
Cuando Harry y Meghan decidieron apartarse de la familia real realmente no conocían el significado de pagar todas sus cuentas. Su paso por Canadá y luego la búsqueda de una casa definitiva en California supuso, además, que la pareja real tuviera que hacer sumas y restas con su presupuesto. Cuando el hijo mayor del rey Carlos III comenzó con su nueva vida contaba con la herencia que le dejó su mamá, Lady Di, que ascendía a 11 millones de dólares, además de su fortuna personal. Posteriormente, a la muerte de su abuela, la reina Isabel II, recibió la misma cantidad. Por su parte, Meghan aportó alrededor de 5 millones de dólares, producto de sus ahorros, adquiridos en la época en que actuaba en Suits.
Los nuevos trabajos de Harry y Meghan hacían presagiar que, en la medida de lo posible, no tendrían que usar su fortuna, sobre todo porque hicieron un contrato con Netflix, que aportaba al patrimonio familiar la poco despreciable suma de 100 millones de dólares. Con la plataforma comenzaron con pie derecho, con el documental Harry y Meghan, pero para cumplir el contrato, deben producir más material, algo que, al parecer, han estado dilatando.
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El hermano de William también tiene otro contrato, firmado con Penguin Random House, que tiene un valor de 22 millones de dólares. A cambio, debe entregar 4 publicaciones, pero el padre de Archie y Lilibet, solo ha lanzado uno, Spare, su autobiografía, escrito en que reveló muchos secretos de ‘La firma’, además de ventilar los problemas que tuvo con William, que comenzaron cuando anunció que se casaba con Meghan Markle.
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Su situación financiera comenzó a complicarse cuando perdieron su contrato con Spotify, que terminó, según versión oficial, porque sus intereses comunes habían tomado rumbos diferentes, pero que, según declaraciones extraoficiales de un alto ejecutivo de la plataforma, se debió al incumplimiento de los royal de las promesas hechas al comienzo de la relación comercial, que incluía una periodicidad y unos contenidos realizados por la duquesa. Por esta situación, un directivo de la compañía los llamó “estafadores”.

Harry y Meghan y su costoso ‘tren’ de gastos
Además de la inversión en su casa de Montecito, en California, que asciende a 15 millones de dólares, con una hipoteca de 10, se suma su proyecto de adquirir una nueva propiedad, en Malibú, para hacer realidad el sueño de Meghan, que quiere regresar al mundo de la farándula. Si no logran vender su mansión actual, pero compran en su nuevo destino, Harry y Meghan se quedarían pagando dos hipotecas.
Hay que sumar a su deuda inmobiliaria, que se incrementa con gastos de manutención de la propiedad y la retribución económica que deben recibir sus empleados, la gran inversión que es necesario hacer en el tema de seguridad, pues el duque y su esposa, que habían tenido protección gratis como miembros de la familia real, al decidir apartarse perdieron este privilegio. Aunque Harry intentó, por todos los medios, que la reina Isabel II siguiera incluyéndola en el presupuesto de la corona, no fue posible. Esta política se mantiene en el reinado de su padre, quien se caracteriza por ser ahorrador y austero con los gastos que corresponden a los miembros de su entorno.