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¿Cómo te vamos a convencer nosotros que no pudimos entender que sos un ser humano, una persona con un talento inigualable, el mejor jugador del planeta, pero una persona al fin? ¿Cómo te vamos a convencer nosotros si no paramos ni un segundo a darnos cuenta de que vos no sos el responsable del enojo que nos provoca perder?
Enzo Fernández
El 27 de junio de 2016, mientras Lionel Messi anunciaba entre lágrimas su renuncia a la selección de Argentina después de perder la final de la Copa América Centenario contra Chile, un adolescente de apenas 15 años decidió escribir una carta en Facebook. No era un futbolista profesional, ni imaginaba que algún día compartiría un vestuario con el capitán. Era un juvenil de River Plate llamado Enzo Fernández que, como millones de argentinos, se negaba a aceptar que el mejor jugador del mundo dejara de vestir la camiseta albiceleste.
En lugar de cuestionarlo, como hacían muchos por esos días, eligió defenderlo. “Mirémonos al espejo y preguntémonos si nos exigimos a nosotros mismos el 1 % de lo que le exigimos a este muchacho, que en verdad ni conocemos. Cómo vamos a convencerte nosotros que en el mundo entero te halagan, que en tus vacaciones podrías estar tirado en una playa y estás ahí corriendo y representando nuestros colores para que nos fijemos si corrés o si cantás el himno”, escribió.
La carta terminaba con un mensaje que hoy parece escrito por el destino. “Por favor, pensá en quedarte. Pero quédate para divertirte, que es lo que esta gente te ha quitado. En un mundo de presiones ridículas logran sacarle lo más noble que tiene un juego: la diversión. De pibe seguro soñabas con representar a tu país y divertirte. Verte jugar a vos con la celeste y blanca es el orgullo más grande del mundo. Jugá para divertirte, que cuando vos te divertís no te das una idea de lo que nos divertimos nosotros. Gracias y perdón”.
Diez años después, aquel adolescente no solo consiguió compartir equipo con Messi. Se convirtió en uno de sus principales socios dentro de la cancha y en una de las figuras de la selección de Argentina que volverá a disputar una final del Mundial. Mientras el capitán afronta el que probablemente sea el último torneo de su carrera, Enzo Fernández ha sido el futbolista que sostiene el equilibrio del equipo de Lionel Scaloni. Ha sido titular en todos los partidos de la Copa del Mundo de 2026 —excepto contra Jordania en el que hubo rotación completa—, maneja los tiempos del mediocampo, inicia la salida desde atrás, recupera balones y también aparece cuando más lo necesita su selección.
¡¡¡REMONTADA ÉPICA DE LA SCALONETA!!! ¡¡¡CABEZAZO GOLEADOR AGÓNICO DE ENZO FERNÁNDEZ PARA EL 3-2 DE ARGENTINA VS. EGIPTO!!!
— SportsCenter (@SC_ESPN) July 7, 2026
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De la revelación de Catar al líder del Mundial 2026
Lo hizo en los octavos de final contra Egipto, cuando marcó el 3-2 definitivo en el tiempo de adición para sellar la remontada y evitar la prórroga. Y volvió a hacerlo en la semifinal con Inglaterra. Argentina perdía hasta el minuto 85, pero apareció desde fuera del área para acomodar un remate mágico de línea y marcar el empate que cambió el rumbo del partido. Minutos después, Lautaro Martínez selló una nueva remontada y clasificó a la Albiceleste a una nueva final del mundo.
La diferencia entre el Enzo de Catar 2022 y el de Norteamérica 2026 resume buena parte de su evolución. En la Copa del Mundo de Catar fue la gran revelación. Llegó como suplente, pero un ingreso determinante en el enfrentamiento con México cambió su historia. Aquella noche, con Argentina obligada a ganar tras la derrota contra Arabia Saudita, Messi abrió el marcador y Enzo sentenció el triunfo con un gol memorable desde fuera del área. Desde entonces no volvió a salir del equipo titular, fue elegido el Mejor Jugador Joven del torneo y se consolidó como una pieza indispensable para Scaloni.

Cuatro años después ya no sorprende. Lidera. Su capacidad para recuperar la pelota, romper líneas con el pase y darle equilibrio al mediocampo lo convirtió en uno de los futbolistas más importantes del campeón del mundo. Ha compartido la mitad de la cancha con Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Alexis Mac Allister, adaptándose a distintas funciones sin perder protagonismo.
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El chico que nunca dejó de admirar a Messi
Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes de River Plate, Benfica o Chelsea. Empezó en el club de barrio La Recoba, en San Martín, a las afueras de Capital Federal, en Buenos Aires. Allí llegó con apenas cinco meses de vida, cuando sus padres, Marta y Raúl, llevaban a entrenar a los hermanos mayores. A los cuatro años comenzó a jugar contra niños de una categoría superior porque todavía no existía una para los nacidos en 2001. Su primer entrenador fue su propio padre, quien desde el principio lo ubicó como volante central.
Los que compartieron aquellos años todavía recuerdan una virtud que parecía impropia para un niño. Dicen que “tenía un guante en el pie”. La pelota siempre terminaba donde él quería. Su precisión era tal que en el baby fútbol convertía goles desde media cancha que ni siquiera eran válidos porque el reglamento obligaba a ingresar a una zona determinada antes de rematar. Mientras otros aprendían a jugar, Enzo ya parecía entender el juego.
Con apenas seis años, ingresó a las divisiones infantiles de River Plate para comenzar un camino que no siempre fue sencillo. En sus primeros años incluso jugó como defensor central, antes de encontrar su lugar natural en el mediocampo. Más adelante, en la novena y la octava división, hubo momentos en los que su continuidad estuvo en duda. Su contextura física parecía jugarle en contra frente a otros chicos de mayor desarrollo, pero compensó esa desventaja con una técnica poco común, inteligencia para interpretar el juego y una personalidad que nunca lo hizo bajar los brazos.
El debut en el primer equipo llegó el 4 de marzo de 2020, cuando Marcelo Gallardo le dio sus primeros minutos en un partido de Copa Libertadores frente a Liga de Quito. Sin embargo, el entrenador entendió que todavía necesitaba minutos y tomó una decisión que terminaría siendo determinante para su carrera: enviarlo a préstamo a Defensa y Justicia, sin opción de compra, para que encontrara el rodaje que difícilmente tendría en un plantel lleno de figuras.
La apuesta fue un éxito. Bajo la dirección de Hernán Crespo se convirtió rápidamente en una de las piezas más importantes del equipo de Florencio Varela. Ganó la Copa Sudamericana de 2020 y la Recopa Sudamericana de 2021 contra Palmeiras, actuaciones que convencieron a River de interrumpir el préstamo seis meses antes de lo previsto para recuperarlo.
De regreso en Núñez ya no era la joven promesa que había salido a buscar experiencia. Se adueñó del mediocampo del equipo de Gallardo, fue campeón de la Liga Profesional y del Trofeo de Campeones en 2021 y terminó su ciclo en River con 53 partidos, 12 goles y 10 asistencias. Su despliegue, la precisión en los pases y una pegada de media distancia que lo acompañaba desde el baby fútbol terminaron de convertirlo en uno de los futbolistas más cotizados de Sudamérica. Benfica apostó por él en 2022 y apenas unos meses después Chelsea rompió el mercado para ficharlo por más de 120 millones de euros, una cifra que lo convirtió en uno de los traspasos más caros de la historia de la Premier League.
En todo ese recorrido, nunca dejó de ser un admirador de Messi. Se emociona cada vez que habla del capitán, suele ser uno de los primeros en entonar las canciones que acompañan a la selección y, tras el triunfo frente a Egipto, volvió a destacar públicamente el ejemplo que representa Leo para todo el grupo, hasta quebrarse en lágrimas.
Messi probablemente nunca imaginó que aquel adolescente que le pedía perdón por las críticas terminaría siendo uno de sus compañeros más importantes. Enzo, en cambio, sí cumplió su sueño. Primero fue un hincha que rogó para que su ídolo no abandonara la selección. Después levantó con él la Copa del Mundo en Catar. Y hoy, convertido en el motor del mediocampo argentino, trabaja para que el mejor futbolista de la historia tenga la despedida mundialista que siempre soñó.
Hay historias que el fútbol parece escribir con demasiada precisión. Cuando Lionel Messi anunció su renuncia a la selección en 2016, Enzo Fernández solo era un adolescente que le rogaba que no abandonara el sueño de millones de argentinos. Diez años después, el destino los puso del mismo lado de la historia. Uno juega el último Mundial de su carrera; el otro hace todo lo posible para que ese viaje termine con otra vuelta olímpica. Hay historias que solo el fútbol puede escribir. Esta es una de ellas.

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