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Un dólar cuesta hoy, en pesos colombianos, casi lo mismo que hace siete años. Este miércoles 15 de julio, la Tasa Representativa del Mercado (TRM), fijada por la Superintendencia Financiera, se ubicó en COP 3.252,11 por dólar. Para encontrar una TRM parecida hay que remontarse al 6 de mayo de 2019, cuando estaba en COP 3.240,44.
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Para dimensionar la caída, conviene mirar solo el último año, que es donde se concentran los movimientos que han coadyuvado en la apreciación del peso colombiano. Hace exactamente doce meses, el 15 de julio de 2025, la TRM estaba en COP 4.011,79. Hoy, con la TRM en COP 3.252,11, el dólar cuesta casi 760 pesos menos, un 18,94 % de caída en un año.
En el llamado mercado ‘spot’, que se mueve en tiempo real y no con el rezago de la TRM, la divisa ha estado cotizando en la última semana bien cerca de los COP 3.200, reforzando la idea de que la tendencia bajista no se ha detenido.
¿Qué explica una caída de esta magnitud? No hay un solo “culpable”. Hay, al menos, tres frentes que se están moviendo al mismo tiempo: lo que pasa en el mundo, lo que pasa en América Latina y lo que está pasando (cada vez con más peso, según coinciden varios analistas) dentro de Colombia.
Lo global y lo regional
El primero de julio, el mercado laboral de Estados Unidos sorprendió con apenas 57.000 nóminas nuevas en junio, muy por debajo de las 114.000 que esperaba el consenso, mientras la tasa de desempleo bajó a 4,2 %. Un dato de empleo débil suele leerse como una señal de que la Reserva Federal de ese país se acerca a recortar tasas de interés, lo que debilita al dólar frente a casi todas las monedas del mundo, no solo frente al peso colombiano. Por el momento, solo hay expectativas en el frente externo, no tanto hechos consumados que muevan al dólar.
El petróleo tampoco ofrece una explicación completa a las caídas del dólar. El Brent llegó a tocar USD 118 por barril en el momento más álgido del conflicto entre Estados Unidos e Irán y desde entonces ha caído cerca de 28 %, hasta ubicarse alrededor de USD 85. Para una economía exportadora de crudo como la colombiana, un petróleo más barato debería presionar el tipo de cambio al alza, no a la baja. Que el peso se aprecie sugiere, según el análisis de Daniel Londoño Tapia, country manager de Global66, que “el petróleo dejó de ser el conductor de esta historia”.
Para Javier Díaz Molina, presidente ejecutivo de Analdex, el comportamiento del dólar en Colombia “en buena medida está determinado por el comportamiento del dólar a nivel internacional”, como resultado de la política del Gobierno Trump de debilitar el dólar.
La razón, según explica el líder gremial, tiene que ver con la competitividad de la economía estadounidense: “Un dólar débil le da competitividad a la producción estadounidense en la medida en que hace que sus exportaciones sean mucho más competitivas, las importaciones mucho más costosas. Entonces al presidente Trump le interesa tener un dólar débil”.
En el plano regional, el panorama de este año ha sido mixto, según explica Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia en Alianza Valores y Fiduciaria: hay monedas latinoamericanas que pierden terreno frente al dólar y otras que ganan, y las que más se parecen al comportamiento de Colombia son México y Brasil, que comparten con Colombia el peso del factor petrolero en sus tipos de cambio.
Pero la revaluación de las monedas de esos dos países frente al dólar es mucho menor que la colombiana. “Brasil se está revaluando 6 %, México 2 o 3 %. Entonces lo de Colombia, definitivamente, no puede ser explicado por temas internacionales”, sostiene Campos.
La conclusión del experto de Alianza Valores y Fiduciaria es que lo que ocurre en el plano internacional no tiene la misma magnitud de lo que ocurre dentro de Colombia: “En el caso más exagerado, entre un 20 % a 30 % son temas globales, el resto solo temas internos”.
Lo que está pasando en Colombia
En el país, el factor de la apreciación del dólar más citado por el grueso de los analistas es la política monetaria del Banco de la República. A finales de junio, la Junta Directiva del Emisor subió su tasa de intervención en 75 puntos básicos, hasta 12 %, tras una pausa que había hecho en abril. La decisión sorprendió al mercado, que esperaba un ajuste de apenas 50 puntos, y llevó la tasa a su nivel más alto desde marzo de 2024.
Esa decisión respondió, en parte, a que la inflación no cede: el DANE confirmó que el IPC de junio llegó a 6,14 % anual, frente al 4,82 % del mismo mes de 2025.
Con una tasa de interés del Banrep alta y una inflación que sigue por encima de la meta, el diferencial entre lo que rinde el peso y lo que rinde el dólar se amplía. Eso hace más atractivo para un inversionista extranjero endeudarse en dólares e invertir en pesos colombianos, una estrategia conocida entre los expertos como ‘carry trade’. En la región, ese diferencial solo es superado por el de Brasil, cuya tasa de referencia está en 14,25 %, según el reporte más reciente del ‘Radar Bancolombia’, elaborado por el Grupo Cibest.
El Grupo Cibest anticipa un alza adicional de 75 puntos básicos en la reunión del 31 de julio, hasta 12,75 %. Esto le daría más aire al ‘carry trade’ entre el peso colombiano y la moneda estadounidense.
Pero para Felipe Campos, de Alianza Valores y Fiduciaria, el factor político (con elecciones presidenciales de por medio) es el gran argumento detrás de la caída del dólar en Colombia, algo que está ligado a la expectativa de que el próximo gobierno vire hacia una mayor ortodoxia fiscal.
Campos expone que, en apenas mes y medio, el dólar ha tenido una caída superior a los COP 400, lo que -según su lectura- no puede explicarse solo con lo que ocurre afuera de Colombia.
Campos resume que el mercado está actuando frente a las expectativas de ajuste fiscal que promete el nuevo Gobierno. Si bien solo es un anuncio y, de hecho, proviene de un presidente que ni siquiera se ha posesionado, el experto asevera que estas expectativas sobre la política económica actúan de manera similar a lo que ocurrió en las elecciones presidenciales de hace cuatro años: en aquel momento, el temor a políticas heterodoxas hizo que el dólar subiera COP 1.500 por encima de su nivel estable, y cuando esas políticas se moderaron, la divisa se devolvió.
Ahora que el mercado apuesta en la dirección opuesta (a que la ortodoxia sí llegue), el dólar baja en vez de subir.
Precisamente, como lo indica el informe del Grupo Cibest, “los factores locales han ganado protagonismo en la apreciación del peso colombiano y explican cerca de la mitad de sus movimientos”. Para esta entidad, uno de los indicadores que sustenta esa conclusión es el de los CDS a cinco años (el costo de asegurar la deuda colombiana contra un eventual impago), que corrigieron 69 puntos básicos desde la primera vuelta presidencial (una caída de 29 % anual en junio), en lo que el Grupo Cibest atribuye a una mejora en la percepción del riesgo soberano asociada al cambio de Gobierno.
A todo lo anterior se suma un mecanismo técnico del Gobierno actual que también empuja el precio del dólar hacia abajo: la llamada “pesificación” de la deuda pública. Entre 2025 y 2026, Colombia recompró deuda externa por USD 17.702 millones y solo emitió USD 15.845 millones en nuevos bonos, lo que dejó un cupo de dólares disponible que, si el Gobierno lo usa y convierte esos recursos a pesos, se suma a la oferta de divisas en el mercado local, el mismo efecto que tienen las remesas.
A eso se agrega la emisión de TES: según el Banco de Bogotá, Hacienda ya había usado el 78 % del cupo autorizado para 2026 a mediados de año, dejando cerca de COP 19 billones disponibles para el segundo semestre. Las tasas altas en esos bonos atraen capital extranjero, que llega en dólares, se convierte a pesos para comprar los títulos y presiona la moneda local al alza.
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El propio ‘Radar Bancolombia’ liga el desprendimiento de la tasa de cambio frente a su valor de referencia con movimientos puntuales de Tesorería: entre septiembre y diciembre del año pasado, Minhacienda habría monetizado cerca de USD 9.000 millones, a través de una operación de swaps, nuevas emisiones de bonos en euros y una colocación directa a Pimco por COP 23 billones (unos USD 5.000 millones).
Fue justo a partir de ese momento, según el informe, cuando la tasa de cambio empezó a apartarse de forma significativa de su valor justo, es decir, del nivel que el modelo del Grupo Cibest calcula como coherente con los fundamentales de la economía (sin el optimismo extra que le da hoy la expectativa política).
Los exportadores, en aprietos
Recientemente, Analdex (el gremio de los exportadores colombianos) advirtió que la apreciación del peso está golpeando los ingresos de sectores como café, flores, banano, palma, azúcar y aguacate.
Javier Díaz Molina, presidente ejecutivo del gremio, describe lo que está pasando así: “los exportadores ven que sus costos en pesos crecen, pero sus ingresos en pesos disminuyen”.
Entre los costos que menciona están el salarial (por el aumento del salario mínimo en 2026 y la reducción de la jornada laboral, entre otros), el transporte, por incrementos de 30 % en fletes, y la energía.
José Luis Mojica, gerente de Investigaciones Macroeconómicas de Bancolombia, confirma la pérdida de competitividad, tanto en agroexportadores como en el sector de confecciones, frente a competidores de otras geografías.
Así las cosas, ¿qué pueden hacer los exportadores para protegerse?
Juan David López, socio de Comercio Exterior de Baker McKenzie Colombia, insiste en que el primer paso es identificar con precisión qué ingresos y costos están denominados en moneda extranjera y cómo impacta la volatilidad del dólar en los márgenes. Solo con ese diagnóstico, dice, se puede decidir si conviene implementar coberturas cambiarias, ajustar la estructura de costos o revisar la estrategia comercial.
Los mecanismos más comunes son las operaciones ‘spot’ y los instrumentos derivados. Una operación ‘spot’, a grandes rasgos, significa comprar o vender dólares al precio del día, con entrega casi inmediata; un instrumento derivado, en cambio, es un contrato que permite fijar hoy el precio al que se cambiarán dólares por pesos en una fecha futura, sin importar hacia dónde se mueva la tasa de cambio mientras tanto. Este segundo mecanismo no es una apuesta a que el dólar suba o baje, sino una forma de eliminar esa incertidumbre del cálculo del negocio.
Sobre la alternativa de renegociar contratos con compradores internacionales cuando cae el tipo de cambio, López es escéptico: “esa no siempre es una alternativa viable, especialmente cuando existen contratos de largo plazo o mercados altamente competitivos”. Lo recomendable, plantea, es que los contratos incorporen desde su negociación cláusulas de ajuste de precio, de manera que el riesgo cambiario no recaiga sobre una sola de las partes.
El equipo económico de DAVIbank agrega que no todos los exportadores tienen el mismo margen de maniobra. Las industrias con mayor valor agregado en su producto pueden negociar el precio en dólares de lo que venden para contrarrestar el impacto cambiario, mientras que quienes producen ‘commodities’ estandarizados no tienen esa misma posibilidad.
Así mismo, DAVIbank ofrece una recomendación de estrategia: no aferrarse a la idea de que el dólar va a volver a subir, sino ajustar las proyecciones del negocio a la realidad actual y cubrirse bajo ese nuevo escenario. Sostener lo contrario, advierten, “puede no tener más bases que simplemente un sesgo de pensamiento”. Los expertos de dicho banco dicen, además, que el propósito de estos instrumentos no es apostarle a la dirección del dólar para ganar dinero con eso, sino dar “predictibilidad en los flujos de caja” a la hora de planear el año.
Lo que viene
El Banco de la República se reúne de nuevo el 31 de julio, con la puerta abierta a otro aumento de tasas, y el nuevo Gobierno se posesiona el 7 de agosto, con lo que las promesas de ajuste fiscal que hoy solo son expectativa empezarán a ponerse a prueba.
Y aunque el propio Grupo Cibest calcula que la tasa de cambio debería converger hacia un rango entre COP 3.400 y COP 3.650 durante el segundo semestre, más cerca de su valor justo, la velocidad con la que ha caído el dólar en las últimas semanas deja abierta la pregunta de si ese ajuste llegará gradual, o de golpe, como ha venido ocurriendo hasta ahora.
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