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El martes 21 de julio, varios buques cargados de petróleo que navegaban hacia el sur del Mar Rojo dieron media vuelta y se fueron. Bastó una amenaza de ataque para que las embarcaciones, ya familiarizadas con el peligro que implica recorrer esas aguas desde que estalló la guerra en Oriente Medio, se retirasen.
Y es que militantes hutíes de Yemen, un grupo armado que lleva meses sembrando inestabilidad en esa zona, anunciaron que estaban listos para atacar el tráfico marítimo en el estrecho de Bab al-Mandab, el paso que conecta el Mar Rojo con el océano Índico y que se ha convertido en una de las arterias más importantes del comercio mundial de crudo desde que el estrecho de Ormuz (la salida natural del petróleo del Golfo Pérsico) quedó prácticamente paralizado.
El Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC), un organismo multinacional creado a comienzos de 2024 para monitorear la seguridad naval en Oriente Medio y compartir alertas con la navegación comercial, confirmó que los hutíes habían desplegado misiles y drones en posiciones cercanas al paso.
Por su parte, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, dijo que las amenazas al Bab al-Mandab “agravan aún más” las preocupaciones sobre el suministro global de petróleo.
Ese mismo martes, el barril de brent cerró a USD 91,01, un 2,01 % más que la sesión anterior.
El plan B al estrecho de Ormuz
Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron sus ataques contra Irán el 28 de febrero de este año, el tráfico de buques por el estrecho de Ormuz se desplomó casi de inmediato. De los cerca de 130 barcos que cruzaban ese paso a diario antes de la guerra, el lunes 20 de julio transitaron 12, según datos de Kpler. Por ahí salía el 20 % del petróleo mundial, cabe recordar.

La economía siempre encuentra caminos para fluir, y Arabia Saudí encontró una salida: el oleoducto Este-Oeste que atraviesa la Península Arábiga y termina en el puerto de Yanbu, sobre la costa del Mar Rojo.
Lo que antes era una ruta secundaria se convirtió en la principal arteria del crudo de ese país. Dicho oleoducto pasó de mover 2 millones de barriles diarios antes de la guerra a más de 5 millones a comienzos de junio, según la AIE. Esto llevó a que el número de tanqueros operando en el Mar Rojo pasara de unos 50 a más de 93 en un solo día, según datos de Kpler.
Un “plan B” improvisado a gran escala y con limitaciones, pues las exportaciones totales de crudo saudí siguen muy por debajo de los niveles previos a la guerra. Pero funciona. Ahora, la amenaza hutí sobre el Bab al-Mandab podría volver a poner todo patas arriba.
El precio de la incertidumbre
A principios de esta semana, navieras y operadores recibieron un email firmado por los hutíes advirtiéndoles que no cargaran mercancía en puertos saudíes. De ahí el temor de los cargueros, pero no es la primera vez que el grupo siembra el caos en esa ruta.
Los hutíes atacaron embarcaciones en el Mar Rojo en 2023, tras el inicio de la guerra en Gaza. Según la firma de análisis marítimo Windward, el tráfico en esa vía opera hoy entre el 55 % y el 60 % de lo que era antes de aquel episodio.
Hamad Hussain, economista de Capital Economics, dijo al New York Times que “bastaría que uno o dos barcos fueran atacados para espantar a los armadores y hacer que dejaran de hacer ese recorrido”.
Todo esto ocurre en un 2026 que ha sido una montaña rusa para el mercado petrolero. Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron sus ataques contra Irán en febrero, el precio del crudo subió más del 50 % en las primeras semanas. En abril, el barril de brent tocó un máximo histórico de USD 144, más del doble de lo que costaba antes de la guerra, de acuerdo con datos de la AIE.
Desde entonces, una combinación de factores fue enfriando los precios del crudo: China recortó sus importaciones de crudo casi a la mitad frente a los niveles previos al conflicto, otros productores como Estados Unidos, Brasil y Venezuela aumentaron su oferta, y la AIE coordinó la liberación de reservas de emergencia a una escala sin precedentes, entre otros factores.
Pero hoy, con la amenaza hutí encima, el brent volvió a subir. El cierre del martes a USD 91,01 está lejos del pico de abril (USD 144), pero la velocidad con que repunta -una vez más- la cotización del llamado oro negro vuelve a encender las alarmas. Gregory Brew, analista del Eurasia Group, ya había advertido al New York Times que, si no hay una desescalada decisiva entre Estados Unidos e Irán, “los precios del petróleo probablemente subirían por encima de los USD 100 por barril este mes”.
No hay un plan C
Por ahora, no hay ataques hutíes confirmados, pero si en los próximos días el mercado decide que el Bab al-Mandab es demasiado peligroso, las opciones que quedan no son muchas.
El crudo podría ir hacia el norte, hasta el Mediterráneo, a través de un oleoducto en Egipto o por el Canal del Suez. Pero ambas rutas tienen limitantes: por ejemplo, el oleoducto egipcio no tiene capacidad para absorber todo el volumen que Arabia Saudí está enviando actualmente por el Mar Rojo, y el Canal del Suez no es lo bastante profundo para tanqueros completamente cargados, según expertos.
Los Emiratos Árabes Unidos, por su parte, tienen un oleoducto de 380 kilómetros que conecta Habshan, en Abu Dabi, con el puerto de Fujairah en el golfo de Omán, esquivando por completo el estrecho de Ormuz, con capacidad para 1,8 millones de barriles diarios, según la AIE. Pero esa capacidad está lejos de compensar lo que grandes productores, como Arabia Saudí, mueven actualmente por el Bab al-Mandab.
Más allá del precio del barril
Ante las dificultades de suministro que dejó el cierre de Ormuz, los principales consumidores del mundo están echando mano de sus reservas de emergencia. Pero esas reservas no son infinitas, y la pregunta que ronda a los mercados es cuánto más puede aguantar el sistema.
Por estos días, los países de la OCDE alcanzaron su nivel más bajo de existencias desde 1990, con una caída de unos 163 millones de barriles, según la AIE. De los 400 millones de barriles de emergencia que la Agencia coordinó liberar en marzo, ya salieron 290 millones al mercado. Fatih Birol, el director ejecutivo de la AIE, ha insistido en que liberar reservas es una medida de corto plazo. La reapertura total e incondicional del estrecho de Ormuz, dice, es lo único que resuelve el problema de fondo.
La guerra en Oriente Medio ya tiene un costo económico, y una nueva disrupción en el Bab al-Mandab lo agravaría. La OCDE advierte que la inflación promedio del G20 subirá a 4 % en 2026 y que el crecimiento mundial se moderará a 2,9 %. El encarecimiento de la energía arrastra consigo otro insumo crítico: los fertilizantes, cuyo precio ya subió más del 40 % desde mediados de febrero, lo que encarece la producción de alimentos en países que no tienen nada que ver con el conflicto.
Precisamente, el más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el estado de la seguridad alimentaria en el mundo, indica que antes de que estallara la guerra en Irán, la ONU calculaba que unos 503 millones de personas seguirían subalimentadas en 2030. Dicho conflicto ya sumó entre 7 y 17 millones de personas adicionales a ese pronóstico.
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