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Si hay una potencia agroalimentaria en América Latina esa es Brasil. Pues se ha posicionado en el mundo como el primer productor y exportador de café, zumo de naranja, azúcar, carne de res, soja y el más grande vendedor internacional de tabaco, carne de pollo y algodón. Esto lo convierte en un referente para la región en cuanto al crecimiento del sector.
Allí, el sector agropecuario creció 11,7 % en 2025, muy por encima del 2,3 % que avanzó la economía en su conjunto. En Colombia, en cambio, el PIB también aumentó 2,3 %, pero el crecimiento del agro fue de 3,1 %.
Las actividades agrícolas y pecuarias brasileñas crecen, a pesar de no estar libres de retos como las altas tasas de interés –que se ubican en el 14,25 % anual y en Colombia son del 12 %– y las dificultades comerciales para acceder a los mercados de otros países, especialmente Estados Unidos y la Unión Europea (UE), entre otros.
¿Qué hace que el modelo agrícola y pecuario brasileño sea tan exitoso en el mundo y qué se puede, o no, replicar en Colombia?
Una mirada a la producción de Brasil
Son varias las ventajas que tiene el país para la producción agropecuaria que la han llevado a tener un crecimiento sostenido. Varias de ellas las comparte con la región, como el clima sin nieve, que permite que se dé más de una cosecha en el año y la disponibilidad de agua. Además, tiene la ventaja de contar con una amplia extensión de territorio.
La diferencia radica en que cuenta con zonas altamente productivas ubicadas en planicies, dedicadas a grandes extensiones de cultivos, lo que facilita el acceso a maquinaria sofisticada y a tecnologías de agricultura de precisión. En las zonas de ladera, además, cuenta con sistemas de cosecha asistida que agilizan el proceso y reducen los costos de mano de obra. “Se trata de procesos que no son muy comunes en Colombia, por lo que los costos laborales pueden ser del 60 % del total en los cafetales”, resalta Luis Fernando Samper, consultor internacional en temas cafeteros.
Si bien Brasil lidera el comercio exterior y es competitivo por sus bajos costos de producción, cuenta con un amplio mercado doméstico al que destina el 70 % de lo que produce. Este funciona como un colchón que permite absorber la oferta cuando los precios internacionales no son favorables o surgen dificultades logísticas. Además, el país puede recurrir a otros mercados, según le dijo Ricardo Santin, presidente de la Asociación Brasileña de Proteína Animal (ABPA), a El Espectador, en el marco de la Siavs, la Feria Internacional de Proteína Animal, celebrada en São Paulo.
Uno de sus principales puntos débiles es la fuerte dependencia de agroinsumos importados: Brasil compra cerca del 90 % de los fertilizantes que utiliza y es, además, el mayor importador mundial de este producto. Esta es una realidad que también vive Colombia, con la diferencia de que el país vecino sí garantiza los insumos que requieren otras actividades, especialmente a las pecuarias que hacen parte del mismo sector.
Se habla principalmente del maíz y la soya que se usan para alimentar a los animales. Esta actividad, en muy resumidas cuentas, transforma la proteína vegetal en animal y es clave para la seguridad alimentaria porque garantiza la disponibilidad de la proteína que ofrece la carne de pollo, cerdo, res y pescado; además del huevo y la leche.
En los productos mencionados, Brasil es un fuerte competidor mundial. Para lograrlo, la primera clave fue garantizar la disponibilidad de los granos esenciales. Esta sigue siendo una deuda nacional ya diagnosticada, pues la dependencia de las importaciones es de más del 85 % para el maíz (7.662.295 toneladas, frente a 1.378.582 toneladas producidas en Colombia) y del 93 % para la soya y sus derivados (3.034.493 toneladas respecto a 230.862 toneladas locales), de acuerdo con la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce).
Carlos Ronchi, quien es el director técnico global de la empresa brasileña OLMIX, explica que para que las proteínas sean baratas de producir, la materia prima debe serlo. Para él es como si en Colombia se buscara construir una casa a buen precio, pero partiendo de un ladrillo (los granos) importado que sale costoso y cuyo suministro no está garantizado en un contexto de guerras y conflictos geopolíticos.
Además, la industria brasileña es robusta porque el sector privado invierte en innovación y tecnología desde hace varias décadas. Esta también ha sido una alternativa para subsanar las dificultades para encontrar mano de obra para el agro y a la vez intentar retener a los jóvenes, ya que el relevo generacional tampoco está garantizado.
De otro lado, el país cuenta con políticas públicas que han facilitado el acceso a crédito para costear tecnología productiva en cadenas como la bovina, avícola y porcina. Es un sector que se moderniza y se vuelve cada vez más productivo sin tener que aumentar sus áreas de producción.
Caso contrario al de la pesca, que se ha quedado con embarcaciones cada vez más viejas, obsoletas o artesanales, mientras que no hay nuevas licencias para desempeñar la actividad. Eduardo Lobo, presidente de la Asociación Brasileña de las Industrias del Pescado (Abipesca), dice que esto se explica también debido a la falta de una línea de crédito para la actividad, ya que los bancos no aceptan las embarcaciones como garantía de pago para hacer el préstamo, algo que sí ocurre con otras maquinarias del agro. Lo anterior, sumado a las condiciones climáticas adversas, hacen que cada año haya menos pesca. Por eso la apuesta del sector es hacia la acuicultura.
El caso de la pesca brasileña sirve para ilustrar la importancia del crédito para desarrollar la agroindustria, un asunto que requiere del apoyo Estatal, especialmente en el contexto actual de altas tasas de interés.
¿Para dónde va el sector del agro en Brasil?
Para cualquier exportador, las relaciones con los demás países y mercados son esenciales. Esa es una de las apuestas brasileñas, mantener su posición en los mercados que tiene, por lo que requiere superar las dificultades con algunos de ellos como lo son Estados Unidos y la Unión Europea, además de fortalecer algunos emergentes.
De hecho, en julio el Gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, impuso un arancel adicional del 25 % a productos brasileños por supuestas prácticas desleales. Sin embargo, algunos productos, como la carne de res, el café y la tilapia, quedaron exentos.
El presidente de la ABPA expresó que no son exportadores ni importadores del mercado americano, sino competidores de EE. UU. en otros países. Los aranceles han afectado en la carne de cerdo, ese mercado representaba el 2 % de su producción y con las dificultades comerciales ha caído al 0,5 %.
Respecto a la UE, el gobierno del presidente Lula Da Silva ha intensificado las negociaciones para evitar repercusiones en las exportaciones brasileñas de proteína animal, en concreto. La razón es que el bloque excluyó al país de aquellos autorizados para el comercio de productos animales a partir de septiembre debido a que dicen que incumplen la normativa europea respecto al uso de antibióticos en la producción.
Sin embargo, el ministro de Agricultura y Pecuaria, André de Paula, le respondió a este medio que es una barrera que considera fue impuesta como “castigo a la eficiencia de los productos brasileños y la competitividad que ellos tienen por los bajos precios que consiguen”.
Más allá de ello, el país busca seguir fortaleciéndose en sus mercados ya consolidados (China, Japón, Emiratos Árabes y demás) y aprovechar la demanda de otros lugares. Santin resalta que el país tiene capacidad para expandirse desde lo pecuario a Indonesia, Bangladesh, Pakistán, India, donde hay más de dos mil millones de personas que pueden comer más carne. “Hay mucho espacio para Brasil y Latinoamérica para vender, acá tenemos gente, agua, granos, para crecer conforme lo hace la demanda”.
Finalmente, el ministro André de Paula resaltó que en un periodo de 50 años, Brasil pasó de importar alimentos a ser un exportador y eso es fruto de la capacidad de todos los productores y articuladores del mercado.
Con el panorama en claro, la pregunta es cuánto más va a esperar Colombia para invertir decididamente en el desarrollo del agro y aprovechar sus ventajas geográficas y la riqueza del suelo para garantizar la seguridad alimentaria local y del mundo.
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