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La primera vez que fue a una faena el movimiento del barco la mareó. Para entonces, Salma Mosquera no sabía casi nada de la pesca, porque se dedicaba principalmente a manejar mototaxis en Bahía Solano. Pero llegó a la Asomariscos en búsqueda de más ingresos para el sustento de sus cuatro hijas, pues es cabeza de hogar. Así terminó saliendo a pescar a mar abierto y siendo la representante legal de la Asociación.
Con las salidas, fue aprendiendo a hallar el pescado y se acostumbró al movimiento de las olas.
Cuando salen, todas las mujeres de la asociación van en dos botes: siete en cada uno. En el momento en que dejan la playa solo tienen una certeza: la fecha de regreso. Pueden demorarse solo una noche o hasta una semana. Durante ese tiempo se dedican a preparar el anzuelo en el nailon y esperar que un pez se deje atrapar.
Lo que más le gusta a Mosquera de las faenas son los desafíos que se puede encontrar, como una tormenta, el frío e incluso la posibilidad de quedarse varada. “Uno va a la de Dios”, sostiene. Lo más complicado que tuvo que afrontar fue cuando se dañó el motor del barco. Antes de salir, siempre avisan al acopio cuándo es el retorno. En ese caso era en la mañana y, como no llegaron, salieron a buscarlas. Las encontraron al mediodía, a pesar de que las olas iban moviendo la lancha.
La cantidad de pescados que ellas traen depende del trabajo que realicen y de las condiciones climáticas. “Si salimos a una faena y el tiempo está muy malo, podemos llegar sin nada de producido; pero cuando está bueno nos va muy bien: logramos una tonelada o tonelada y media. Si no lo alcanzamos en una noche, nos toca volver a salir hasta completar. Y así lo hacemos cada quince días”, cuenta Mosquera.
La variedad de especies que recogen cambia con la temporada del mes. Entre los más abundantes están el atún, el pargo, la cherna, el bravo y la merluza. Las proyecciones de los desembarcos de Bahía Solano apuntan a que cada mes llegan 17,9 toneladas de productos pesqueros, según los últimos datos del Servicio Estadístico Pesquero Colombiano (SEPEC).
Se estima que en Colombia hay más de 150.000 pescadores artesanales: 5.431 están en el Chocó y, de ellos, 1.047 están ubicados en ese municipio, según cifras de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP). La entidad calcula que el 16 % de quienes realizan esta actividad (3.884 personas) en los departamentos costeros del Pacífico lo hacen con espinel (pesca de mano), como en Asomariscos.
Ahumar y cocinar
Una vez listos los pescados, Asocalamar y Pacíficas Gourmet se encargan de transformar los productos para la venta. Y aunque ambas asociaciones fueron creadas hace más de dos años, la tradición y el sabor han vivido en el territorio por más de 20 años.
Sally Lemus Medina, representante legal de Pacífica Gourmet, recuerda que tenía 19 años cuando su mamá buscaba alternativas de emprendimientos y resultó uno muy especial: los chorizos de pescado. Fue un aprendizaje que les llegó tras la capacitación de unos extranjeros que las visitaron.
“Las mujeres dependíamos de los maridos y fue ella la que nos reunió a unas 20 para armarlos y venderlos en una choza de paja. Después llegó el apoyo de algunas entidades para montar la infraestructura, pero la organización se acabó porque muchas se fueron desmotivando. Solo quedé yo, con la experiencia en mis manos”, relata.
Lemus estaba decidida a seguir con el negocio y por eso lo hizo desde su casa, con la ayuda de su hija y nuera. Luego un cliente le ayudó a conseguir una embutidora para que le mandara los chorizos, empacados al vacío, hasta Bogotá. Así fue creciendo su emprendimiento hasta que se creó Pacífica Gourmet, que distribuye sus productos a varios lugares del país.
Aunque con ese nombre lleva apenas dos años, su experiencia ronda los 30 años. Y no solo con el chorizo, también vende filetes frescos y ahumados, carne de hamburguesa y desmechados. “Este proyecto me ha fortalecido, a mi familia y a mis compañeras. El trabajo nos ha hecho sentir valoradas y nos hemos podido valer por nosotras mismas”, resalta Lemus.
La otra asociación que se dedica a la transformación del pescado es Asocalamar, que también fue creada hace dos años. La diferencia es que las mujeres comenzaron la Asociación preparando ensalada de atún, que tuvo muy buena acogida en Bahía Solano.
Tras este éxito, comenzaron a buscar otros productos como el chorizo, la carne de hamburguesa, lomitos de atún y precocinados. Para Ingry Medina Córdoba, representante de Asocalamar, haber entrado al proyecto significó un cambio en su estilo de vida, que estaba ligado a ser ama de casa.
“Solté ese rol y comencé a empoderarme para salir adelante. Invitamos a más compañeras a que se nos unieran y participamos del proyecto Fondo Mujer, que nos dio un impulso”, cuenta Medina.

Este grupo de mujeres ha trabajado en mejorar sus procesos y lograr que los productos no lleven conservantes ni químicos. Incluso ellas mismas cultivan los sazonadores que mezclan con el pescado, como cilantro cimarrón, cebolla de rama y cabezona, orégano y albahaca. Su secreto para que no se dañen los productos es que los cocinan, ahúman, empacan al vacío y los mantienen refrigerados sin romper la cadena de frío.
Tanto los peces como las plantas son propios de Bahía Solano, “todo es muy natural, cualquiera lo puede comer y saber que no le va a sentar mal”, dice Mosquera. Al final, las tres asociaciones de mujeres trabajan unidas para dar a conocer sus emprendimientos y llegar con sus sabores a más lugares de Colombia.
Teléfonos de contacto:
- Asomariscos: +57 323 5335159
- Pacífica Gourmet: +57 314 5382670
- Asocalamar: +57 320 6380700
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