Hubo un disparo, el 5 de agosto de 2021, en el Estadio Olímpico de Tokio, que antecedió a una de las hazañas más importantes en la historia olímpica de Colombia. En un país tan violento como el nuestro, en el que las ráfagas no tienen recordaciones gratas porque abren duras heridas, un estruendo marcó la consagración de toda una gesta deportiva.
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Anthony Zambrano, junto con los ocho finalistas de los 400 metros planos de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 —celebrados en 2021 por la pandemia—, hizo que quienes madrugaron ese día sintieran que valió la pena prender la televisión. Vestido de pantalón rojo y camiseta azul, partió del quinto carril. A la altura de los 200 metros iba sexto, por detrás del granadense Kirani James. El grupo parecía escapársele como un tren que no espera. Sin embargo, en los últimos 100 metros, los del remate, el pelotón se estrechó y Anthony aceleró. Su cuerpo respondió mejor al dolor y años de trabajo se comprimieron en 44.08 segundos.
“En Colombia hay muchas medallas importantes, pero la mía, en atletismo, es única. Pocos atletas salen así, atravesados como Zambrano, que no le tienen miedo a nada, que son echados para adelante, atrevidos en la pista”, comentó el guajiro, hablando, como es habitual, de sí mismo en tercera persona, en entrevista con El Espectador.
El día de su podio olímpico, la alegría no fue completa, pues el oro fue para Steven Gardiner, de Bahamas. No obstante, esa tarde fue bisagra. Colombia entendió que tenía a un hombre capaz de discutir la hegemonía de las banderas habituales —Estados Unidos, las islas del Caribe— en la pista.
Para los que solo miran el calendario olímpico cada cuatro años, fue una sorpresa. Pero, para quienes siguieron su proceso, fue la consecuencia de un ciclo prodigioso que incluyó oro en los 400 y en el 4×400 de los Panamericanos de Lima 2019, y la plata mundial en Doha. Nada más y nada menos.
En los Olímpicos, además, registró un 43.93 en semifinales que aún es récord sudamericano y su mejor marca personal. Todavía recuerda esa temporada con nostalgia. “Quedé a nivel mundial número uno en ese año. Estuve en el libro de la historia a nivel mundial como sexto mejor registro. En ese tiempo, el apoyo estaba muy bueno, todo lo que uno pedía se lo daban porque veían los resultados”. Sin embargo, en la cima, las lesiones le susurraban. Tras la medalla olímpica, esa tarde en Tokio confesó en la zona mixta que un dolor lo acosaba. Mucha gente decía que “Zambrano estaba bien” sin saber los esfuerzos que debía hacer lejos de su país y de su madre, uno de sus motores. Su cuerpo estaba al límite.
Tras las justas, hubo una polémica que tuvo como protagonistas al atleta Bernardo Baloyes y Ramiro Varela, presidente de la Federación Colombiana de Atletismo. Las diferencias se dieron porque, supuestamente, el directivo le pidió al deportista que devolviera la indumentaria y los viáticos tras ser retirado de la competencia por una lesión.
Zambrano salió en su defensa y soltó una frase que dibujó su carácter frontal: “Es un caso muy duro lo que pasó con Bernardo. Hay puntos que no apoyo y eso es algo feo. (…) Si yo vine a ganar una medalla, no voy a estar peleando por unos uniformes. Lo dije y solucionaron el problema enseguida”. No solo corría sin miedo, también hablaba sin filtros cuando quería.
Sus diferencias con la dirigencia deportiva aumentaron. En junio de 2022, antes de los Juegos Bolivarianos que se celebraron en Valledupar, en los que iba a ser una de las atracciones principales de la delegación nacional, estalló: “A mí nadie me manipula, yo mando porque soy el que corro y estoy en la pista y para ganarme una miseria, (…). Hay muchos que se ganan la plata mientras que uno lucha a diario en la pista, meses fuera del país y lejos de la familia para dar resultados”.
Un mes después, más calmo, bajó el tono: “Me encuentro lesionado, tengo una pubalgia. Este año para mí no ha sido fácil, muchas lesiones, muchas cosas, hay que recuperarse. Hay veces que uno puede participar y otras no, soy un ser humano, no soy de hierro, me siento triste y dolido porque no puedo participar en mi país”. Se notaba que algo estaba roto.
Anthony hacía parte del selecto grupo de deportistas que, gracias a sus resultados deportivos, reciben el mayor incentivo económico que da el Ministerio del Deporte. El problema, después de Tokio, es que Zambrano nunca pudo volver a alcanzar ese pico.
Díscolo, bajó el nivel. Los números comenzaron a contar otra historia. En 2021 corrió por debajo de los 45 segundos con frecuencia. En 2022 registró 46.90, días antes de los Bolivarianos. En 2023 su mejor marca fue 45.52, insuficiente para la mínima olímpica. El cronómetro no perdona nostalgias.
Julio César Sandoval, periodista especializado y director de Running Colombia, analizó el momento de Zambrano: “No podemos llamarlo declive. Digamos que no volvió a ser el mismo de antes. Lo que pasa es que el atletismo de alto rendimiento, a nivel mundial, es muy exigente. Aquí hay que estar a tope todo el tiempo. Cualquier descuido significa un segundo, y un segundo en el atletismo es una eternidad”.
Para llegar a los Juegos Olímpicos de París 2024, Zambrano tuvo que recorrer el laberinto del ranking. Compitió en diversas pruebas de distintas jerarquías para sumar puntos. Así clasificó el guajiro a las justas parisinas. No avanzó en primera ronda pero se le abrió una nueva oportunidad con el repechaje. No obstante, un problema en el tobillo izquierdo lo dejó al margen. Desde entonces, su nombre no volvió a figurar en la base de datos de World Athletics.
Entre 2021 y 2026, su carrera dio tumbos. Salió del primer margen de apoyo del ministerio. Los focos del alto rendimiento se apagaron y, de pronto, el país volvió a pronunciar su nombre por otra razón: campeón del Desafío: Siglo XXI, reality de Caracol Televisión. La dualidad estaba servida: el subcampeón olímpico convertido en figura de televisión cuando todavía tiene edad de estar en el alto rendimiento.
Sin embargo, pasar por un reality no es sinónimo de que el camino terminó. Jeison López, pesista chocoano, también pasó por el Desafío cuando apenas tenía 19 años y después se consolidó en el alto rendimiento. En París 2024 logró una medalla de plata. La televisión no necesariamente es un punto final, sino a veces un paréntesis. Pero las edades y los contextos pesan, pues Zambrano roza los 30 y carga una historia de lesiones.
”La verdad sí me gustaría regresar, pero lastimosamente hay muchas cosas que lo frenan a uno, que más adelante les seguiré contando, porque el atletismo es muy complejo”, explicó a El Espectador. El problema al que hace referencia no es solo individual. El deporte colombiano atraviesa una tormenta presupuestal. “El apoyo está muy malo. Entonces estoy reflexionando eso para ver qué hago o con qué me baso, porque lastimosamente uno le da triunfos a Colombia, pero ¿de qué vives? Esto es el trabajo de uno. Entonces en estos momentos no estoy para hacer esas cosas porque después me voy a ver mal, porque no tengo con qué cumplir todos los requisitos que necesita uno en esa preparación”, agregó Zambrano.
Sandoval entiende las tensiones, pero recuerda la lógica implacable del alto rendimiento: “El apoyo no es solo dinero mensual. Hay servicio biomédico, psicólogo, nutrición, fisioterapia, viajes, concentraciones. Todo eso es más costoso que el auxilio mensual. El alto rendimiento funciona con resultados. El apoyo llega por lo que usted haya logrado”. Sin marcas recientes, la escalera se vuelve más empinada. Y cada escalón será clave en caso de un regreso.
“Si va a volver, lo primero que tiene que hacer es entrenar. Y no es fácil. Primero debe demostrar que vuelve a ser el mejor en Colombia, ganarle a los que están corriendo 46 segundos. No se puede ir a competir a Europa si todavía no ha ganado en Sudamérica”, advierte Sandoval.
En un país “acostumbrado” a otros estruendos, Anthony alguna vez propuso otra forma de resolver las tensiones: correr. “Hablamos de paz, hablamos de controlar muchas cosas, y qué más paz que el deporte. El deporte aleja la violencia y aleja muchas cosas. Tú quieres violencia, pues vamos a correr una pista: el que gane es el mejor. Eso es lo más importante”. Quizás ahí esté la clave de su dualidad: entre el hombre que fue capaz de todo y el que hoy busca reencontrarse, sigue existiendo el atleta que cree que los disparos pueden ser señal de partida y no de despedida.
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