
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Aunque solo hasta esta semana los titulares comenzaron a salir en masa alertando sobre lo que está pasando con los bonos de deuda de algunas de las principales economías del mundo, lo cierto es que la presión sobre estos instrumentos lleva creciendo hace meses. En las últimas semanas, esas tensiones han derivado en una volatilidad, cuya cumbre se dio esta semana.
Entre lunes y martes se dio una liquidación masiva de bonos de deuda de Estados Unidos, uno de los instrumentos financieros más populares entre los inversionistas y cuyas tasas de interés terminan influenciando otras herramientas de crédito en diversos mercados.
En este punto, los rendimientos de los bonos globales (con especial énfasis en EE. UU.) volvieron a subir a máximos que no se veían hace dos décadas. Esto puede ser visto como una buena noticia para los inversionistas, pero de fondo lo que está diciendo es que el mercado está pidiendo mayores retornos porque ve mayores riesgos en las estructuras de algunas de las principales economías.
Para el caso de EE. UU., estos riesgos incluyen un repunte de inflación y una deuda nacional que se encuentra en máximos históricos, llegando a USD 40 billones en julio, lo que equivale a más del 120 % del tamaño de esa economía.
En particular, las perspectivas de inflación han llevado a que el mercado ahora se incline por una mayor probabilidad de que la Reserva Federal de ese país incremente sus tasas de interés en su reunión de septiembre, según indicó Gregorio Gandini, experto financiero y director de Gandini Análisis.
Justo la semana pasada, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, aseguró que la inflación es “preocupante”, a la vez que dijo que no le parecía que la política monetaria de la entidad fuera “restrictiva”, lo que lleva a pensar que los miembros de la entidad aún ven espacio para ajustar más las clavijas con miras a llevar el Índice de Precios al Consumidor hacia la meta del 2 %, que no se ha cumplido en más de cinco años.
Aunque el Banco Central de Estados Unidos ha mantenido sus intereses quietos en lo que va del año, la decisión de subir las tasas ha ido ganando cierta inercia, a pesar de la presión de la Casa Blanca, que ha defendido una y otra vez la postura de que el indicador debe subir (a pesar de la evidencia que apoya más la postura de cautela de los banqueros centrales).
Las expectativas de inflación están atadas, en buena medida, a la incertidumbre que ha seguido introduciendo la guerra de Israel y EE. UU. contra Irán, que fue anunciada en febrero como una intervención rápida, pero completa meses sin un fin cercano ni un plan de acción que resulte claro.
Lo único que sí ha sido consistente en este escenario es el efecto del conflicto sobre la balanza de los precios del petróleo, que tuvieron un respiro hace unos meses en medio de un cese al fuego entre las partes, pero que actualmente supera los USD 95 por barril, lo que implica que este producto se ha encarecido alrededor del 30 % frente a los niveles registrados antes de la intervención militar en Oriente Medio.
Este impacto no solo se siente sobre la canasta de precios en EE. UU., evidentemente, sino que pone presión en una larga cadena de suministros y mercados que abarca prácticamente todo el globo. En Colombia representa mayores ingresos para Ecopetrol (con potenciales beneficios para las finanzas nacionales), pero también tensiona los precios de los combustibles (que, eventualmente, pueden ir sumando déficit al Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles).
¿Por qué importan los bonos de deuda?
Estos son uno de los instrumentos más populares de financiación de los gobiernos. No solo traen recursos frescos para financiar las finanzas nacionales, sino que, vistos de otra forma, también son una especie de termómetro sobre lo que opina el mercado acerca de una economía en particular.
El nivel de rendimiento suele ir en línea con los miedos o las alertas que el mercado percibe sobre un país y funciona en contravía a los precios: mayores rendimientos suelen incluir menores precios de estos instrumentos, como una medida para estimular la adquisición por parte de inversionistas.
Es por esta razón que el escenario actual suena algo particular, si se quiere. Los bonos de deuda del gobierno japonés a 10 años están en niveles de rendimiento que no se veían desde 1996 y los británicos están llegando a marcas establecidas en 1998. Un indicador compuesto de bonos globales de Bloomberg llegó al nivel más alto desde 2008 (año de la última gran crisis financiera global, por cierto).
“Los bonos son importantes porque ayudan a entender la expectativa del mercado sobre la inflación en EE. UU., y lo que puede hacer la Fed en términos de las tasas de interés”, argumenta Gandini.
Si la apuesta de analistas e inversionistas se materializa, esto implicaría mayores costos de endeudamiento, que no solo se trasladarían a los consumidores y las empresas en Estados Unidos, sino potencialmente a otros renglones y países.
Lo que ha sucedido con los bonos en estos meses no solo orbita los alcances del IPC en el mercado estadounidense, sino también los altos niveles de endeudamiento en algunas de las principales economías del mundo. En Francia, por ejemplo, la deuda nacional está alrededor de USD 4 billones, lo que representa 117 % del tamaño de su economía, y la de Japón duplica el tamaño del PIB.
Entonces, lo que se podría estar configurando es un escenario con mayores presiones para la adquisición de deuda, lo que a su vez podría empeorar la perspectiva sobre el endeudamiento nacional. Y así continuaría el ciclo alrededor de los bonos.
Las consecuencias para el bolsillo
La respuesta rápida es sí, pero su impacto depende: si es un inversionista con recursos en estos instrumentos, su exposición a lo que pase con ese mercado puede ser más directa, pero esto también es relativo a la cantidad de recursos y al tipo de bonos (país, horizonte de deuda).
La otra vía en la que esto se traslada a un consumidor en Colombia, por ejemplo, es a través del dólar.
Si bien la moneda ha estado mayormente influenciada por factores internos en meses recientes (especialmente a la coyuntura política con el cambio de gobierno), el escenario internacional ha comenzado a pesar más en la ecuación.
Para Juan David Ballén, director de Economía y Mercado de Aval Asset Management, el dólar seguirá presentando un lado más flaco, tanto a nivel global como local. “Aunque podemos observar episodios de fortalecimiento del dólar, por ahora los interpretamos más como correcciones dentro de la tendencia reciente que como un cambio estructural de la misma”. Y añade: “Desde nuestro punto de vista, varios de los factores que están detrás de la debilidad del dólar son más estructurales que transitorios. Mientras estas condiciones se mantengan, esperamos que el dólar continúe relativamente débil”.
Gandini comparte este diagnóstico al decir que el escenario actual de los bonos está debilitando al dólar, “porque genera dudas sobre la situación fiscal de EE. UU. y cómo la mayor deuda afecta la sostenibilidad de esos bonos”.
El escenario completo trae algunas oportunidades: mayores ingresos para Ecopetrol y un dólar débil que abarata las importaciones. Pero también tiene un costo: el mismo dólar débil golpea a quien exporta en esa moneda (café, flores, banano, entre otros renglones del agro, por ejemplo) porque convierte sus ingresos en menos pesos. A eso se suma, por una vía distinta, la presión que el petróleo caro ejerce sobre el precio de los combustibles en el país.
De fondo, la volatilidad pareciera seguir siendo la norma en los mercados de bonos, de la mano de gobiernos que no muestran señales de frenar su apetito por endeudarse, así los costos del crédito sigan subiendo.
💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas? Lo invitamos a verlas en El Espectador.