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Eran las 7:34 a. m. del lunes 10 de agosto de 2026. 150 ciclistas estaban a escasos 15 minutos de empezar la tercera etapa de la Vuelta a Colombia. Ese día, el recorrido comenzaba desde Garzón, Huila. La temperatura rondaba los 22 a 23 grados Celsius; se sentía la sensación de humedad y podía vislumbrarse alguna gota de lluvia durante los 160,5 kilómetros de recorrido. Fue en ese preciso instante que por casi dos minutos la tierra se movió. El piso comenzó a rugir. Fue como si desde las profundidades un monstruo necesitara liberar una energía que por décadas venía acumulando.
Sin embargo, el movimiento telúrico no impidió la partida de los pedalistas, que esa mañana pasaron por Gigante, Hobo, Campoalegre, El Juncal y Guacirco hasta llegar a Neiva, capital del departamento, a las 12 del mediodía. Sintieron el sismo, pero desconocían la dimensión de lo que había pasado en otras partes del país, lo que significaría, para ellos y para todos, días después.
A esa hora, Colombia ya estaba sumida en una profunda crisis por cuenta de un terremoto de magnitud 7,4 que le costó la vida a más de 330 personas y dejó una profunda herida. No solo por aquellos que perdieron una casa, a un familiar o la vida, sino por el miedo generalizado de que algo así vuelva a ocurrir y de no estar preparados.
“Sí lo sentimos, pero la verdad no fue tan grave. Internamente pensamos que era un temblor más. Con ese pensamiento salimos a correr. Fue solo hasta que llegamos a la meta que vimos las noticias en el celular. Ahí entendimos la magnitud del evento. Más de uno nos asustamos porque no era algo casual; había sido un terremoto devastador”, relata Diego Camargo, campeón de la Vuelta a Colombia 2026 en entrevista con El Espectador.
El ciclista boyacense de 28 años, al igual que los otros 149 pedalistas, ya había participado de dos etapas antes de la de ese traumático lunes 10 de agosto, pero fue hasta la quinta sesión, dos días después —el miércoles 12 en la etapa reina que tuvo un puerto de montaña fuera de categoría en el Alto del Sifón (Tolima)—, que Camargo tomó el liderato de la competencia. No lo soltó más, pues esa fue la última fracción que se corrió. El título lo logró en circunstancias muy específicas, lo cual aclara que no quisiera volver a vivir. “Fue una Vuelta a Colombia muy atípica. Lamentablemente, uno nunca quiere que una competencia termine como terminó esta”, confiesa Camargo, quien encontró tranquilidad al hablar con su familia. “Fue lo primero que hice después de bajarme de la bicicleta”.
Contrario a lo que algunas voces dentro y fuera del ciclismo colombiano pedían, la Vuelta continuó su curso desde Neiva, a pesar del terremoto. Y ahí, los deportistas se dieron cuenta de la cruda realidad del país. Al día siguiente, llegaron a Ibagué, Tolima, donde terminaron la cuarta etapa y se dispusieron a escalar el puerto de montaña más importante de toda la carrera. Eso fue justo antes de adentrarse en Manizales, una de las ciudades más afectadas por el terremoto con más de 8.000 personas damnificadas, 17 edificaciones colapsadas en su totalidad y 19 construcciones dañadas gravemente. Ver eso en vivo y en directo le mostró el camino a la organización. Después de que Camargo conquistó el Sifón, ya no era tiempo de deporte, era tiempo de Colombia.
“Deportivamente sabíamos que cada día debíamos dar lo mejor. Tras el temblor, en cualquier momento se podía dar por finalizada la carrera y había que dejarlo todo en la carretera. Aun así, a nivel mental había mucho temor de llegar a Manizales y de que hubiera otro terremoto”, reconoce Diego Camargo.
El pedalista del Team Medellín-EPM recuerda que día a día la carrera se hacía más difícil de correr. No porque hubiera escombros en la carretera, era un tema mental. Era imposible abstraerse, a pesar de querer poner todo de su parte para finalizar. No solo porque era su gran oportunidad en la temporada, sino porque había muchas personas que también habían arriesgado mucho para competir en la Vuelta a Colombia.
“Dentro del equipo había opiniones divididas sobre continuar o no. Nuestro calendario en el año es muy cortico y teníamos que aprovechar esta carrera, pero al mismo tiempo era difícil seguir con toda esa situación alrededor”.
Finalmente, la mañana del jueves 13 de agosto de 2026, la Federación Colombiana de Ciclismo decidió cancelar el evento y dar como campeón a quien terminó líder de la clasificación general tras la quinta etapa en el Alto del Sifón. Ese fue Diego Andrés Camargo Pineda, quien repitió el título pues ya había ganado en 2020. “Lo recibí con mucho agradecimiento. Título es título, aunque no fue como hubiera querido. Iba preparado para disputar todas las etapas, no para terminar así. No solo por mí, sino también por todo el equipo que hizo muchos esfuerzos e inversiones”.
La Vuelta terminó y el trofeo tuvo un destinatario final, algo que Camargo nunca va a olvidar. No obstante, más marcado quedó en su memoria lo que vio cuando llegó a Manizales el día en el que se situó en lo más alto de la general. Cientos de edificios agrietados, casas casi en el piso, estructuras colapsadas, el suelo lleno de pedazos de concreto y un sentimiento de desesperanza. La ciudad ya no era un lugar de vidas pasando, sino de vidas pasadas que hoy el país intenta honrar y reconstruir con lo que quedó. Los sueños, proyectos y anhelos representados en las viviendas de miles de colombianos quedaron arruinados en un instante de furia de la naturaleza. Una fuerza que muchos intentan explicar, pero que no se puede predecir. Así quedó buena parte de Colombia tras ese fatídico lunes. Desde entonces, el país intenta volver a levantarse con la esperanza de un futuro mejor y más próspero.

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