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Un precio del dólar en mínimos de casi ocho años suena a buena noticia, y lo es, para quien importa o para quien compra en dólares. Pero para los exportadores colombianos de materiales de construcción, esa misma fortaleza del peso se ha convertido en el principal dolor de cabeza para vender afuera.
El país exporta sobre todo ventanería y marcos de aluminio para puertas y ventanas, que por sí solos explican más de la mitad de las ventas externas del sector, seguidos de tubería y accesorios de acero y de PVC. Más atrás vienen los sanitarios de porcelana, las placas de fibrocemento y la baldosa cerámica. El cemento, el ladrillo, la teja y el vidrio, en cambio, pesan poco en la canasta exportadora: entre los cuatro no llegan a USD 10 millones en el semestre, menos del 2 % del total.
Ese catálogo es el que le ha valido a Colombia el apodo de la “ferretería de América Latina” entre sus compradores regionales. Sin embargo, entre enero y junio de este año, las exportaciones de dicho sector cayeron 7 % frente al mismo período de 2025, según cifras provistas por ProColombia.
“Es una industria (la de la construcción) que se ve muy afectada por la Tasa Representativa del Mercado (TRM) que tenemos actualmente”, reconoció Nicolás Mejía, vicepresidente de Exportaciones de ProColombia, durante Expocamacol, la principal feria internacional de construcción, ingeniería, arquitectura y diseño del país, que se desarrolló esta semana en Medellín.
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La balanza comercial de la construcción
Las declaraciones aduaneras que compila la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia (Analdex) confirman el diagnóstico de esta caída en exportaciones.
En el primer semestre de 2026, el país exportó materiales de construcción por USD 516,1 millones, frente a USD 558,5 millones del mismo periodo de 2025. Una caída de 7,6 %. En importaciones ocurrió lo contrario: se trajeron materiales por USD 872,2 millones, un 10,6 % más que hace un año.
Sumados los dos frentes, el déficit comercial del sector pasó de USD 230 millones FOB a USD 356 millones FOB en un solo año. Dicho de otro modo: por cada dólar que Colombia le compró al mundo en materiales de construcción entre enero y junio, vendió 59 centavos de dólar en productos nacionales. En 2025, el país vendía 71 centavos de dólar.
En dicho periodo, las importaciones de barras de acero corrugado sumaron USD 51,3 millones, 60 % más que un año atrás. La cerámica de revestimiento sumó USD 87,1 millones, 22,8 % más. El cemento y el clínker crecieron 5,6 %, hasta USD 26,9 millones. En total ingresaron a Colombia 1,95 millones de toneladas de materiales en el primer semestre de 2026, 11,5 % más que en ese lapso de 2025, repartidas entre 5.749 importadores, de acuerdo con cifras de Analdex.
El destino dominante, de lejos, es Estados Unidos: USD 348,8 millones entre enero y junio, dos de cada tres dólares que exporta el sector. Detrás aparece un grupo mucho más pequeño en el que Venezuela pasó a ser el segundo comprador (USD 38,3 millones, 20,8 % más que hace un año), seguido de Panamá y México, ambos con crecimientos de 81 %. Ecuador, que hasta el año pasado era socio de primera línea, cayó al quinto puesto con USD 13,2 millones.
Los envíos a países del Caribe, además, sumaron USD 30,9 millones, un 6 % del total, con República Dominicana (USD 9,5 millones) y Puerto Rico (USD 5,5 millones) a la cabeza, islas que dependen del turismo y no paran de levantar infraestructura hotelera para atenderlo.
Por qué el dólar es problema
La TRM se ubica este 31 de agosto en COP 3.202,79, aunque sigue rondando mínimos que no se veían desde 2018. Frente al mismo día de 2025, la diferencia es notoria: la TRM de hoy es 20,3 % más baja. Y frente al cierre de 2025 (COP 3.757,08), el peso acumula una revaluación aproximada de 14,8 % en lo que va del año.
Este es justamente el escenario que le complica las cuentas a cualquier empresa que transe negocios en dólares. Por ejemplo, un exportador puede vender la misma cantidad de tubería o cemento que el año pasado, incluso más, pero si el dólar que recibe por esa venta se le convierte a COP 3.200 en vez de los COP 3.757 de finales de 2025, termina con menos pesos en el bolsillo, aunque haya vendido más.
Frente a esto, los exportadores no se han quedado de brazos cruzados, aunque el rumbo del dólar sea algo que no se pueda controlar.
Según cuenta Nicolás Mejía, vicepresidente de Exportaciones de ProColombia, la respuesta del sector ha seguido la lógica de: si cada dólar vendido se convierte en menos pesos, hay que vender más dólares. Eso significa cerrar más negocios y con mayor volumen de mercancías, para que el total de ingresos compense lo que se pierde por cuenta del tipo de cambio.
A lo anterior se suma, en palabras de Mejía, una apuesta por mayor calidad y valor agregado, que le dé al comprador internacional una razón para aceptar pagar un poco más por unidad, así sea un margen pequeño, en lugar de competir únicamente por precio bajo.
Esa apuesta por vender más cantidad, al menos en el primer semestre de 2026, no aparece en las cuentas grandes de Analdex. El sector despachó 330.038 toneladas de materiales de construcción entre enero y junio, frente a 398.957 del año anterior. Son casi 69.000 toneladas menos, una caída de 17,3 %.
Buena parte de esa carga que dejó de salir es material pesado y de precio más barato en el mercado, como la piedra, la arena y el cemento, los cuales aportaron 42.000 toneladas menos que hace un año.
EE. UU. y Ecuador están comprando menos, ¿por qué?
Ecuador y Estados Unidos, dos compradores tradicionales de materiales de construcción colombianos, concentran buena parte de esa caída de 7 % en las exportaciones del sector en el primer semestre de 2026.
En primer lugar, Ecuador no es un mercado menor para la industria de la construcción colombiana: alrededor de una tercera parte de lo que Colombia le vende a ese país es insumos y materiales, como lo afirman desde Camacol Antioquia.
Ese mercado se cerró casi por completo en la primera mitad del año, por cuenta de una guerra comercial que se extendió por meses. La disputa arrancó el 21 de enero, cuando el entonces presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, impuso un arancel del 30 % a las importaciones colombianas, alegando falta de acción de Colombia contra el narcotráfico en la frontera común. Colombia respondió con la misma medida, y de ahí la tensión solo escaló: en mayo, el arancel ecuatoriano llegó al 100 %. La tregua llegó recién a comienzos de junio, tras un acuerdo entre Noboa y quien entonces era candidato presidencial, Abelardo de la Espriella.
MAPEI, multinacional italiana con presencia en Colombia desde 2017, fabrica aditivos para concreto y mortero, impermeabilizantes, selladores, adhesivos, morteros y pinturas, entre otros insumos para obras de vivienda e infraestructura. Desde su operación en Colombia exporta directamente a Venezuela, Ecuador, Guyana y Surinam, además de vender a sus propias operaciones en Perú, Panamá y Costa Rica.
Su gerente general, Miguel Perilla, dice que la revaluación del peso los ha hecho “poco competitivos” en varios de esos mercados, obligándolos a ajustar precios de forma importante para seguir vendiendo. A eso se sumó, en el caso puntual de Ecuador, el cierre casi total de las exportaciones durante la disputa arancelaria y, aunque el flujo ya se está restableciendo, los ajustes de precio que han tenido que hacer para poder competir en ese mercado siguen siendo “importantes” por cuenta de la depreciación del dólar, cuenta Perilla.
A la fortaleza de la moneda colombiana se suma otro factor, desde el 24 de julio, una porción de las exportaciones colombianas a Estados Unidos paga un arancel adicional, después de que ese país concluyera que Colombia no ha prohibido de forma efectiva la importación de bienes hechos con trabajo forzoso.
Dicho gravamen no suspende el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre los dos países, y según un análisis de AmCham Colombia, cobija solo a una parte de la canasta exportadora, cerca del 21 %, mientras el resto sigue exento por tratamientos diferenciados. Sin embargo, no hay un desglose de cuánto de ese porcentaje corresponde específicamente a materiales de construcción.
En cualquier caso, el gremio ha reiterado en otras oportunidades que productos como ventanería y perfilería en aluminio muestran potencial para incrementar su presencia en el mercado estadounidense.
¿Cuánto de una obra en Colombia es importado?
Colombia importa poco de lo que necesita para construir, como lo explica Eduardo Loaiza, gerente de Camacol Antioquia: “De todo el acero que se usa en Colombia, la mitad es importado; de la cerámica que se usa, el 70 % lo produce el país, en cemento producimos una gran mayoría de lo que se usa, en concreto también; las pinturas son nacionales, así como la grifería, los sanitarios, el ladrillo, entre otros”.
“Podría decir que más del 90 % de lo que se vende en la construcción lo produce el país”, agrega Loaiza. Para el líder gremial, lo que llega de afuera no llegaría al 10 % del valor de una obra.
La cifra, sin embargo, puede que esté incrementándose. Entre enero y junio entraron al país 1,95 millones de toneladas de materiales de construcción importados, 11,5 % más que un año atrás. El grueso lo conforman materiales corrientes de obra. El acero, entre tubería, estructuras, varilla y perfiles, explica 40 % de lo importado; la cerámica, 13 %, y el plástico, otro 12,5 %.
Nada de esto contradice necesariamente las cuentas de Loaiza, de Camacol Antioquia, porque una obra puede seguir siendo mayoritariamente nacional aunque lo importado crezca. Pero con el dólar en mínimos de casi ocho años, la misma tasa de cambio que castiga al exportador vuelve más barato al proveedor extranjero.
Esta es, además, una industria que arrastra a buena parte de la economía. Loaiza calcula que la cadena de la construcción jalona en total 34 subsectores; desde carpintería y pisos hasta cementos, pinturas, cerámica y vidrios.
Por eso una caída en las exportaciones del sector no golpea solo a quienes exportan, sino a toda esa cadena de proveedores detrás.
¿Qué viene para los materiales colombianos?
Respecto a Ecuador, la historia ya empezó a recomponerse. Tras meses con la frontera prácticamente cerrada por la guerra arancelaria, el comercio está retornando de a pocos.
Con Estados Unidos, en cambio, el frente sigue abierto: Mejía, de Procolombia, reconoce que no tiene los datos de qué tanto ha avanzado la negociación entre los Gobiernos De la Espriella y Trump sobre el arancel por trabajo forzoso, pero que estas avanzan.
Hay, además, un mercado que el sector viene mirando: Venezuela. Dicho país estuvo en el top de compradores hasta 2008, y pese a que la relación comercial con Colombia quedó congelada por años, nunca desapareció del todo: el año pasado, las exportaciones a ese país superaron los USD 1.000 millones.
Mejía prefiere no hablar de “oportunidad” a partir de la tragedia (tras el doble terremoto que azotó a Venezuela en junio), pero sí confirma que las necesidades de materiales de construcción que ya tenían identificadas en ese mercado “se vuelven exponenciales” ahora.
MAPEI exporta a Venezuela desde hace años, pero sostener precios ahí “ha sido muy difícil”, dice Perilla: la compañía ha tenido que subirlos y, en algunos casos, perder negocios frente a competidores locales. A eso se suman cambios en el sistema aduanero venezolano, con tarifas de impuestos y otros costos que varían con el tiempo, al punto de que la empresa no tiene claridad sobre cuánto cuesta finalmente poner un producto en ese país.
Sin embargo, hay una variable que podría darle un respiro a la exportación de materiales de construcción colombianos: las proyecciones apuntan a que el dólar subirá de precio hacia el cierre de año. La Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo ubica su expectativa en COP 3.300 para diciembre, por encima del nivel actual del bilete verde, y hay expertos que creen que el precio de hoy de la moneda estadounidense no refleja los fundamentales de la economía colombiana, de ahí que esperan una corrección al alza.
Si eso ocurre, la cuenta que hoy les complica la vida a los exportadores colombianos podría, en unos meses, empezar a jugar a su favor.
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