Colombia volverá a estar en la cita máxima del deporte invernal. En Milano Cortina 2026, el país participará en sus terceros Juegos Olímpicos de Invierno consecutivos, tras las experiencias de Pyeongchang 2018 y Pekín 2022. Si en esas ediciones la delegación llevó tres atletas, para Italia el cálculo apunta a dos cupos. Las expectativas, reconoció para El Espectador Ciro Solano, presidente del Comité Olímpico Colombiano (COC), eran más altas, pero la presencia del país, aunque reducida en comparación con el inmediato pasado, confirma un proceso que hace una década parecía improbable: que nuestro país, de constitución tropical, construyera, paso a paso, una ruta competitiva sobre el hielo.
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“Nuestra incursión es un poco insólita”, reconoció para El Espectador Hélder Navarro Carrizo, director del programa de Juegos de Invierno del COC, al explicar los orígenes del proyecto. El adjetivo no es gratuito. Colombia no tiene estaciones, pistas ni tradición climática; pero sí una diáspora internacional de millones de migrantes, talento atlético y una convicción institucional que decidió impulsar lo improbable. Hoy, esa apuesta se traduce en continuidad olímpica y en una preparación que asume las limitaciones sin renunciar a las posibilidades.
Del asombro al método
En los dos últimos ciclos olímpicos de invierno, el COC empezó a liderar la presencia de países no invernales en el ecosistema olímpico de hielo. “Teníamos cantidades de colombianos que veían las transmisiones de los Juegos de Invierno y pensaban que podían tener figuración”, explicó Navarro. Así comenzó una primera etapa marcada por atletas formados en el exterior y por una pregunta básica: ¿era posible pasar del interés a la estructura?
El punto de quiebre llegó con los resultados. Medallas en Juegos Olímpicos de la Juventud, sobre todo en el patinaje de velocidad, demostraron que el camino no era simbólico. “Eso nos demostró que sí podemos, que no estamos condenados a figurar en la lista intermedia”, dijo Navarro.
Esa transición implicó asumir que el invierno no se improvisa. “El dinero es un problema”, explicó Sebastián Uprimny, exatleta olímpico de invierno con experiencia en las justas y hoy representante de los atletas. “La mayoría de deportes de invierno no es como salir a correr atletismo; requieren logística, equipamento, viajes, pistas y tiempo”. En Colombia, esa realidad se enfrenta con creatividad: preparación física específica, visualización, análisis de pistas y una planificación que convierte el viaje —costoso y esporádico— en el momento cumbre del proceso.
Prepararse sin nieve: la paradoja cotidiana de los atletas
Entrenar deportes de invierno en un país sin invierno obliga a una reinvención permanente. “Acá no hay pista ni invierno”, explicó una de las atletas durante la conferencia. “Nuestra preparación es física, mental y de análisis. Vemos videos de las pistas, curva por curva; cerramos los ojos e imaginamos el recorrido”. La visualización no es un complemento: es una herramienta central.
La escasez es global en disciplinas como bobsleigh y skeleton, de las cuales apenas existen 16 pistas en el mundo, pero se acentúa para países como Colombia. “La parte atlética representa cerca del 30 o 40 % del resultado final”, explicó Uprimny. Ese porcentaje es la ventana de oportunidad: fuerza explosiva, velocidad de arranque y capacidad de adaptación, atributos en los que Colombia puede competir desde casa para suplir la falta de infraestructura.
La estrategia es similar en esquí de fondo. El roller ski —una adaptación sobre ruedas— permite replicar gestos técnicos durante el verano. “Es un deporte que se puede masificar. Tenemos bases del patinaje y ya conseguimos podios en Chile y Argentina”, explicó Uprimny. La masificación no es solo un sueño: es una necesidad para ampliar la base y reducir la dependencia de la diáspora.
Las limitaciones son claras y están identificadas. Falta infraestructura básica, escenarios cerrados para entrenar, pistas de empuje para bobsleigh y un sistema de clubes que sostenga el proceso. “Nos falta crear un sistema de base, con escenarios de tres o cinco kilómetros, cerrados, con subidas específicas”, señaló Uprimny. La inversión, comparada con otros deportes, es desproporcionada: hace falta decisión política y continuidad.
El otro reto es el tiempo. Los resultados no serán inmediatos. Sin ir más lejos, Milano Cortina 2026 está cerca, comienza el 6 de febrero, y el margen de error es mínimo. “Nuestra delegación será pequeña: dos atletas, entrenador y jefe de misión”, explicó Helder Navarro. La expectativa es realista, pero no resignada. La planificación apunta a consolidar presencia, aprender del ciclo y preparar el terreno para 2030, donde disciplinas como el patinaje podrían dar un salto competitivo.
Laura Vargas y el presente que ilusiona
En ese panorama, Laura Vargas aparece como el nombre propio del ciclo. En skeleton, una de las disciplinas más exigentes y arriesgadas del programa olímpico, la colombiana es la representante más opcionada, con resultados continentales y orbitales que la mantienen en la conversación. “Ya tuvo el título continental y un segundo puesto en una prueba en Canadá”, recordó Navarro. Su caso resume el espíritu del proyecto: talento local, formación específica y una dedicación sostenida en el tiempo
Skeleton, además, encarna la paradoja colombiana: un deporte extremo, practicado en trineo y a más de 120 km/h, que se prepara desde el trópico. La preparación física, la lectura de pista y la fortaleza mental son determinantes. Sin embargo, la atleta puede formar sus cualidades físicas en Colombia, pero para prepararse competitivamente debe ir afuera, donde están los escenarios.
Milano Cortina 2026
Con esa realidad, Colombia llega a las justas en Italia, que se prepara para albergar sus terceros Juegos Olímpicos de Invierno, 70 años después de Cortina 1956 y 20 años después de Turín 2006. Milán y Cortina d’Ampezzo compartirán la sede de unos Juegos que se disputarán en febrero de 2026 y reunirán a unos 2.900 atletas para competir por 114 sets de medallas en ocho deportes y 16 disciplinas.
Será la edición de invierno con mayor equilibrio de género hasta la fecha: el 47 % de participación femenina, con 1.362 cupos para mujeres. “Hemos hecho un progreso significativo para cerrar la brecha de género”, destacó la presidente del COI, Kirsty Coventry. Entre las novedades deportivas está el debut del esquí de montaña, disciplina que Colombia ya mira con atención por sus condiciones geográficas y en la que aspira a clasificar a Carlos Quintana.
Las sedes, en su mayoría existentes, refuerzan el legado. El Estadio Giuseppe Meazza (San Siro) acogerá la ceremonia de apertura; la Arena de Verona, la clausura. El deslizamiento se disputará en la histórica pista Eugenio Monti; el esquí alpino se dividirá entre Olympia delle Tofane y Bormio; el esquí de fondo, en Val di Fiemme, y el snowboard y el freestyle, en Livigno. Son escenarios habituales del circuito mundial, lo que reduce riesgos y eleva el nivel competitivo.
Más allá del corto plazo, el programa colombiano identifica dos disciplinas con potencial de desarrollo local: esquí de fondo y bobsleigh. En ambas, la infraestructura necesaria es básica y replicable, y el talento de base —proveniente del atletismo, el patinaje y las pesas— puede acelerar el proceso. “Podríamos tener campeonatos de empuje; es una infraestructura relativamente sencilla”, explicó Uprimny. En esquí de fondo, la creación de circuitos cerrados permitiría formar masa crítica.
El patinaje, aunque no logró cupo para 2026, sigue siendo una apuesta a mediano plazo. La experiencia internacional demuestra que la migración de rueda a hielo es viable y exitosa. “Con trabajo serio, se puede competir”, insistió Hélder Navarro, recordando casos en los que atletas provenientes de ruedas alcanzaron podios olímpicos en ciclos posteriores.
Colombia llega a Milano Cortina 2026 con una delegación pequeña, pero con un aprendizaje grande. El proceso ha dejado lecciones sobre planificación, paciencia y enfoque. “Nuestro propósito no es solo estar presente, sino ser competitivos”, dijo Navarro. La preparación para estos Juegos no se mide solo en cupos o medallas, sino en la capacidad de sostener un proyecto contra la lógica geográfica. Entre falencias asumidas, retos claros y posibilidades reales, Colombia vuelve al hielo con la convicción de que el invierno también se puede aprender. Y, como ya demostró, también se puede competir.
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