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La fiesta final de Adrián Ramos, el último ídolo de los diablos rojos

Adrián Ramos, en su partido de despedida con los escarlatas, espera dañar la celebración de los verdolagas en la definición de la Copa BetPlay, en la que, tras la ida, los antioqueños llevan la ventaja por 3-1.

15 de diciembre de 2024 - 10:00 a. m.
Adrián Ramos celebra, abrazado con Iván Vélez, el paso de América de Cali a la final de la Copa BetPlay.
Foto: América de Cali
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El calor en la tienda era insoportable la mayoría de las veces. Por la humedad, el local parecía un sauna y el ligero hilo de viento, que soplaba de un viejo ventilador, apenas ahuyentaba a los zancudos que volaban entre las torres y las pantallas de los computadores en la Casa Nintendo de Villa Rica, Cauca. Para Adrián Ramos, cuyo primer trabajo fue como controlador del tiempo en ese viejo café internet, era un martirio ir hasta ese negocio. Para él, que habría preferido pasar todas las tardes de su infancia pateando una pelota, era obligación trabajar antes que jugar al fútbol, pues el sueño de ser profesional solo lo podían sustentar las monedas que conseguía en ese trabajo, el dinero con el que ayudaba a su mamá, Anayiber Vásquez, desde que tenía 10 años.

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Un año antes, cuando tenía nueve, una noticia cambió su vida y apagó la alegría en la casa. Ramos era todavía un párvulo cuando vio a su papá por primera vez en una cancha. Jugaba de central y llegó a estar en las inferiores de Deportivo Pasto, la selección de Cauca y también la de Villa Rica. Sin embargo, cuando llegó la hora de hacerse cargo de su familia, Gustavo Ramos dejó el balompié y se puso a trabajar de jardinero. Desapareció un mañana, cuando salió a cumplir su labor, y lo encontraron muerto una semana después, sin que, hasta el día de hoy, se haya esclarecido cómo perdió la vida. “Perder a mi papá, siendo tan niño, me convirtió en alguien más fuerte”, recordaría Adrián Ramos años más tarde, en España, en una entrevista en la que le preguntaron por sus inicios.

“Nadie era más duro consigo mismo que él”, recuerda su mamá, que siempre confió en que su hijo podría ser futbolista y fue la gran responsable de que él no tirara la toalla cuando las cosas se pusieron difíciles. Si en ese entonces, cuando le tocaba trabajar en la Casa Nintendo para reunir lo del bus que lo llevaba a los entrenamientos, al joven jugador le hubiesen dicho que llegaría a ser uno de los grandes ídolos del América de Cali, superaría los 100 goles con los Diablos Rojos y conseguiría dos títulos con los vallecaucanos, sin duda, no lo habría creído. Se habría reído más fuerte si le hubiesen dicho que su nombre sería recordado en Alemania, en el Hertha de Berlín y en Borussia Dortmund, y que sería parte de la generación goleadores, liderada por Radamel Falcao García, que haría sonar a Colombia en Europa y regresaría a la selección a un mundial.

Adrián Ramos, con la camiseta del Hertha de Berlín en Alemania.
Foto: Getty Images

La que creyó fue su mamá. Incluso, cuando todos le dijeron que su hijo no iba a llegar. Hoy, 20 años después de inciada su carrera con los americanos, Ramos pondrá fin a su ciclo con los escarlatas en la final de la Copa BetPlay, en la que Atlético Nacional lleva la ventaja tras el 3-1 de la ida que consiguieron en Medellín el jueves. Aunque el goleador en su mensaje de despedida dijo que se va solo del América, para muchos se entendió que el futbolista pondrá este domingo el punto final a su trayecto profesional. Será, más allá de la incógnita sobre su futuro, la fiesta final del último ídolo americano. Y tendría que ser una épica, si los Diablos Rojos pretender darle la vuelta a los verdolagas.

Un goleador de hueso rojo

Adrián Ramos se hizo grande en América de Cali en una época difícil. Cuando llegó a las inferiores del cuadro escarlata terminaban los tiempos de bonanza del narcotráfico. Tras el inicio triunfal de los Diablos Rojos en el nuevo milenio, con títulos de Liga en 2000, 2001 y 2002, la influencia del cartel de Cali había llevado al equipo, a finales de los años 90, a entrar en la Lista Clinton, un castigo que llevó al club al borde de la quiebra y a la peor crisis deportiva de su historia.

Si la caída en desgracia de América se demoró en llegar, fue porque, en 2007 se consolidó una camada de jóvenes futbolistas que lideraba Ramos y que fue promovida por el entrenador Diego Edison Umaña, quien llevó a ese equipo al título en 2008. Adriancho era la figura, pero de ahí también salieron jugadores como Pablo Armero, Jaime Córdoba, Carlos Valdés, Iván Vélez y Harrison Otálvaro, entre otros. Uno de los mejores equipos americanos de los tiempos recientes, el oasis y preludio de la peor época escarlata de toda la historia.

Fue la millonaria venta de Adrián Ramos, que saltó del rojo del Valle del Cauca al Hertha de Berlín en Alemania, la que le dio estrechísimos momentos de alivio a una institución que, tres años después del título de 2011, fue a dar a la segunda división del fútbol profesional colombiano, un infierno del que los diablos rojos se demorarían cinco años en salir.

Recuerda su mamá sobre aquel día, cuando el América bajó a la B, que su hijo la llamó llorando. Desde lejos, pues era goleador en la Bundesliga, sufría por su equipo. Fue entonces, recuerda ella, la noche en la que le prometió que volvería al equipo de sus amores para darle un nuevo momento de grandeza.

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Adrián Ramos, ídolo de América de Cali.
Foto: América de Cali

El flaco que no servía para jugar en Europa

Antes de su salto al Viejo Continente y su debut profesional con América en 2004, a Adrián Ramos le dijeron muchas veces que no serviría para el fútbol. Tenía calidad, pero era demasiado flaco y desgarbado. En las inferiores escarlatas sugirieron una vez que para que se mantuviera en el equipo tenía que pagar un costosísimo plan de nutrición y entrenamiento. Y le dijeron que si no lo hacía, tenía que irse del equipo, pero fue entonces cuando Anayiber Vásquez hizo oídos sordos ante los incrédulos. Le pidió, sobre todo, paciencia a su niño, quien frustrado ante las críticas no veía futuro. El tiempo le dio la razón.

Recuerda la mamá una anécdota con Eduardo Lara, que buscaba jóvenes talentos para la convocatoria de una selección sub-17. Recaló en América, club en el que había un goleador rápido e inteligente, pero demasiado flaco para ser futbolista. Héctor Fabio Báez, gerente deportivo del cuadro escarlata en ese entonces, recuerda que, a regañadientes, el seleccionador se llevó al delantero al combinado nacional. Y la sorpresa fue total cuando Ramos se volvió en el goleador del equipo en los entrenamientos previos al mundial. Su rendimiento le dio el cupo en la nómina y viajó con la selección en 2003 a Finlandia, Copa del Mundo sub-17, en la que la selección logró un histórico cuarto puesto, con el joven talento caucano anotando tres tantos en la competición.

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“Cuando me dieron el premio por lo que hicimos en el mundial, no lo podía creer. Nunca había visto tanta plata junta. Lo que hice fue darle la mitad de ese dinero a mi madre. Abrí los ojos en ese momento. Vi que a través del fútbol, más allá de la pasión, podía ayudar a mi mamá y hermano. Ese día le prometí a ella que la iba a sacar adelante”, recuerda el goleador.

Su salto a Europa terminó siendo definitivo en ese propósito, pues finalmente le cumplió a su familia. Su buen nivel en Berlín, que recuerda con cariño, lo llevó al Dortmund de Jürgen Klopp, club donde jugó tres temporadas. En Alemania acumuló 87 dianas, a las que se suman 16 anotaciones en el Granada de España, lo que lo pone entre los nueve colombianos que superaron los 100 goles en Europa. Una lista en la que están nombres como Falcao GarcíaCarlos Bacca, Alfredo Morelos, Hugo Rodallega, Luis Fernando Muriel, Jackson Martínez, Duván Zapata y James Rodríguez. Y Adriancho está ahí, entre los grandes.

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Adrián Ramos, con Jürgen Klopp en Alemania.
Foto: Getty Images

Volver al primer amor

De esa generación de artilleros, que hicieron parte de la selección y llevaron el nombre de Colombia al mundo, Adrián Ramos fue el primero en regresar a Colombia para jugar con su primer amor. Antes que Bacca en Junior y Falcao en Millonarios, el delantero de Villa Rica, resignando la posibilidad de ir a China o de renovar con el Granada de España, escogió volver a América en 2020.

Era plena pandemia y, en su primera temporada de regreso, el último ídolo de los diablos rojos los sacó campeones en una final que le ganaron a Santa Fe. Antes de que estallara la crisis del coronavirus, cuando Ramos seguía en Europa, el equipo escarlata ya había logrado la estrella 14. Con el regreso del goleador y capitán, celebraron el título 15, el bicampeonato que hasta ahora fue la última parranda de los vallecaucanos.

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En su retorno, tras cinco años en su nuevo ciclo, Adriancho logró superar la barrera de los 100 goles, y ya lleva 105, lo que lo ubica entre los cuatro máximos artilleros en la historia del equipo, por detrás de Juan Manuel Battaglia, Jorge Ramón Cáceres y Anthony el Pipa de Ávila.

Ramos es el último ídolo americano porque surgió después de esa época en que desaparecieron las grandes estrellas que trajo el narcotráfico. Porque salió de la entraña americana siendo campeón para triunfar en el mundo, hizo parte de una generación de jugadores que cambió la historia de la selección de Colombia y después de todo ese trayecto volvió a su equipo para ser, otra vez, campeón.

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Este domingo contra Nacional será en el Pascual su última fiesta. El adiós de una figura escarlata que su hinchada espera que sea épica.

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