Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La fotografía que deja la primera mitad del año para las exportaciones colombianas muestra elementos favorables. Según el DANE, entre enero y junio las ventas externas del país alcanzaron los US$27.844 millones, un 14,2 % más que en el mismo periodo de 2025.
Crecer a un ritmo de doble dígito no solo es sobresaliente, sino que pone en evidencia los elementos que están impulsando estos resultados. Al mirar con lupa el reporte del DANE se ve que las exportaciones de combustibles y productos de industrias extractivas aumentaron 18,6 %, superando así los USD 11.313 millones.
En suma, Colombia está recibiendo más dólares por sus exportaciones minero energéticas, especialmente de petróleo, cuyo precio se ha visto impulsado por las tensiones en Oriente Medio y las restricciones al tránsito en el estrecho de Ormuz. Como consecuencia, el barril ha superado ampliamente los USD 100 en varios momentos del año.
Pero esa misma lupa también muestra cifras no tan destacadas. Las exportaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas, así como las manufacturas cerraron el primer semestre del año en terreno negativo, con caídas del 2,7 % y 1,6 %, respectivamente.
Los desafíos
Como lo plantea Javier Díaz, quien es el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), las empresas exportadoras de Colombia enfrentan un panorama desafiante.
Parte de esto se debe al fortalecimiento del peso colombiano, que en la práctica reduce los ingresos de los exportadores, ya que por cada dólar que reciben obtienen menos pesos al convertir esas divisas en el mercado local.
Díaz señala que hay una decidida apuesta del gobierno Trump por debilitar el dólar, pues eso facilita el fortalecimiento de la competitividad de la economía estadounidense, al abaratar sus propias exportaciones.
La fortaleza del peso colombiano se acentúa por factores internos, como las altas tasas de interés, que atraen capital extranjero, y el aumento de las remesas. Ambos elementos incrementan la oferta de dólares en la economía y, por la dinámica de oferta y demanda, presionan a la baja la cotización de la divisa.
A este panorama se suma el aumento de los aranceles. A finales de julio, el Gobierno de Estados Unidos anunció que un grupo importante de productos importados desde Colombia pasaría de enfrentar un arancel del 10 % al 12,5 %. De acuerdo con estimaciones de Analdex, esta medida dejaría expuestas a ese incremento cerca del 30 % de las exportaciones colombianas hacia ese mercado.
Esta medida resta competitividad a los productos colombianos frente a los de otros países que mantienen un arancel del 10 % (como Ecuador, Canadá, India y Guatemala), lo que podría traducirse en una reducción de las exportaciones hacia Estados Unidos.
Según estimaciones de Analdex, el nuevo arancel del 12,5 % dejaría expuestas exportaciones colombianas hacia Estados Unidos por cerca de USD 4.438 millones. El gremio calcula que esta medida representaría un sobrecosto cercano a USD 80 millones, cuyo traslado al comprador dependerá del poder de negociación entre exportadores, importadores y distribuidores.
Conviene recordar que Estados Unidos justificó el aumento arancelario como una medida dirigida a los países que adoptan o promueven prácticas asociadas al trabajo forzoso. En el caso de Colombia, el argumento es que parte de los insumos que importa provienen de naciones señaladas por incurrir en este tipo de prácticas, razón por la que quedó sujeta a este tratamiento arancelario.
Díaz señala que el país debe sacar un decreto donde establezca que, como miembro suscrito a los acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), no se permite la importación de productos que provengan de países que realicen prácticas de trabajo forzoso.
“Es una política; hay que materializarla en un instrumento jurídico para mostrar, y poder sentarse a la mesa con los Estados Unidos, que aquí está el instrumento. Y veamos cómo bajamos ese arancel del 12,5 %”, concluyó.
El Espectador conoció que, tras la posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, parte de su gabinete sostendrá una reunión con representantes del Gobierno de Estados Unidos para negociar los aranceles que actualmente gravan una parte de las exportaciones colombianas.
Ese primer acercamiento comercial sería clave, pues la expectativa es que ese arancel del 12,5 % se reduzca a 0 %.
“Ayer estuve con el ministro designado de Comercio, Mauricio Gómez Amín, y también me dijo: La prioridad es sentarnos con los Estados Unidos a negociar un acuerdo que nos permita llevar ese 30 % de nuestra oferta exportable, que llega a los Estados Unidos y que hoy tiene el arancel del 12,5 %, a cero”, señaló el presidente de Analdex, al explicar que hoy el 70 % de las exportaciones hacia el país norteamericano se encuentra libre de este impuesto.
A este panorama desafiante se suman otros factores, como el incremento del salario mínimo y el aumento de los costos del transporte y la energía. Según Analdex, esta combinación presionará los márgenes de rentabilidad de las empresas exportadoras y reducirá su competitividad frente a otros mercados. Como consecuencia, algunas compañías podrían aplazar inversiones, reducir sus operaciones internacionales o, incluso, replantear si vale la pena seguir exportando.
La apuesta es crecer
A pesar de esta variada lista de desafíos, Analdex sostiene que Colombia tiene el potencial para duplicar sus exportaciones si logra mejorar su competitividad y diversificar su oferta exportable, reduciendo su dependencia del petróleo.
Como lo detalla Díaz, en la actualidad las exportaciones colombianas rondan los USD 50.000 millones al año. Esta cifra se considera baja si se tiene en cuenta el promedio per cápita que logran los países de la región. Si se alcanzara ese nivel, las ventas externas deberían superar los USD 100.000 millones.
“¿Por qué no nos ponemos como meta que, al término del gobierno de Abelardo de la Espriella, lleguemos a esos USD 100.000 millones?”, propone Díaz.
Para alcanzar ese objetivo, Analdex plantea una estrategia basada en cuatro ejes. El primero consiste en elevar la productividad mediante una mayor adopción tecnológica, el impulso a la innovación empresarial y la formación de talento, con el propósito de producir más y con mayor valor agregado. El segundo apunta a diversificar la estructura productiva, fortaleciendo sectores como la industria, la agroindustria y los servicios, para reducir la dependencia de unas pocas actividades exportadoras.
La hoja de ruta también propone mejorar la competitividad de las empresas mediante la reducción de los costos de transporte, energía, trámites y financiamiento. Finalmente, plantea ampliar la base exportadora del país, incorporando más empresas, regiones y sectores a las cadenas globales de valor. En conjunto, la apuesta busca construir una economía más productiva, diversificada y conectada con los mercados internacionales, capaz de sostener un mayor crecimiento de las exportaciones.
En últimas, si Colombia quiere venderle más al mundo necesita trabajar en una economía que sea capaz de competir con productos de un mayor valor agregado, de conseguir menores costos y una oferta de exportación más diversificada. Duplicar las ventas externas es posible, pero es un trabajo que demandará un cambio de paradigma para los próximos cuatro años.
💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas? Lo invitamos a verlas en El Espectador.