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En la mitología griega, Dédalo construyó unas alas de plumas unidas con cera para escapar, junto con su hijo Ícaro, del laberinto de Creta. Antes de volar le advirtió a Ícaro que no se acercara al sol, porque el calor derretiría el pegamento y acabaría precipitándolo al mar. Ícaro ignoró el consejo. Cegado por la posibilidad de llegar más alto, voló hasta que sus alas se deshicieron y cayó víctima de su ambición.
Parece que algo similar le ocurrió a Gianni Infantino. El presidente de la FIFA impulsó la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una empresa con la que pretendía abrir la puerta a inversión privada para explotar comercialmente torneos como el Mundial y multiplicar los ingresos de las federaciones. Sin embargo, el plan no solo fracasó, sino que provocó la mayor crisis de su gestión.
El proyecto ni siquiera salió a la luz por los canales oficiales. Fue el diario The Times el que reveló las negociaciones secretas con el fondo estadounidense Thrive Capital, asesorado financieramente por JP Morgan. La propuesta contemplaba recaudar cerca de 4.200 millones de dólares mediante la venta de una participación minoritaria en el negocio comercial de los mundiales. A cambio, la FIFA prometía más que duplicar los recursos destinados a las 211 federaciones.
La oferta despertó muchas dudas, entre ellas respecto a los inversionistas, ya que si iban a desembolsar semejante cantidad de dinero, ¿qué recibirían realmente a cambio? Aunque la FIFA insistía en que conservaría el control de las decisiones deportivas, la posibilidad de que capital privado influyera sobre el torneo más importante del planeta encendió las alarmas.
Peor aún resultó que muchas asociaciones se enteraran por una filtración periodística. La reacción fue inmediata y la confederación europea (UEFA) acusó a Infantino de intentar vender el fútbol mundial a magnates, y cuestionó que un proyecto de semejante trascendencia no fuera consultado públicamente.
Para Infantino, esta crisis llegó en un momento en el que su prestigio estaba cada vez más golpeado. Su independencia ya había sido objeto de críticas por su actitud frente a los países organizadores de los mundiales. En Rusia 2018 evitó confrontar al gobierno anfitrión pese a los cuestionamientos por la persecución contra personas LGBTIQ+. También minimizó las denuncias sobre los abusos laborales sufridos por miles de trabajadores migrantes durante la construcción de los estadios de Catar.
El Mundial 2026 tampoco estuvo exento de controversias. Los aficionados de diversas selecciones sufrieron dificultades migratorias, mientras que la delegación de Irán enfrentó restricciones para permanecer en territorio estadounidense durante el torneo. En medio de esos episodios, Infantino evitó cuestionar a los anfitriones.
Otro episodio que minó la credibilidad de Infantino y que golpeó la imagen de imparcialidad de la FIFA ocurrió durante el Mundial, cuando la Comisión Disciplinaria dejó sin efecto la suspensión del estadounidense Folarin Balogun, expulsado en los dieciseisavos de final, permitiéndole disputar los octavos. La decisión generó fuertes críticas hacia un organismo cuya independencia ya era cuestionada. Esa impresión también se alimentó por su cercanía con Donald Trump y por los vínculos entre el proyecto FFE y Thrive Capital, firma de Joshua Kushner, hermano del yerno del presidente estadounidense.
Ahora la crisis que desató el FFE fracturó el entorno cercano del propio Infantino. Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, aseguró que era “un proyecto de una sola persona” y acusó al presidente de haber “engañado a los trabajadores de la organización”. Carlos Cordeiro, asesor sénior del presidente de la FIFA, renunció afirmando que vender parte del Mundial era un mal negocio para el fútbol.
Infantino, tras retirar la propuesta, admitió que el FFE había generado divisiones incompatibles con el objetivo inicial. La marcha atrás, sin embargo, no bastó para calmar los ánimos. La UEFA sostuvo que “no podemos seguir así, con planes secretos que se llevan a cabo a toda prisa, ideados por individuos anónimos y de dudoso beneficio”, mientras que la Concacaf reclamó que “es imperativo un análisis exhaustivo de esta presidencia”.
La UEFA promoverá la dimisión del dirigente suizo. Aunque algunas asociaciones lo respaldan, el panorama ya no es el de hace unos años. En 2016 Infantino necesitó una segunda vuelta para conquistar la presidencia; en 2023 fue reelegido sin oposición. Ahora, de cara a los comicios de marzo de 2027, encara su peor momento. Sudamérica (Conmebol) y África (CAF) observan con prudencia. Saben que, si su vuelo termina como el de Ícaro, nadie querrá caerse con él.

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