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¿Qué piensan los Nobel de Economía 2025 sobre el crecimiento económico?

La Real Academia Sueca reconoció a tres economistas (Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt) por estudiar el vínculo entre innovación y crecimiento. Su trabajo sugiere que el desarrollo no depende tanto de inventar más tecnologías, sino de crear condiciones para que las ideas prosperen.

13 de octubre de 2025 - 07:00 p. m.
Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt ganan el Premio Nobel de Economía 2025. EFE/EPA/Anders Wilklund
Foto: EFE/EPA/Anders Wilklund
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El Premio de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel —único entre los seis galardones no creado directamente por el magnate sueco, sino instituido en 1968 por el Banco Central de Suecia— centró este año su atención en la que sigue siendo “la pregunta del millón” para las sociedades del mundo.

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¿Qué permite que una economía crezca de forma sostenida y no solo en episodios esporádicos?

Una posible respuesta vino de la mano del estadounidense Joel Mokyr, del francés Philippe Aghion y del canadiense Peter Howitt, reconocidos por la Academia Sueca de Ciencias por sus aportes para entender cómo la innovación impulsa el desarrollo económico.

En contexto: Nobel de Economía 2025: ¿por qué ganaron Mokyr, Aghion y Howitt?

Sus trabajos parten de disciplinas distintas. La historia económica, en el caso de Mokyr, y la teoría del crecimiento, en los de Aghion y Howitt, pero los tres economistas coinciden en un mismo punto: el progreso de la economía no hay que darlo por sentado, sino es el resultado de sociedades que saben transformar el conocimiento en bienestar.

“Debemos preservar los mecanismos que sustentan la destrucción creativa para no volver al estancamiento”, dijo el lunes John Hassler, presidente del Comité del Premio en Ciencias Económicas.

En su decisión de este año, la Academia destacó el papel de la innovación como motor del crecimiento y la necesidad de “destruir para progresar”.

Sin embargo, el reconocimiento a Mokyr, Aghion y Howitt llega en un momento en que el dinamismo económico global se enfría (como advierten los informes de los principales organismos internacionales) y la brecha entre los avances tecnológicos y la productividad se amplía.

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La destrucción creativa, ¿qué es?

Detrás de los nombres de los tres galardonados se escucha el eco de las teorías de Joseph Schumpeter, el economista austríaco que en 1942 acuñó el concepto de “destrucción creativa”, para describir cómo los emprendedores desafían a las empresas establecidas con productos o procesos más eficientes, desplazando lo viejo y liberando recursos hacia nuevas actividades.

Como lo señaló la Academia en los documentos de soporte de su decisión, “las economías avanzan cuando las innovaciones reemplazan a las tecnologías anteriores como parte de un proceso de destrucción creativa”.

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Precisamente, Joel Mokyr amplió esa intuición desde la historia económica. En sus estudios sobre la Revolución Industrial, mostró que el crecimiento sostenido solo es posible cuando el conocimiento circula libremente y se combina con la capacidad práctica para aplicarlo.

A juicio de Mokyr, el progreso no se basa únicamente en inventar, sino en construir un entorno social e institucional que permita acumular y compartir lo aprendido.

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En esta línea, Philippe Aghion y Peter Howitt llevaron esa intuición al lenguaje formal de la macroeconomía. Con su “modelo de crecimiento endógeno”, publicado en 1992, ofrecieron un marco que permitió entender cómo la innovación sostenida puede convertirse en motor estructural del desarrollo, abriendo un campo de investigación que hoy sigue siendo central en la disciplina.

Pero también advirtieron que el mismo proceso que impulsa el progreso puede producir tensiones, como empresas que mueren, empleos que desaparecen y desigualdades que se amplían.

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De ahí que una lección común de los postulados de los nuevos tres Nobel de Economía es que el crecimiento sostenido no depende solo de nuevos inventos, sino de marcos (institucionales, preferiblemente) que incentiven la competencia, la inversión en conocimiento y la adaptación continua.

Ese equilibrio entre innovación y crecimiento general aún parece fuera de alcance. La llamada destrucción creativa persiste y cada día surgen disrupciones que prometen transformar industrias enteras —como las vinculadas a la inteligencia artificial—, pero ese dinamismo rara vez se traduce en mejoras sostenidas para el conjunto de la economía.

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Mucha tecnología, poca productividad

Aghion y Howitt dijeron en su momento que, sin competencia real ni una difusión efectiva de la innovación, las economías tienden a perder dinamismo y reducir su ritmo de crecimiento.

Esa preocupación fue retomada por la Academia Sueca el lunes, que alertó sobre el riesgo de “volver al estancamiento” si los mecanismos de destrucción creativa se debilitan. Esa advertencia resuena en un contexto que parece confirmar los temores de desaceleración.

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Pese a los avances tecnológicos sin precedentes de nuestra era (la computadora personal apareció hace apenas medio siglo, la internet tiene poco más de 30 años y los teléfonos inteligentes no cumplen ni dos décadas, por poner algunos ejemplos), la productividad global se ha desacelerado durante la última década.

Según el “World Economic Outlook”, publicado en abril de 2025 por el Fondo Monetario Internacional (FMI), “las perspectivas a mediano plazo (del crecimiento global) están en su nivel más bajo en décadas”.

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Y el informe “Compendium of Productivity Indicators 2025”, de la OCDE, señala que “el crecimiento de la productividad laboral en el área de la OCDE se desaceleró al 0,4 % en 2023, la tasa más baja en dos décadas”.

La situación confirma la paradoja que los Nobel de Economía ya habían explorado décadas atrás: las economías están rodeadas de tecnología, pero el dinamismo productivo se debilita, o mejor, las innovaciones se multiplican, aunque no siempre logran traducirse en mejoras sostenidas del bienestar.

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Así las cosas, el presente parece un reflejo de las teorías de los Nobel. La transición energética avanza con autos eléctricos y paneles solares cada vez más accesibles, pero aún enfrenta cuellos de botella en redes eléctricas y almacenamiento. La digitalización acelera la comunicación y el trabajo remoto, aunque no logra elevar la productividad al mismo ritmo.

En otras palabras, el mundo produce más innovación que crecimiento. Según Aghion y Howitt, esto ocurre cuando los incentivos a innovar se erosionan, la competencia se reduce y las nuevas tecnologías se concentran en pocos sectores.

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Repensar el crecimiento económico

El Nobel de Economía 2025 también reabrió una discusión sobre qué es (y cómo se mide) el crecimiento económico. Durante décadas este concepto se ha aterrizado a través de datos como el aumento del Producto Interno Bruto (PIB), la creación de empleo o el flujo de capitales de inversión, pero los tres laureados recordaron que el crecimiento va más allá de las cifras.

En los soportes publicados por Real Academia Sueca de Ciencias este lunes se subraya que “el crecimiento sostenido ocurre cuando el conocimiento científico y el conocimiento práctico se retroalimentan”, una referencia directa al trabajo de Joel Mokyr, quien ha insistido en que la estabilidad del progreso depende de sociedades capaces de acumular, aplicar y difundir el conocimiento.

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Por su parte, Philippe Aghion y Peter Howitt demostraron que ese crecimiento se mantiene solo cuando existe un entorno abierto y competitivo, en el que las nuevas tecnologías puedan reemplazar a las antiguas y elevar la productividad a largo plazo.

Sin embargo, el tipo de apertura que ha permitido la destrucción creativa, es decir, los aportes del comercio, la competencia y la divulgación de conocimiento entre países, enfrenta nuevos límites.

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Durante la rueda de prensa posterior al anuncio del Nobel, Philippe Aghion advirtió sobre el resurgimiento del proteccionismo impulsado por Estados Unidos, al que calificó como “un obstáculo para mantener el crecimiento económico global”, según reportó EFE.

Aghion insistió además en que Europa debe “reconciliar las políticas industriales con la innovación y la competitividad” para no ceder el liderazgo tecnológico a Estados Unidos y China, apuntando a la necesidad de sostener un entorno global abierto, donde las ideas, la inversión y la tecnología puedan circular sin barreras.

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Durante más de dos siglos la humanidad aprendió a crecer. El reto ahora, como recordaron los Nobel de Economía 2025, es mantener el equilibrio entre el capital que financia el progreso y las instituciones que lo vuelven posible.

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Por Daniel Felipe Rodríguez Rincón

Comunicador Social y Periodista. Desde 2017, se ha desempeñado en diferentes medios de comunicación colombianos. DanfeRodriguez drodriguez@elespectador.com
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