guerreros en el complejo arqueológico de Chankillo, en el valle de Casma (Perú). Una vasija fue descubierta en el acceso al observatorio solar de Chankillo, el más antiguo de América, compuesto por trece torres con más de 2.300 años de antigüedad, según anunció el Ministerio de Cultura peruano. EFE/ Ministerio de Cultura de Perú /SOLO USO EDITORIAL/ NO VENTAS/ SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
“Todos, algún día, seremos cerámica. Todos y todo, nos convertiremos en barro duro”: Adriana Cooper
Foto: EFE - Ministerio de Cultura de Perú

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Hace unos días, Miguel Mesa y Juan David Díez, de la editorial Mesæstandar volvieron a hacerlo: publicaron un libro precioso. Y cuando digo un libro precioso no me refiero solamente a esa exaltación de la belleza a la que nos tienen tan acostumbrados. Escrito por Esteban Duperly y con fotos de Tom Griggs y Alfonso Posada, Un día en la tierra cuenta el recorrido de José Ignacio Vélez, un hombre que se ha dedicado al dibujo, la pintura, el grabado y la escultura.

Un hombre que, además de su trabajo, ha convertido su vida propia en otra obra. Porque todo lo que toca se transforma para bien y para ser más bonito. Y porque lleva en el corazón la palabra generosidad. Los editores lo cuentan al comienzo, en forma de nota editorial: “Conocimos a José Ignacio Vélez hace unos once años cuando visitamos su reserva natural, casa y taller. Y quedamos atraídos, atrapados por las superficies de sus obras y las escenas de su vida. Maravillados por el magnetismo de ese lugar, por la calidez de los objetos cerámicos que reclaman el uso, conmovidos por el lento transcurrir del tiempo, por el ser humano generoso y capaz de construir, en compañía de Tati, su esposa, ese pequeño santuario a la Tierra. En nuestra opinión, la obra más interesante de José Ignacio es su propia vida”.

Un día en la tierra: el camino de José Ignacio Vélez es un libro que nos cuenta sobre un hombre modesto que no ha amasado el barro para recibir elogios o acercarse a la gloria. El artista, cuando crea, siempre tiene la oportunidad del aislamiento, de centrarse en lo suyo. Él, sin embargo, no ha querido ser huraño. Esteban Duperly, revela a los lectores ese lado luminoso y personal suyo: “José Ignacio necesita gente para compartir, con quién hacer, a quién enseñar”.

Parte de ese compartir, y en el que no se centra este libro, por obvias razones, se ve en el trabajo que ha hecho en El Carmen de Viboral, un municipio de Oriente antioqueño. Ahí, ha trabajado junto a varios artesanos y líderes locales para que la tradición de cerámica de ese municipio sea reconocida, y, finalmente, así sucedió.

Con sus archivos personales de figuras, flores, platos y otras creaciones, logró, junto a otros, que la tradición cerámica de ese municipio fuera certificada como Patrimonio Inmaterial de Colombia: un hecho que le permite ser apoyada, cuidada.

“Al final de este libro se lee: “Todos, algún día, seremos cerámica. Todos y todo, nos convertiremos en barro duro. El mundo entero, algún día, terminará tornado en ello. No se salvará nada: ni los océanos, ni los bosques de helechos ni las fábricas que hacen carros que se conducen solos. Tampoco ningún lienzo de Picasso ni de Matisse”…

Este último párrafo define con una sabiduría que impresiona uno de los papeles del arte: compartir los dones, disfrutar con la creación y dejar algún recuerdo nuestro, antes de ser efímeros y de que todo se consuma en el día final. Mientras eso llega, nos quedan las manos sobre el barro, las ideas, la calma que produce tocar la arcilla, ver el poder del fuego. Y al lado de todo e igual de importante a los demás: está el valor del artista verdadero: el amor. Hacia otros. Hacia la obra. A la hora de hablar, actuar, crear y responder. Y de amor está lleno José Ignacio Vélez. Por eso, su vida, también es una obra.

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