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Anthropic, la empresa californiana detrás del asistente de la inteligencia artificial Claude, tiene una cita con Wall Street en octubre. De concretarse, la operación podría situarse entre las mayores salidas a bolsa de la historia. Tan grande que tres de los bancos más grandes de Wall Street (Morgan Stanley, Goldman Sachs y JPMorgan) esperan recaudar alrededor de USD 60.000 millones.
No está de más recordar quién es esta empresa. Anthropic fue fundada en 2021 en San Francisco por un grupo de extrabajadores de OpenAI (entre ellos, Dario Amodei, su actual CEO). De ahí salió Claude, hoy uno de los asistentes de inteligencia artificial más usados del mundo y rival directo de ChatGPT.
La compañía está valorada hoy en cerca de un billón de dólares, unos USD 965.000 millones, para ser exactos (aunque analistas estiman que podría valer USD 1,2 billones para finales de 2026). Para quien necesite una referencia: lo que vale Anthropic es más de lo que valen JPMorgan Chase o ExxonMobil, dos de las corporaciones más antiguas y sólidas del planeta. O también, es casi 30 veces el valor de Ecopetrol, la empresa más grande de Colombia, para aterrizarlo más.
En los últimos meses, la empresa reportó una facturación anualizada de USD47.000 millones (cinco veces más que a finales de 2025), impulsada en buena parte por Claude Code, su asistente de programación.
Antes de entrar en los detalles de la operación que sacudiría el mercado bursátil global, vale la pena detenerse un momento. Esto es lo que significa que una empresa decida cotizar en bolsa.
De empresa privada a cotizar en Wall Street
Cuando una empresa anuncia que “saldrá a bolsa”, lo que hace es ofrecer una parte de su propiedad al público general a través de una Oferta Pública de Venta, conocida como OPV (o IPO por sus siglas en inglés). Básicamente, este paso marca la primera vez que cualquier persona (no solo grandes fondos o inversionistas privados) puede comprar acciones de esa compañía.
Antes de salir a bolsa, por lo tanto, Anthropic pertenece a sus fundadores, empleados y a quienes invirtieron en sus rondas privadas de financiación. Después, cualquiera con una cuenta de corretaje (una cuenta de inversión en bolsa) podría, en principio, tener un pedazo de la empresa creadora de Claude.
Las empresas dan ese paso por varias razones, pero la principal es simple: necesitan capital. Anthropic no es la excepción a ello.
La inteligencia artificial es, como señaló el profesor Édgar Jiménez, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, “un negocio muy intensivo en capital”, donde los recursos van destinados a microchips, servidores, memorias y todo el hardware que sostiene esta tecnología.
Una OPV es, entre otras cosas, una forma de conseguir ese dinero a gran escala.
Salir a bolsa también tiene un efecto menos tangible, pero que hay que considerar: tiende a inflar el valor percibido de una compañía. Esto es clave para saber lo que viene con el negocio de la IA. En un sector que hoy despierta tanta euforia, eso es también un mensaje a los competidores (casi siempre de advertencia).
Lo que se sabe de los planes de Anthropic
Hay que decir también que salir a bolsa no ocurre de un día para otro. El proceso tiene varias etapas: primero, la empresa radica confidencialmente sus documentos de registro ante el regulador bursátil (en Estados Unidos, la SEC).
Luego viene una ronda de reuniones con inversionistas institucionales, conocida como «roadshow», donde la compañía presenta sus números y sus planes. Solo después de eso se fija el precio por acción y se abre la negociación al público general.
Anthropic ya completó el primer paso: el 1 de junio radicó confidencialmente su documentación ante la SEC. Los bancos que lideran la operación (Morgan Stanley, Goldman Sachs y JPMorgan) ya están organizando las reuniones con inversionistas.
Así las cosas, la fecha tentativa del debut de Anthropic en bolsa sería el 22 de octubre de este año. La compañía apunta a cotizar en el Nasdaq, la bolsa donde cotizan la mayoría de las grandes tecnológicas del mundo (desde Apple hasta Meta).
Lo que también se sabe es que, al menos durante el primer año, la acción no hará parte del S&P 500, el índice que agrupa a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos y que sirve de referencia para millones de inversionistas globales, pues las reglas del índice exigen que una empresa cotice durante al menos 12 meses antes de ser considerada, y que demuestre rentabilidad sostenida (ganancias netas positivas en el último trimestre y en los cuatro trimestres anteriores). Anthropic, por ahora, no cumple con ninguno de los dos requisitos.
La carrera de la IA
Anthropic sería la primera empresa de inteligencia artificial en llegar a Wall Street, pero no sería por mucho tiempo la única. Su principal rival, OpenAI también ha dicho estar lista para el mercado bursátil, pero fue retrasando sus planes y se espera que lo haga hasta 2027. La volatilidad reciente de las acciones tecnológicas influyó en la decisión.
Desde China, DeepSeek también prepara su salida a bolsa, posiblemente en 2027. Cabe destacar que esta startup de inteligencia artificial el año pasado sorprendió al mundo demostrando que podía competir con Silicon Valley con menos recursos.
Así las cosas, el mercado de la inteligencia artificial se está convirtiendo, a toda velocidad, en un mercado bursátil.
Partiendo de que esta tecnología consume recursos a una velocidad brutal, que sigue siendo poco rentable para la mayoría de sus jugadores y depende de una infraestructura enormemente costosa, ¿es un negocio real o un enorme obelisco con cimientos de cristal?
¿Burbuja o negocio del siglo?
El negocio de la inteligencia artificial es, por ahora, un mercado más de expectativas que de certezas. No es necesariamente malo (internet también arrancó así, y ya vimos cómo terminó esa historia), pero la especulación en torno a las valoraciones explica por qué muchos usan la palabra “burbuja” para definir lo que está ocurriendo.
En cualquier caso, no todos comparten el pesimismo. Para Sebastián Chacón Marín, director de la Escuela de Negocios del Politécnico Grancolombiano, la OPV de Anthropic es precisamente la evidencia de que la industria maduró.
“No es una burbuja, sino que efectivamente son empresas rentables y que atienden necesidades en este momento de mercado”, dice. Para el docente, el valor real de estas compañías está atado al de empresas de hardware como Nvidia, que fabrica los microprocesadores que hacen posible la IA. Es un ecosistema, en últimas.
Édgar Jiménez, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, es más cauteloso. El sector tecnológico en general está cotizando cerca de máximos históricos, y ese no sería necesariamente el mejor momento para comprar acciones de una empresa recién listada.
Con Anthropic en particular, el docente recuerda lo que pasó con SpaceX: la mayor salida a bolsa de la historia generó euforia en sus primeros días de negociación, pero la acción cayó por debajo de su precio de debut apenas un mes después.
Lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial no tiene muchos precedentes. Es una industria que, a pesar de mover billones de dólares, todavía no sabe bien cómo ser rentable y, aun así, se prepara para pedirle un voto de confianza al mundo. En octubre se sabrá si el mercado le cree a Anthropic y, de ahí para delante, al resto de empresas de IA.
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