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Tadej Pogacar provoca una fascinación extraña: la que producen aquellos deportistas cuya superioridad empieza a parecer injusta. La forma arrasadora en la que suele desprenderse del resto despierta admiración en muchos y fastidio en otros. Su diferencia es abismal. Y mientras unos contemplan al que podría terminar siendo el mejor ciclista de todos los tiempos, otros sospechan del prodigio, inevitablemente, porque pocas disciplinas alimentan tanto a los “conspiranoicos” como el ciclismo, un deporte marcado por los fantasmas de su propia historia. Pogacar gana tanto, y a veces con semejante facilidad, que hasta lo extraordinario se convirtió en costumbre.
Sin embargo, el ciclismo es bello porque es profundamente humano, susceptible a nuestras desgracias. Incluso, el ciclista perfecto está sometido a nuestra fragilidad. Entonces los adjetivos rimbombantes se quedan cortos: Pogacar no es de otro planeta. Una cámara GoPro tirada en plena carretera, como se terminó descubriendo, bastó para mandarlo al suelo y ponerlo frente a la caída más terrible de su carrera. El diagnóstico devolvió al fenómeno a nuestra dimensión: conmoción cerebral, fractura desplazada de la clavícula izquierda, fractura cervical estable en C7 y múltiples abrasiones. No hubo secuelas neurológicas, pero después de años construyendo diferencias absurdas sobre una bicicleta, por unos segundos Pogacar se vio tan vulnerable como cualquiera de nosotros.
Beaten up but still the same Tadej 🤘
— Velon CC (@VelonCC) August 30, 2026
Tadej Pogačar posted an Instagram Story from his hospital bed on Sunday morning, a day after suffering concussion and fractures to a neck bone and his collarbone in a race-ending crash on Stage 8 of La Vuelta a España.
📸 @TamauPogi pic.twitter.com/ax3xXJmYL4
Nunca había abandonado una gran vuelta. Había terminado todas las que disputó y ganó casi todas, con la excepción de los dos Tours de Francia que Jonas Vingegaard le arrebató. A veces se olvida, pero antes de que el danés empezara a acumular sus propias desgracias con las caídas, aquel pescador le amargó la vida durante dos años consecutivos.
Pogacar respondió reinventándose hasta convertirse en un corredor prácticamente imposible de vencer. En esta Vuelta fue líder desde la contrarreloj de la primera etapa y en la montaña, durante la cuarta jornada, dejó la sensación de haber sentenciado la carrera. Se encaminaba a convertirse en el noveno ciclista capaz de ganar Giro, Tour y Vuelta, un olimpo reservado a Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Alberto Contador, Vincenzo Nibali, Chris Froome y Jonas Vingegaard.
Tadej Pogačar hit a stone, that’s why he crashed. #LaVuelta26 pic.twitter.com/J9gd6D95Lp
— Lukáš Ronald Lukács (@lucxsronald) August 29, 2026
Parecía que solo una desgracia podía detenerlo. Y sucedió. Porque Pogacar podrá ser un fenómeno entre humanos, pero sigue siendo uno de los nuestros. Tal vez sea uno de los corredores más valientes y avezados que hayan montado una bicicleta, un competidor sin igual capaz de hacer parecer sencillo aquello que para los demás resulta imposible. No obstante, ninguna ventaja, ningún talento y ningún palmarés protegen contra el azar. Esta vez no hubo rival capaz de derrotarlo: bastó un objeto abandonado sobre el asfalto.
Siempre se ha admirado del esloveno precisamente esa falta de miedo. Incluso cuando tiene la carrera controlada y podría administrar sus diferencias, se lanza, arriesga y busca espectáculo. Es uno de los deportistas más fieros de nuestra época. En cualquiera de esos ataques innecesarios parece dispuesto a jugarse todo por esa obsesión casi desencarnada por ganar. Por eso produce tanta desazón que la peor caída de su carrera haya ocurrido en un paso de trámite, en un tramo controlado, en un día cualquiera. Aunque, pensándolo bien, quizá ahí esté precisamente la explicación: la desgracia no avisa. Puede aparecer cuando menos se espera, cuando estás en la cima y el sol cae pleno sobre los dos hombros.
La primera semana de la Vuelta terminó ayer con Enric Mas como inesperado líder y sin Pogacar, después de la tragedia del sábado, en carrera. Desde mañana, con la segunda semana, empieza otra competencia. Colombia tiene a Harold Tejada octavo en la general, a Santiago Buitrago como líder de la montaña y a Juan Felipe Rodríguez sexto entre los jóvenes. De la nada, una carrera que parecía resuelta adquirió otro tono y una incertidumbre que hace apenas unos días parecía imposible. Será, seguramente, más abierta y tal vez más emocionante, pero no tendrá al mejor de todos en la carretera. Inevitablemente, ya no será lo mismo en la última grande del año.

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