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Debates como pruebas infantiles

Lorenzo Madrigal
15 de noviembre de 2021 – 12:30 a. m.

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Son muchos los debates que nos ha tocado presenciar en una vida de observación periodística. Desde el debate de Nixon y Kennedy, en inglés, por supuesto, y no recuerdo haberlo entendido, pero algo nos dijo que el ganador sería Kennedy; entre nosotros, el frustrado debate de Álvaro Gómez y Virgilio Barco, bueno, al que Barco no asistió, y tenía sus razones, pero sí Luis Carlos Galán. Gómez muy elegante, la enorme cabeza un tris desgonzada sobre el cuerpo y aquel vozarrón —de caverna, dirían sus detractores—, discursó y ganó ese debate por W, pero no la Presidencia.

Cómo no recordar aquella mesa corrida de candidatos del 2010, en que figuraron Santos, Mockus, Pardo, Petro y Noemí, frente a periodistas; tiempos aquellos en que Antanas perdía y entonaba el “a mí no me pagaron, yo vine porque quise”, canturreo que por su ingenuidad y despiste dio al traste definitivo con la candidatura del profesor.

Y es que por lo general a los hombres públicos no les luce la infantilidad, ni ser como niños escueleros que pueden ser manejados por turnos para desahogarse en contra del rival, si fuera el caso, o hacerse preguntas recíprocas bajo tiempos medidos y timbres de maestra.

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Foto: Osuna

Caigo por fuerza en el comentario del careo al que sometió en días pasados la directora de Semana a algunos precandidatos —a los que pudo reunir— y en el que fueron más notorios los que no asistieron como Sergio Fajardo o Alejandro Gaviria y, desde luego, Gustavo Petro, sobre el cual cayeron los improperios de los restantes, gente más bien del centro político. De ese debate me queda la frenada que le impusieron los asistentes, de todas maneras muy notables, al exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, quien entró arremetiendo contra los integrantes de la clase política, allí presentes, en la que él empezaba y empieza a lucirse como precandidato primíparo.

Vi también en Caracol TV una muy formal entrevista de una periodista, cuyo nombre estoy apenas aprendiendo, con los igualmente formales y notables Alejandro Gaviria y Juan Manuel Galán. No la seguí toda, hablaron del porvenir de la nación, y bien, supongo; una extensa disertación sobre educación y todos los demás temas. No importa mucho lo que dicen los candidatos. Entre ellos y Sergio Fajardo está el próximo mandatario, es mi pálpito.

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Siempre me pareció que el gran defecto del actual jefe de Estado, elegido por el No —y luego dicen que no les avisaron—, es la incapacidad para acertar en los nombramientos. Ni Guillermo Botero era para Defensa, ni la señora Blum para canciller, ni el doctor Molano para opinar extraministerio en temas internacionales. Muy acertados, a mi juicio, Fernando Ruiz en Salud y José Manuel Restrepo, el segundo de Hacienda.

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