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Una de las principales conversaciones en este momento alrededor de la economía nacional orbita alrededor de los problemas fiscales del país: qué vamos a hacer para buscar nuevos ingresos, cómo se puede reducir el agujero negro del gasto.
Dos preguntas complejas, con soluciones nada fáciles desde el punto de vista técnico y con una ejecución política y de gerencia que se antoja aún más compleja.
Para la muestra de estas tensiones no hay que ir muy lejos, basta con ver los titulares de las últimas semanas: hay una reforma tributaria presentada ante el Congreso, así como un Presupuesto con un faltante de $30 billones. A su vez, el Gobierno entrante habla de austeridad en los gastos, reducción del Estado y pretende impulsar su propia visión de cómo reformular el panorama tributario.
En medio de los nubarrones fiscales o, más bien, a pesar de ellos, los resultados generales de la economía permiten ver un panorama con algo más de luces que de sombras. En general, el crecimiento ha retomado una senda positiva, luego del ajuste que tuvo el PIB en 2023, que vino después de los desmadres de consumo y gasto de la pospandemia.
Por ejemplo, el Gobierno estima que este año el PIB cerrará con una expansión de 2,6 %. La apuesta de la administración Petro ha sido seguir impulsando sectores como la agricultura y la agroindustria, que a su vez han ganado mayor protagonismo en las exportaciones, en detrimento de las industrias extractivas.
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Hacia el futuro, sin embargo, varios analistas han señalado que, si bien el agro es necesario, puede no representar el salto productivo y en ingresos que la economía colombiana necesita.
Con este panorama, lo que algunos expertos ven es la necesidad de crecer en sector servicios, especialmente en turismo.
Pero materializar este escenario pasa por solucionar problemas estructurales que bien pueden tomar mucho más allá del próximo cuatrienio. Hablar de turismo a escala nacional (por fuera de los centros típicos) requiere contar con vías, sistemas de transporte y, claro, con garantías de seguridad para empresarios y visitantes. Nada nuevo, la verdad. Pero tampoco nada fácil.
¿Qué visión tienen operadores y gremios del sector sobre lo que se debe hacer en turismo para dar un salto de fondo? Hablamos con diversas partes de este sistema para tratar de tener una radiografía transversal del tema.
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Un piso encima del otro, no un borrón y cuenta nueva
Gremios como Anato, Acotur y Travolution (la red global de turismo comunitario) consideran que el gobierno entrante debe reconocer lo que ya se ha hecho en los territorios e impulsar estos procesos turísticos nacionales. Proponen, de maneras diferenciadas, mejorar la promoción internacional pero también fortalecer el turismo interno, impulsar proyectos que faciliten el acceso al financiamiento o a emprendimientos turísticos.
“Construir sobre lo construido” es justamente lo que propone Laura Durana, presidenta ejecutiva de la Asociación Colombiana de Turismo Responsable (Acotur). Para ella, la administración Petro le brindó mayor visibilidad al turismo dentro de la agenda nacional, pues afirma que, además de una industria, fue una herramienta para el desarrollo territorial, la inclusión social y la conservación de los territorios.
Sobre esto coincide Camilo Alvarado, director de la sede en Colombia de Travolution, quien dice que, a pesar de la falta de estructura con los proyectos, fue importante la apertura estatal hacia las organizaciones sociales dispuestas a trabajar en el sector turístico.
En términos de inversiones, dirigentes gremiales como Paula Cortés, de Anato, hablan de mirar hacia la tecnología, la seguridad, la promoción internacional de los destinos turísticos y la inversión territorial. Durana agrega la importancia de invertir también en la conservación y la sostenibilidad.
El turismo llega a la transición de poder con cifras significativas: en 2025, la contribución directa de la industria al PIB colombiano se ubicó en COP 32,99 billones, equivalente al 1,8 %, según el World Travel & Tourism Council (WTTC).
Esto ha venido acompañado de cifras récord en términos de viajeros extranjeros (subida de casi 4 %, reportó el Ministerio de Comercio), pero, a la vez, de un crecimiento en el turismo interno, que se expandió 8,3 % en 2025, en comparación con las cifras de 2024, según datos del DANE.
Para Cortés, impulsar el país en materia turística es fundamental para atraer más turistas extranjeros, pero también nacionales. Para esta promoción del país, ella espera que durante el gobierno entrante se fortalezca el Fontur o Fondo Nacional de Turismo y se avance en la actualización del Registro Nacional de Turismo (RNT) para disminuir la informalidad, que en el sector es de un 50 %, según la dirigente gremial.
“De hecho, en este gobierno nosotros sacamos Transformando Destinos, que es uno de los proyectos más ambiciosos que ha tenido Anato en materia de apoyo a las regiones y de capacitación. Hemos ido a ocho destinos, entre ellos Chocó y el Guaviare”, cuenta Cortés.
Sobre este punto, Durana agrega que el crecimiento no se debe medir únicamente por la llegada de nuevos visitantes, sino que también está relacionado con la generación de oportunidades factibles, con el fortalecimiento de las economías locales y con la participación de las comunidades.
Acotur ha trabajado, por ejemplo, en regiones como el Atrato y Alto Baudó donde implementaron alrededor de 40 proyectos. “Con base en el volumen de iniciativas implementadas, estimamos que se han vinculado al menos 95 proveedores, empresarios y organizaciones locales de manera directa, y que las compras y contrataciones realizadas en los territorios podrían aproximarse a COP 875 millones”, afirma. Son cerca de COP 22,4 millones de pesos por proyecto.
Mirar el turismo desde las regiones
A orillas del Río Pauto está ubicada la finca ecoturística Rosita, en San Luis de Palenque, Casanare. Allí trabajan madre, padre e hijo recibiendo a turistas nacionales e internacionales para mostrarles la cultura llanera desde su gastronomía hasta sus prácticas ancestrales. Travolution trabajó junto a ellos para fortalecer el proyecto turístico de Rubiel Rativa y Rosa Sogamoso y así reforzar el turismo como una de sus fuentes de ingresos.
Esta es sólo una de las familias que desde su territorio impulsa el turismo nacional. “Por eso le pediríamos al siguiente gobierno: primero, que reconozca los proyectos que hay en los territorios de las organizaciones sociales. Segundo, que para hacer turismo en esos territorios es necesario generar ecosistemas de confianza con las gobernanzas locales y con esto me refiero justamente a las organizaciones de base comunitaria, que muchas de ellas hacen turismo”, dice Alvarado.
Generar empleo de calidad en la ruralidad es una necesidad vital: si bien la tasa de desempleo en este entorno es menor que la nacional (6,7 % frente a 8 %, respectivamente), más del 80 % de los puestos de trabajo son informales, de acuerdo con información del DANE.
En este campo hay una oportunidad de crecer, si se tiene en cuenta que, según el WTTC, Colombia creció un 6,9 % en empleos directos de turismo durante 2025, liderando además frente a otros países de la región.
En zonas donde el conflicto armado ha sido una constante, por ejemplo, los jóvenes pueden encontrar en la guianza o el turismo una salida económica para sus hogares. Sobre esto Durana afirma que “el nuevo gobierno debe seguir impulsando todas zonas del país porque creo que también es la manera de evitar la violencia, es darles otra oportunidad a las personas de las comunidades”.
Según la estrategia de turismo para una cultura de paz del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, en 60 de los 90 municipios PDET –programas de Desarrollo con Enfoque Territorial– hay interés por el turismo como un puente para la construcción de paz. “El 49%, afirmó la necesidad de generar estrategias que ayudaran con el fortalecimiento para la inserción de las iniciativas productivas a la cadena de valor ampliada del turismo y un 36% para la consolidación de los emprendimientos asociados a turismo o servicios complementarios”, dice un documento del Ministerio.
Este aprovechamiento de la generación de empleo también lo evidenció Lina Bautista, fundadora de Biotácora, una plataforma colombiana de turismo regenerativo, quien afirma que el turismo ha sido una posibilidad para transformar los ingresos de quienes sembraban cultivos de uso ilícito, o incluso, ha acompañado a excombatientes que han dejado las armas para convertirse en guías turísticos.
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Fortalecer el turismo comunitario
Para Travolution, el turismo comunitario es una práctica que permite desarrollar el territorio y las prácticas turísticas, pero no sin antes fortalecer la organización social. El turismo que parte de las comunidades debe ser fruto de sus propias necesidades tanto sociales como económicas.
Sobre esto, Durana sostiene que la formación “es una condición necesaria para que el turismo produzca transformaciones reales y sostenibles en los territorios. No podemos llegar a una comunidad y decirle que el turismo representa una oportunidad si no construimos con ella las herramientas para aprovecharla. Por eso, la formación debe ir mucho más allá de enseñar a prestar un servicio turístico, se debe trabajar en diseño de experiencias, interpretación del patrimonio, servicio al cliente, comercialización, formalización, sostenibilidad, seguridad, gestión empresarial, gobernanza y fortalecimiento de capacidades”.
Ahora bien, el turismo no puede ser el único ingreso para estas familias que destinan sus esfuerzos a este sector. Porque ¿qué sucede en las temporadas bajas donde un turista es casi que la sorpresa? Alvarado considera que lo “comunitario” también pretende activar otras vocaciones económicas para las personas y no generar una dependencia al turismo en un 100%. “Para nosotros es importante que todos los proyectos tengan una propuesta de autonomía alimentaria, que el turismo sea solo una alternativa económica”, dice.
Durana concuerda y, de hecho, pone el ejemplo del Pacífico colombiano. Las épocas de alta demanda turística dependen del avistamiento de ballenas, por eso propone que se diversifique la oferta para, no sólo aumentar las oportunidades de ingreso, sino también reducir la presión sobre los ecosistemas.
El ejemplo de las ballenas del Pacífico resume bien el reto de fondo: un país que basa su turismo en pocas temporadas y pocos destinos corre el riesgo de repetir, en pequeño, la misma dependencia que hoy tiene con el petróleo o el café. La diferencia es que, esta vez, parte de la receta ya existe en los territorios, pero falta seguir construyendo sobre ella, mientras que se continúan resolviendo los temas críticos en términos de infraestructura y seguridad.
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